Espíritus se manifiestan en un restaurante de Santiago

Al entrar parece un restaurante común y silvestre, pero en la mitad de la escalera al segundo piso, donde se administra el local, un escalofrío recorre el espinazo y el aire se torna gélido. En la cima, un viejo espejo recibe a los valientes.

Los que trabajan en el restorán peruano Barandiaran aseguran que poner el hombro en la vieja casona de Manuel Montt 315 (Santiago) no es apto para niñitas. Apenas oscurece, los ruidos y extraños fenómenos aterran hasta al más machito.

“Se ve pasar a una niña. Tiene como 11 años, anda vestida de blanco, como si hubiese ido a un bautizo, con velo y todo”, cuenta Paulina Vega, administradora del recinto. Asegura que la pequeña asusta, pero no hace daño. “Ella juega en el pasillo, nunca baja al primer piso”.

Para terror de quienes deben pasar todo el día en la segunda planta, la chiquitina no es la única alma en pena en la antigua casona.

“Hay un viejo que se sienta en un rincón, es enojón, mira feo y siempre anda asustando a la gente”, cuenta Vega. Los garzones y bodegueros la han visto negras con el espectro de la tercera edad. Él los empuja y una vez trató de lanzar a un trabajador por el hoyo del montacargas. Dicen que también les pega cachamales y les quita el pisco sour.

“Antes yo dormía arriba y en las mañanas me costaba levantarme… como que tenía un peso encima y tenía que gritar”, reconoce un garzón.

Más encima, en la vivienda habría un tercer espíritu “juguetón”, que la goza moviendo y escondiendo los objetos. “Una vez me pasó algo en el baño. Yo quería entrar, pero estaba cerrado y se sentía ruido, como de agua corriendo. De repente el ruido paró y la puerta se abrió sola. No había nadie adentro”, recuerda Paulina.

Virgilio Amenero trabaja hace seis años como pintor en la casona. Él reconoce que el segundo piso le da julepe, pero cuando se mete a su taller se siente “protegido”.

“No creo que sean malos, parece como que fuera un ángel que me está cuidando”, dice Virgilio, quien cree que en el palacio hay una lucha continua “del bien contra el mal”. “Cuando entro a mi taller como que me envuelve una aureola de protección. La niña es la parte buena y el viejo es malo”, dice.

Fuente: lacuarta.cl

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