El Evangelio esenio de la Paz (parte 10)

(Viene de la parte 9)

Y había también otros enfermos que sufrían mucho con sus dolores, a pesar de lo cual persistían en su ayuno. Y sus fuerzas se agotaban, y un calor extremo les atormentaba. Y cuando se levantaban de su lecho para ir donde Jesús, les empezaba a dar vueltas la cabeza, como si un viento racheado les azotase, y tantas veces como trataban de ponerse en pie caían nuevamente al suelo. Entonces, Jesús acudió a ellos y les dijo: «Sufrís porque Satán y sus enfermedades atormentan vuestros cuerpos. Más no temáis, pues su poder sobre vosotros terminará pronto. Porque Satán es como un vecino colérico que penetró en la casa de su vecino mientras éste estaba ausente, pretendiendo llevarse sus bienes a su propia casa. Pero alguien avisó al otro que su enemigo estaba saqueando su casa, y regresó a ésta corriendo. Y cuando el malvado vecino, tras haber reunido cuanto le había apetecido, vio de lejos al dueño de la casa que regresaba a toda prisa, se encolerizó por no poder llevarse todo y se puso a romper y estropear cuanto allí había, para destruirlo todo. Así, aunque aquellas cosas no pudieran ser suyas, tampoco las tendría el otro. Pero el dueño de la casa llegó inmediatamente y, antes de que el malvado vecino consiguiese su propósito, le asió y le echó de la casa. En verdad os digo que de igual modo penetró Satán en vuestros cuerpos, que son la morada de Dios. Y tomó en su poder cuanto deseó robar: vuestra respiración, vuestra sangre, vuestros huesos, vuestra carne, vuestros intestinos, vuestros ojos y vuestros oídos. Mas por medio de vuestro ayuno y de vuestra oración habéis llamado de nuevo al señor de vuestro cuerpo y a sus ángeles. Y ahora Satán ve que el verdadero señor de vuestro cuerpo vuelve y que es el fin de su poder. Por ello, en su cólera, reúne una vez más sus fuerzas para destruir vuestros cuerpos antes de la llegada del señor. Por eso Satán os atormenta con tanto dolor, pues siente que su fin ha llegado. Mas no dejéis que vuestros corazones se estremezcan, pues pronto aparecerán los ángeles de Dios para ocupar nuevamente sus lugares y volver a consagrarlos como templos de Dios. Y asirán a Satán y le expulsarán de vuestros cuerpos, junto con todas sus enfermedades y todas sus inmundicias. Felices seréis, pues recibiréis la recompensa de vuestra constancia, y nunca más conoceréis enfermedad».

Y había entre los enfermos uno a quien Satán atormentaba más que a ningún otro. Su cuerpo estaba enjuto como un esqueleto y su piel amarilla como una hoja seca. Estaba ya tan débil que ni siquiera a gatas podía arrastrarse hasta Jesús, y sólo de lejos pudo gritarle: «Maestro, apiádate de mí, pues nunca ha sufrido ningún hombre, ni siquiera desde el principio del mundo, como yo sufro. Sé que has sido en verdad enviado por Dios, y sé que si lo deseas, puedes expulsar inmediatamente a Satán de mi cuerpo. ¿No obedecen los ángeles de Dios al mensajero de Dios? Ven, Maestro, y expulsa ahora a Satán de mí, pues se enfurece colérico en mi interior y doloroso es su tormento».

Y Jesús le respondió: «Satán te atormenta tanto porque ya has ayunado muchos días y no pagas su tributo. No le alimentas con todas las abominaciones con las que hasta ahora profanabas el templo de tu espíritu. Atormentas a Satán con el hambre, y por eso en su cólera te atormenta él a ti a su vez. No temas, pues te digo que Satán será destruido antes de que tu cuerpo sea destruido; pues mientras ayunas y oras, los ángeles de Dios protegen tu cuerpo para que el poder de Satán no te destruya. Y la ira de Satán es impotente contra los ángeles de Dios».

Entonces acudieron todos juntos a Jesús, y con grandes voces le suplicaron diciendo: «Maestro, compadécete de él, pues sufre más que todos nosotros, y si no expulsas enseguida a Satán de su cuerpo tememos que no sobrevivirá hasta mañana».

Y Jesús les replicó: «Grande es vuestra fe. Sea según vuestra fe, y pronto veréis, cara a cara, el horrible semblante de Satán y el poder del Hijo del Hombre. Pues expulsaré de ti al poderoso Satán por medio de la fortaleza del inocente cordero de Dios, la criatura más débil del Señor. Porque el espíritu santo de Dios hace más poderoso al más débil que al más fuerte».

Y Jesús ordeñó a una oveja que estaba pastando la hierba. Y puso la leche sobre la arena caldeada por el sol, diciendo: «He aquí que el poder del Ángel del agua ha penetrado en esta leche. Y ahora penetrará también en ella el poder del ángel de la luz del sol».

Y la leche se calentó con la fuerza del sol.

«Y ahora los ángeles del agua y del sol se unirán al ángel del aire.»

Y he aquí que el vapor de la leche caliente empezó a elevarse lentamente por el aire.

«Ven y aspira por la boca la fuerza de los ángeles del agua, de la luz del sol y del aire, para que ésta penetre en tu cuerpo y expulse de él a Satán.

Y el enfermo a quien Satán tanto atormentaba aspiró a su interior profundamente aquel vapor blanquecino que ascendía.

«Satán abandonará inmediatamente tu cuerpo, ya que lleva tres días sin comer y no halla alimento alguno dentro de ti. Saldrá de ti para satisfacer su hambre con la leche caliente y humeante, pues este alimento es de su agrado. Olerá su aroma y no será capaz de resistir el hambre que lleva atormentándole desde hace tres días. Pero el Hijo del Hombre destruirá su cuerpo para que no atormente a nadie más.»

Entonces el cuerpo del hombre se estremeció con una convulsión y pareció como si fuese a vomitar, pero no podía. El hombre abría la boca en busca de aire, pues se le cortaba la respiración. Y se desmayó en el regazo de Jesús.

«Ahora Satán abandona su cuerpo. Vedle». Y Jesús señaló la boca abierta del hombre enfermo.

Y entonces vieron todos con asombro y terror cómo surgía Satán de su boca en forma de un gusano abominable, en busca de la leche humeante. Entonces Jesús tomó dos piedras angulosas con sus manos y aplastó la cabeza de Satán y extrajo del cuerpo del enfermo todo el cuerpo del monstruo, que era casi tan largo como el hombre. Una vez que hubo salido aquel abominable gusano de la garganta del enfermo, éste recuperó de inmediato el aliento, y entonces cesaron todos sus dolores. Y los demás miraban con terror el abominable cuerpo de Satán.

«Mira qué bestia abominable has llevado y alimentado en tu propio cuerpo durante tantos años. La he expulsado de ti y matado para que nunca más te atormente. Da gracias a Dios por haberte liberado sus ángeles, y no peques más, no vaya a retornar otra vez Satán a tu cuerpo. Que tu cuerpo sea en adelante un templo dedicado a tu Dios».

Y todos permanecían asombrados por sus palabras y su poder. Y dijeron: «Maestro, verdaderamente eres el mensajero de Dios, y conoces todos los secretos».

«Y vosotros –les replicó Jesús– sed verdaderos Hijos de Dios para participar también de su poder y del conocimiento de todos los secretos. Pues la sabiduría y el poder solamente pueden provenir del amor a Dios. Amad, pues, a vuestro Padre Celestial y a vuestra Madre Terrenal con todo vuestro corazón y con todo vuestro espíritu. Y servidles para que Sus ángeles os sirvan también a vosotros. Sacrificad todos vuestros actos a Dios, Y no alimentéis a Satán, pues la retribución del pecado es la muerte. Mientras que en Dios se halla la recompensa del bien, su amor, el cual es el conocimiento y el poder de la vida eterna».

Y todos se arrodillaron para dar gracias a Dios por su amor.

Y Jesús partió, diciendo: «Vendré de nuevo junto a quienes persistan en la oración y el ayuno hasta el séptimo día. La paz sea con vosotros».

Y el hombre enfermo de quien había expulsado Jesús a Satán se puso en pie, pues la fuerza de la vida había regresado a él. Respiró profundamente y sus ojos se esclarecieron, pues todo dolor le había abandonado. Y arrojándose al suelo donde Jesús había estado, besó la huella de sus pies y lloró.

(Continuará)

Un comentario sobre “El Evangelio esenio de la Paz (parte 10)

  1. En todos los momentos difíciles de dolor,de dudas,de angutias,en la desesperación…Acuerdensen de Dios,entréguensen a Dios,esperen en Díos y triunfen con Díos..No es un ser distante,ni escondido,siempre está con nosotros en los buenos momentos darles las gracias, pués siempre quiere nuestra felicidad,para los que siguen sus preceptos…Es un Padre que espera con paciensia que sus hijos vuelban a él…Bendiciones,atte, Ofelia Abad.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s