
Un cuervo estaba sentado un árbol, totalmente relajado, sin hacer nada en todo el día.
Un conejo pasó por allí y vio al cuervo tan tranquilo, que le pareció algo maravilloso y estupendo. Por ello, no pudo evitar preguntarle: «Oye, cuervo, ¿puedo también sentarme aquí todo el día y no hacer nada?».
El cuervo le contestó: «¡Claro! ¿Por qué no?»
Así que el conejo se sentó recostado en las raíces del árbol, justo debajo de donde estaba el cuervo, y se dispuso a descansar como él todo el día, sin hacer nada de nada.
De repente, al filo del mediodía, apareció una zorra hambrienta que, al ver al conejo quieto y repantigado, tranquilo y totalmente relajado, sin pensárselo dos veces se abalanzó sobre él y se lo comió en tres bocados.
Moraleja:
Para estar sentado todo el día sin hacer nada, necesitas estar muy, muy arriba.