¿Qué se siente al morir?

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La unidad de cuidados intensivos o paliativos de un hospital guarda una relación muy estrecha con la muerte, originando un sinfín de experiencias que se escapan a cualquier tipo de explicación racional.

De pacientes que intuyen el preciso momento en el que van a morir, otros que parecen decidir por sí mismos el día y hora, adelantando o retrasando su muerte, sueños premonitorios de familiares o el presentimiento de una tercera persona, que sin ni siquiera estar al corriente de que alguien se encuentra ingresado o ha sufrido unaccidente, están seguros de que ha fallecido.

Sólo los profesionales sanitarios, que trabajan de cerca con los pacientes terminales, conocen de buena mano el gran alcance y la enorme variedad de estas extrañas experiencias.

La ciencia, no ha sido capaz de dar respuesta alguna, a lo que se suele describir como un suceso paranormal o sobrenatural. Una etiqueta, quizás “demasiado vaga para la magnitud de estas experiencias”, según explica la enfermera británica Penny Sartori, que lleva 20 años trabajando en la unidad de cuidados intensivos de los hospitales galeses de Singleton y Morriston.

En 1998, Sartori se percató de la gran escasez de datos de referencia que sobre este tipo de experiencias se hallaban disponibles para médicos, enfermeras y trabajadores de salud. Por ello, y tras obtener la aprobación ética, decidió investigar lo que ocurre en ese instante, cuando un paciente tiene una experienciacercana a la muerte o ECM.

Una carrera, lo suficientemente sólida como para haber visto de todo, intuir patrones y elaborar hipótesis sobre estos fenómenos. Tanto, que acaba de rematar una tesis doctoral sobre este tema, y cuyas conclusiones fue recopilando de forma minuciosa.

El resultado es el libro “The Wisdom Of Near-Death Experiences” (Watkins Publishing), que salió a la venta el pasado 6 de febrero. Es una publicación académica escrita por una enfermera que tomó 10 años de investigación y está dirigida a estudiantes de medicina y bibliotecas universitarias. El libro cuenta las experiencias de pacientes que sufrieron infartos y estuvieron al borde de la muerte.

A lo largo de toda su carrera, Sartori se ha entrevistado con pacientes que han vividoexperiencias cercanas a la muerte (ECM), así como con familiares que han vivido de cercaexperiencias de muerte compartida (EMC). La cantidad y la repetición de patrones hacen que la enfermera descarte la hipótesis de la casualidad o la imposibilidad de hallar un razonamiento lógico para este extendido fenómeno.

“Llevé a cabo el estudio con una amplia variedad de pacientes en terapia intensiva, incluidos los que estaban muy enfermos pero que no estaban en riesgo de muerte”, dice Penny Sartori. “Obtuve los mejores resultados cuando estudié a pacientes de infarto que estuvieron al borde de la muerte”.

Su tesis principal se centra en que “nuestro cerebro es independiente de la conciencia. Es el medio para canalizarla, por lo que en realidad es físicamente ajena al cuerpo”. Una idea que explicaría, añade la enfermera, por qué “el alma y la conciencia pueden experimentarse independientemente del cuerpo”, como en las ECM o en la meditaciónbudista.

Los ejemplos, de los que Sartori se vale en su libro, son muy numerosos. Pero todos suelen coincidir en que los pacientes que viven estas ECM son siempre los que abrazan la muerte de la forma más tranquila y feliz, al igual que los familiares que presienten la muerte de sus seres queridos. ¿Por qué? Según las entrevistas, que ha mantenido con estos últimos, se debe a que están convencidos de que sólo se trata del fin de la vida terrenal.

Sartori encontró que la gente que pasaba una ECM se veía “flotando sobre sí misma y que el techo se había disuelto”. Y agrega, “Los pacientes también fueron capaces de recordar con precisión lo que había ocurrido en la sala, a pesar de haber estado inconsciente y de haber tenido los ojos cerrados”.

Los individuos, dice Sartori, contaron que se veían a si mismos viajando por un túnel hacia una luz brillante. Algunos dijeron haberse reunido con una figura que les decía que “su tiempo no había llegado todavía” y otros que se habían reunido con parientes muertos y se habían comunicado con ellos por telepatía.

Al final de estas ECM algunos pacientes contaron que flotaron de regreso a su cuerpo, y otros sintieron como si despertaran súbitamente. “Ciertos pacientes informaron que vieron toda su vida proyectada en un instante”, afirma.

Sin embargo, para algunos enfermos es más difícil recordar el evento después de un episodio tan grave y de haber estado inconsciente. “Es como cuando olvidamos un sueño al despertar”, dice la autora.

Al margen de que se trate de personas creyentes, agnósticas o ateas, todas ellas tienen el sueño o la visión de que se van de este mundo guiado por “alguien” o “algo” (cónyuges fallecidos, seres anónimos o ángeles) y lo hacen con una clara sensación de “paz y amor”.

Al principio, relata Sartori, “me llamaba la atención que algunos familiares de fallecidos no se sintiesen tristes tras diagnosticar la muerte de su ser querido, pero al entrevistarlos me di cuenta de que en realidad estaban tranquilos por haber experimentado esa sensación de trascendencia a la vida”.

Este no es el caso de los ejemplos de personas que, sabiendo cuando van a morir, piden quedarse unos minutos solos o lo hacen justo cuando el familiar, que ha permanecido todo el tiempo a su lado, los abandona un solo instante para ir al baño.

Otros casos, igualmente llamativos, son los de personas que se mueren justo después de ver al familiar que tarda en acudir a verlos por estar en el extranjero, cuando terminan con todo el papeleo de herencias y seguros vitalicios. “Parecen estar a la espera de que ocurra un evento específico para permitirse morir”, relata la enfermera.

Sartori siguió los casos de unos 300 pacientes en las unidades de terapia intensiva y obtuvo 15 narraciones completas sobre este tipo de experiencias, que fueron las que dieron origen a su libro. Según la investigadora, a pesar de que sólo 15 pacientes lograron describir sus experiencias cercanas a la muerte, cree que éstas son mucho más comunes de lo que creemos.

“No creo que se trate simplemente de que exista vida después de la muerte. Más bien se trata de lo que es la conciencia y la forma como la definimos”, explica.

Penny Sartori intenta ahora continuar investigando sobre el fenómeno de ECM y lo que ocurre con estos pacientes. “No creo que se trate simplemente de que existe vida después de la muerte. Más bien se trata de lo que es la conciencia y la forma como la definimos”, afirma la autora.

La ciencia define a la conciencia como un subproducto del cerebro, pero como señala Sartori, quizás estamos rodeados por la conciencia y el cerebro, en lugar de controlarla, es sólo un mediador, una especie de antena. “Es un tema fascinante y es muy emocionante poder seguir investigándolo”, afirma la investigadora.

El director del Tucson Medical Center, John Lerma, especializado en cuidados paliativos, ha recopilado ejemplos muy similares a los citados por Penny Sartori en su libro “Into the Light: Real Life Stories About Angelic Visits, Visions of the Afterlife, and Other Pre-Death Experiences” (New Page Books). Según sus informes, entre el 70 y el 80% de los pacientes esperan a que sus seres queridos salgan de la habitación para poder morir.

Sartori se niega a creer que estas vivencias estén motivadas por alucinaciones. “No es posible que varias personas vean lo mismo y sean capaces de describirlo igual si realmente se trata de una percepción distorsionada de la realidad”, apunta.

Unas tesis que se apoyan en las famosas teorías del profesor Raymond Moody, que acuñó el concepto de experiencias cercanas a la muerte a finales de los años 70.

Sus estudios más novedosos se centran en las vivencias compartidas por las personas que acompañan a los que están en trance de muerte. “Abren una vía completamente nueva de iluminación racional sobre la cuestión de la vida después de la muerte porque las personas que comunican estas experiencias están sanas”.

“Suelen estar sentadas junto al lecho de muerte de un ser querido cuando le sobreviene una de estas experiencias maravillosas y misteriosas. Y el hecho mismo de que las personas no están próximas a la muerte incapacita la cláusula de exención. Como sus experiencias no se pueden achacar a fallos de la química cerebral, tendremos que ir más allá de este argumento”, asegura.

El recurso, por demás “cínico” según Sartori, al explicar este fenómeno a partir de disfunciones cerebrales, tampoco se sostiene con los ejemplos de personas ingresadas con alzhéimer avanzado que repentinamente recuperan la capacidad de raciocinio.

“Se trata de pacientes en un estadio terminal de la enfermedad, incapaces de articular palabra alguna, y que de forma sorprendente comienzan a hablar con total coherencia, interactuando con “gente” que no está en la habitación y que frecuentemente son familiares muertos”, explica la autora.

Además, añade, “suele suceder que después de esta experiencia dejan de estar intranquilos y acaban muriendo con una sonrisa en la cara, generalmente, uno o dos días después”.

El argumento de que estas visiones están inducidas por los fármacos tampoco es aceptado por la autora porque, dice, “estos causan ansiedad, todo lo contrario de lo que sienten los pacientes”.

La autora explica que muchas de las experiencias cercanas a la muerte por lo general pueden explicarse por el efecto de las endorfinas, sustancias químicas que libera el organismo como respuesta a la ansiedad o el dolor, por los niveles anormales de gases sanguíneos o los bajos niveles de oxigeno. La enfermera, sin embargo, midió estos tres factores y los tomó en cuenta cuando llevó a cabo el análisis de los informes de los pacientes.

La autora defiende en su libro que este tipo de vivencias, recopiladas a lo largo de toda su carrera, pueden ser claves para demostrar la existencia de una vida después de la muerte y que, al menos, deben abrir una nueva vía de investigación para los estudios científicos, como es el caso de las investigaciones basadas en la física cuántica.

De algo, de lo que sí dice estar convencida, es de que “la muerte no es tan temible como nos la solemos imaginar”.

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