El pasado inca de Chile se pone de moda

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Parte del Camino Principal Andino discurre por Chile

«Los incas dicen que llegaron hasta el río Maule. Allí se encontraron con grupos de combatientes mucho más fieros y reacios a adaptarse a su sistema de dominio. En otras partes era cosa de hablar con el jefe local y el resto obedecía», aclara el arqueólogo José Berenguer, del Museo de Arte Precolombino. «Sin embargo, el dominio efectivo sólo llegó al cerro La Compañía (Angostura de Paine). Esa fortaleza fue el último bastión del Tahuantinsuyo (Estado inca) hacia el sur».

Es la huella en Chile de un imperio que hoy quiere convertirse en itinerario cultural. Una herencia que se está poniendo de moda ahora que entró a tierra derecha la postulación por parte de Argentina, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Chile, para que la Unesco declare el Qhapaq Ñan (en quechua, Camino Principal Andino) como Patrimonio de la Humanidad.

Aunque esta ruta se construyó a lo largo de dos mil años, los incas reconocieron su valor estratégico y perfeccionaron el sistema vial, hasta llegar a 23 mil kilómetros de camino que conectaron a más de diez millones de personas, y que tuvieron su época de gloria entre el siglo XIV y la caída del imperio en 1532.

«El Qhapaq Ñan es especialmente visible desde Copiapó al norte. Pero se dice que hubo tamberías en la Estación Mapocho y en la Plaza de Armas, y que el Camino del Inca pasaba por Bandera», agrega Berenguer. La influencia fue profunda y extensa: «Hay hachas incaicas hasta Valdivia y todavía hay leyendas del rey inca que volverá. Incluso, entre los huilliches de Chiloé, donde el inca nunca estuvo».

Las instalaciones en torno al Qhapaq Ñan incluyen a los tambos (construcciones que alojaban a los viajeros y que tenían producciones metalúrgica, textil o agrícola), los chaskihuasi (que acogían a los mensajeros y espías del imperio), y los centros administrativos, cuyos mayores ejemplos, en Chile, fueron Catarpe, en San Pedro de Atacama; Turi, en la cuenca del río Salado, y Zapahuira, en la sierra de Arica.

También perduran los marcadores, columnas de piedra que además de linderos, tenían connotaciones simbólicas vinculadas al cosmos para, según Berenguer, «legitimar la presencia del imperio en una región extraña».

Hace pocos días se reunieron en Lima los representantes de los seis países involucrados, con autoridades del Centro de Patrimonio Mundial. Por Chile, fue óscar Acuña, secretario ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales, quien anuncia que se estableció un cronograma: «Se definió que se va a nominar el bien en la categoría de itinerario cultural y que elaboraremos un solo expediente que sintetice los tramos de cada país. Se entregará un borrador en septiembre del próximo año, para que sea evaluado en 2011 y se vote la declaratoria en 2012».

La arquitecta y coordinadora del proyecto en Chile, Solange Díaz, agrega: «hemos estudiado tramos que suman 500 kilómetros y ahora estamos depurando aquellos que están mejor conservados. Y lo mismo con los sitios arqueológicos, entre los que están Zapahuira (XV Región), Turi, Inkahuasi y Catarpe (II Región), Finca Chañaral (III Región)».

De hecho, la oficina nacional de este proyecto está a cuatro kilómetros de Catarpe, en San Pedro de Atacama.La idea es transformar estos sitios en «museos abiertos», anuncia Díaz. «En los últimos seis meses se han hecho registros, catastros, levantamientos topográficos e imágenes en 3D. Este año sabremos dónde hay que restaurar, dónde hay que ser precavidos con respecto a la posible carga de visitantes, dónde instalar servicios. Vamos a generar los productos museográficos durante este año, y a inicios del próximo va a quedar listo el diseño del centro de interpretación que atenderá al público».

Y, lo más importante, en todas las etapas se ha trabajado con los vecinos de cada lugar, y ellos deberán gestionar los centros de interpretación, compartiendo con los turistas la cosmovisión de sus antepasados y la historia de la que fuimos parte en una época. Es que hay que estar preparados para que, cuando pase la moda, se restaure la memoria.

Fuente:  El Mercurio online.

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