El alemán Paul Schäfer, el ex suboficial nazi que fundó en Chile la Colonia Dignidad y que murió el sábado a los 88 años, fue enterrado este domingo en un cementerio privado de la capital chilena. La Colonia Dignidad fue un enclave usado como centro de tortura y exterminio de presos políticos, durante la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-1990). Ahí Schäfer (en la foto, cuando fue detenido en 2005) violó a decenas de niños durante años, y retuvo a cientos de personas bajo un régimen tiránico propio, que operaba como un territorio aparte dentro del país.
Fuentes: elpais.com/Emol/Efe/Agencias
Sólo su hija adoptiva, Rebeca Schäfer, y el abogado del fallecido, José Luis Sotomayor, acompañaron el féretro con los restos de Schäfer, muerto a causa de un fallo cardiorrespiratorio, provocado por una enfermedad cardiaca crónica que padecía, en un hospital de la cárcel en la que cumplía varias condenas.
A la salida del féretro desde la funeraria en que tuvo lugar el velatorio, en el sector santiaguino de Independencia, algunos vecinos lanzaron tierra contra la carroza que llevaba el catafalco y gritaron varias veces «¡asesino!». La manifestación fue observada con el rostro inmutable por Rebeca Schäfer, aunque la manifestación no tuvo mayores consecuencias y el vehículo, que al igual que la funeraria es del Hogar de Cristo, una institución católica de beneficencia, pudo recorrer sin problemas el trayecto de unos 20 kilómetros hasta el cementerio Parque del Recuerdo Cordillera. Sólo un automóvil, en el que viajaba Rebeca Schäfer, escoltó al vehículo funerario.
Paul Schäfer, que fundó la Colonia Dignidad en el sur de Chile en 1961, murió en el hospital de la cárcel donde cumplía varias sentencias por diversos delitos, entre ellos homicidio, torturas, infracción de la ley de armas y abuso sexual de menores.
La Colonia Dignidad, bajo su férrea conducción, se convirtió en un enclave hermético donde, según se conoció posteriormente, los propios colonos eran víctimas de Schäfer y una camarilla de incondicionales. Durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), el lugar, de 16.000 hectáreas de superficie, sirvió de campo de concentración y torturas a la policía secreta del régimen. Sólo tras la recuperación de la democracia comenzó el desmantelamiento del enclave y en 2007, con varias investigaciones judiciales abiertas, Schäfer huyó y permaneció prófugo hasta marzo de 2005, cuando periodistas del Canal 13 de televisión lo descubrieron en una localidad cercana a Buenos Aires.
En el hospital de una cárcel y llevándose numerosos secretos a la tumba, falleció por un paro cardiorespiratorio a los 88 años Paul Schäfer (en la foto de archivo, tomada en los años 70), fundador y ex líder de Colonia Dignidad, un enclave que usó como centro de tortura y exterminio de presos políticos, durante la dictadura del general Augusto Pinochet. Ahí violó a decenas de niños durante años, y retuvo a cientos de personas bajo un régimen tiránico propio, que operaba como un territorio aparte dentro del país, en el que se hablaba alemán.
El juez Jorge Zepeda, que investiga los delitos cometidos en Colonia Dignidad, informó de que Schäfer estaba inconsciente al morir. Se encontraba cumpliendo cuatro condenas que sumaban un total de 33 años: siete años por homicidio calificado; tres por infracción a la ley de armas; otros tres por torturas y 20 más por abusos sexuales contra menores.
Uno de los abogados querellantes contra Colonia Dignidad, Hernán Fernández, sostuvo que la muerte de Schäfer debe ayudar a dar un impulso final a la investigación judicial contra sus cómplices para que haya justicia y reparación. Todavía faltan sentencias de segunda instancia y que termine el sumario por los delitos contra los colonos, incluido el de secuestro.
De maestro a predicador
Según detalla Nil Nikandrov en el reportaje ‘Ascenso y caída de la Colonia Dignidad‘, «poco se sabe en relación a detalles concretos de la biografía de Schäfer. Nació en 1921 en la ciudad de Siegburg, cerca de Bonn. Comenzó a trabajar en su adolescencia, como ayudante en un circo ambulante. Después sirvió en un batallón médico en el frente del Este durante la II Guerra Mundial, donde fue herido y perdió su ojo izquierdo. Esa era su característica física más destacada».
«Ya en la posguerra -sigue contando Nikandrov- Schäfer trabajó como maestro en un jardín infantil cercano a una catedral evangélica. Sus actividades lascivas hacia los niños fueron las razones de su caída en desgracia, su expulsión y su posterior excomunicación. Decidió entonces cambiar su ‘comportamiento’ y adquirió un gran y sorprendente interés en predicar. Su radicalismo religioso atrajo hacia él a sus primeros simpatizantes y adherentes. Su comunidad religiosa, denominada ‘Misión Social Privada’, fue establecida aunando los esfuerzos de todos. En ella tenían cabida los pobres y las personas heridas por los horrores de la guerra. Nuevamente el nombre de Schäfer (también se escribe Schaefer) volvió a estar en el centro del escándalo y de la polémica, por nuevas acusaciones de abusos sexuales a menores. Cuando los cargos y acusaciones por pedofilia le amenazaron con ser encerrado en prisión por muchos años, hizo los planes oportunos, abandonó Alemania y, junto con los miembros de su secta, se trasladaron a Chile, donde se establecieron en 1961. Con ellos se llevaron, fraudulentamente, a algunos niños que habían sido entregados voluntariamente a la ‘misión’ por sus padres, para que fueran educados».
El resto de esta horrible historia, desgraciadamente, ya es conocido.
Dominante, tirano… y pederasta
Como ya indicamos, nacido en 1921 en Siegburg (Alemania), Schäfer, ex suboficial del Ejército nazi, emigró a Chile tras la Segunda Guerra Mundial, huyendo de acusaciones de abuso de menores. Carismático y dominante, consiguió arrastrar a otros para que emigrasen a Chile y erigiesen una misión social bautista en la zona rural del país, benefactora de los pobres.
Para instalarse eligió un terreno de unas 16.000 hectáreas, situado 400 kilómetros al sur de Santiago, que se extendía hasta la frontera con Argentina, al que bautizó como Villa Baviera. Fue su imperio y paraíso particular desde 1961. Cercó el lugar e instaló un régimen tiránico, aislado del exterior, donde los emigrantes alemanes que llegaron al lugar, unas 300 personas, trabajaron durante décadas sin cobrar salario. Hombres y mujeres debían vivir separados.
Como además consiguió no pagar impuestos, la Colonia prosperó con rapidez. Poco se sabía de ella, hasta que a mediados de los sesenta comenzaron las primeras fugas de colonos, dando cuenta de que Schäfer, a quien llamaban el «tío permanente», violaba a adolescentes y niños y reprimía a los colonos, muchos de los cuales veían en él a un ser superior. Los niños y sus padres sentían que era un «honor» que Schäfer eligiera a uno de los menores para dormir con él.
Profundamente anticomunista y de formación nazi, Schäfer se sumó en los setenta a la represión de la dictadura. La Colonia fue uno de los campos de tortura y exterminio de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), el aparato represivo de Pinochet. Las torturas que practicaban en el lugar eran las más brutales, cuentan los presos políticos supervivientes. Existen denuncias de que en un cerro al interior de la Colonia fueron masacradas más de cien personas, que permanecen desaparecidas hasta hoy. Pinochet, su esposa Lucía, el ex jefe de la DINA, Manuel Contreras, y muchos dirigentes actuales de la derecha, así como empresarios, eran visitantes asiduos de la Colonia, conocieron a Schäfer y lo defendían frente a las acusaciones. También recibió en Villa Baviera a dirigentes de la CDU alemana.
Tras el fin de la dictadura, Schäfer huyó de Chile en 1996 para evitar ser encarcelado, una vez que en democracia se abrieron las investigaciones por violaciones a los derechos humanos y abusos contra menores. La policía descubrió entonces que en la Colonia había cámaras y micrófonos ocultos en árboles y postes para vigilar a los colonos, depósitos subterráneos de armas, y un archivo con miles de fichas de personajes políticos, cuyo contenido no se reveló.
Detenido en Argentina, fue trasladado a Chile en 2005. Desde entonces estaba encarcelado. Schäfer se llevó a la tumba el secreto de cómo logró su influencia en altas esferas del poder, qué hizo con la fortuna que acumuló la Colonia y dónde y cómo hizo desaparecer los cuerpos de los detenidos. Colonia Dignidad sigue existiendo, pero sin el poder de antes, menos aislada del resto del país y con nuevos dirigentes.
Los horrores de Colonia Dignidad
El ex cabo de la Wehrmacht Paul Schäfer instaló en 1961 su reino privado en una hacienda de más de 15.000 hectáreas, a unos 400 kilómetros al sur de Santiago, y lo bautizó como Colonia Dignidad.
Allí instauró un régimen tiránico para los casi 300 alemanes que emigraron con él a Chile, que vieron en su liderazgo el vigor de un profeta que decía querer ayudar a los campesinos pobres. En la Colonia, Schaefer separó a hombres, mujeres y niños, los hizo trabajar de sol a sol, sin salario ni seguridad social, instaló sistemas de seguridad para que no se fugaran y golpeó y drogó a los rebeldes. «Fue un Estado sobre el Estado chileno, que contó con una poderosa red de apoyo de empresarios, políticos y militares para prosperar, al punto que no le cobraban impuestos. Hasta 2003 su sistema desafió a Chile sin que el Estado pudiera contrarrestarlo, aunque la Colonia ya no tenía vida legal y Schaefer estaba fugado», afirma el abogado Hernán Fernández, uno de los querellantes.
Desde que llegó a la Colonia, Schaefer practicó a diario la pederastia, tal como antes lo hizo en Alemania, hasta que por una denuncia huyó a Chile. «Es el mayor pedófilo de la historia del país y no conozco otro caso así de monstruoso en el mundo. Violó a todos los niños varones de entre 6 y 14 años que ingresaron en la Colonia, nacieron allá o fueron adoptados o secuestrados. Incluso formó una especie de Juventudes Hitlerianas para abastecerse. Abusaba de varios niños por día. Ellos tenían que formar filas en los baños, dispuestos por el engranaje criminal de la Colonia», dice Fernández, que representa a 12 de estos niños y a cinco colonos que se fugaron.
Los kilómetros de rejas y alambradas que rodeaban la Colonia Dignidad traen a la memoria asociaciones con los campos de concentración nazis.Durante la dictadura del general Augusto Pinochet, Schaefer prestó la Colonia como campo de torturas y chupadero de desaparecidos. Cientos de detenidos fueron torturados ahí y en el recinto se dictaron cursos para los agentes de la DINA. Un ex socialista, Juan Muñoz, que después del golpe militar de 1973 se paseaba con su rostro cubierto entre los prisioneros del Estadio Nacional delatando a los que debían ser asesinados, aseguró públicamente que en 1977 quedaban 112 desaparecidos aún con vida en la Colonia Dignidad, al borde de la locura por las torturas. Pocos días después de esta declaración fue asesinado.
Eric Zott, un funcionario de la ONU en Viena que vino a declarar ante la justicia, estuvo prisionero y fue torturado junto a Peebles en Dignidad. Recuerda que hasta los agentes de la DINA temían a la Colonia. «No podían hablar por teléfono porque no había, ni conversar con los colonos, ni tenían rango como para hablar por radio», dice.
Sólo el grupo dirigente de los colonos sabía de los presos políticos. El resto tiene recuerdos difusos. Colonos fugados han contado que como en ese lugar no había calendarios, televisión, radio, ni llegaban diarios y ellos trabajaban todos los días, salvo cuando Schaefer decretaba una fiesta, perdían la percepción del tiempo. La ex jefa de cocina y fundadora de la Colonia, Dorotea Packmor, después de fugarse del lugar se encontró con Zott y Peebles. Les contó que le ordenaban hacer tres menús: para los colonos, las visitas y jefes… Y para los cerdos. «Los cerdos éramos los prisioneros. Ella se preguntaba por qué cocinar para los cerdos, sospechaba algo, pero igual lo hacía», cuentan.
Les prometió el paraíso
Más de cuatro decenios atrás, en febrero de 1966, el ciudadano alemán Wolfgang Kneese denunció ante el mundo que un pederasta alemán, ex miembro de las juventudes nazis, había logrado fundar en Chile un hogar de menores, exento de impuestos, con los estatutos en regla y las bendiciones de las autoridades estatales. Sus confesiones fueron recibidas con incredulidad.
Kneese era un fugitivo de la Colonia Dignidad, una finca del tamaño de Isla de Pascua, fundada en 1961 por Paul Schaeffer, que prometió a un grupo de compatriotas construirles un paraíso en Suramérica. Pero la disciplina del enclave fue brutal, carcelaria, administrada por un pervertido que castigó y sodomizó a niños en el tétrico recinto del Parral.
Ex presos políticos afirmaron que cabecillas de la denominada Villa Baviera facilitaron el adiestramiento de la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) en técnicas de interrogatorio, y que Schaeffer participó en las torturas. Otros testimonios mencionan a grupos de colonos «cazando rojos» en el Parral. Una bodega de la finca almacenaba un arsenal de ametralladoras, lanzagranadas, fusiles, escopetas y revólveres. El cuidado en preservar las armas era grande: las paredes del subterráneo fueron cubiertas con grasa vegetal y animal para evitar la corrosión.
«La historia demostró que en realidad (la colonia) iba a ser el infierno, no un paraíso. Allá en Chile se me hizo evidente que el asunto era un gran engaño», declaró el fugitivo Wolfgang Kneese al Canal 13 chileno. «No me sentí dispuesto a sepultar toda mi vida, todo mi futuro, mis sueños, mis planes, mi juventud y mis deseos para hacer solamente lo que a Schäfer le parecía».
Al ex miembro de las falanges hitlerianas, residente en Alemania hasta el año de su aventura americana, le satisfizo crear una Alemania nazi a escala, un régimen interno ajeno a la legalidad chilena. Con esa herramienta sometió a su voluntad a los cerca de 300 colonos alojados en la llamada Villa Baviera, peones agrícolas de sol a sol que fertilizaron las yermas tierras del Parral hasta transformarlas en un vergel.
El organigrama era criminal: los padres eran separados de sus hijos, éstos no sabían que tenían hermanos, nadie podía vivir en pareja, apenas se tenía contacto con el exterior y las relaciones sentimentales o conyugales fueron restringidas. La escuela y el hospital del enclave alemán en territorio chileno aceptaron la entrada gratuita de familias de la zona para ganarse su complicidad. La carta abierta de un colono, publicada hace dos años, admitía la aberrante situación: «Unos se convirtieron en los esclavos de Schäfer, verdaderos autómatas atentos sólo a obedecer sus órdenes, a trabajar sin descanso ni horario, y a no disgustarlo (…) Y aún hoy muchos padres no comprenden cómo pudieron aceptar la renuncia de su responsabilidad para con sus hijos (…) Hoy día, después de reconstruir las familias, muchos cargan con sentimientos de culpa».
La desobediencia o la pura venalidad encolerizaba a Schäfer hasta deshumanizarle. Ruth Szurgelies y su marido, Andreas Schmidtke, abandonaron voluntariamente la colonia. Sus testimonios en el Canal 13, concordante con la documentación desclasificada del Departamento de Estado norteamericano, certifican la crueldad del trato:
-¿Cómo fue tu juventud en la colonia?
-Ruth: ¿mi juventud? No tenía juventud. Siempre trabajando. Pero lo más duro fueron los golpes por los errores. Tenía que esconderme en el hospital para que no me viera la gente que estaba tan hinchada la cara.
Ruth se casó en 2002 con Andreas, con quien nunca había hablado: un matrimonio a ciegas. No sabía que su marido llevaba más de 30 años dopado con tranquilizantes. Con sólo doce años había recibido pastillas para dormir, Valium 10, tres veces al día. Todo para eliminar cualquier tipo de rebeldía. Al cumplir los 13 años, él y otros 14 niños de su edad fueron encerrados por seis meses en una de las salas del hospital de Villa Baviera.
-¿Te pegaron?
-En la noche sí, bastante.
-¿Con un palo?
-También, pero tenían otras cosas, tenían una… ¿cómo se dice? …para manejar vacas con corriente… una picana eléctrica.
-¡¿A los niños?!
-Sí, a los niños.
-¿Schäfer estaba ahí?
-De vez en cuando vino también. Mirando.
-Nos picaban en las piernas, en el cuerpo, todo.
-¿En tus genitales?
-Sí.
-¿Dolía?
-¡Claro! ¡Gritábamos!… Sólo sentí corriente, electricidad (…) Tenían que desnudarse y todos saben que cuando están desnudos, sin tapado, se empieza… me da vergüenza pero…
-¿Hay una erección?
-Sí, se podía…
Una de las hipótesis es que Schäfer les aplicaba descargas para inhibir el deseo sexual de los niños.
Centro de torturas y refugio de nazis
El delincuente alemán tardó en ser castigado porque utilizó las leyes chilenas en su beneficio. «Por eso fue tan complicado probar que es un criminal», según declaró Kneese. No se estaba ante un delincuente común y corriente. Es un hombre con una carrera delictiva que dura toda su vida, que a lo largo de todos estos años «ha conseguido construir un sistema presionando, confundiendo a la gente, con dinero y refinamientos, con todos los trucos imaginables».
Los horrores concluyeron con el allanamiento de la enigmática finca en 1996. Dos años después, se dictó una orden de detención en su contra por abuso sexual de menores, niños alemanes y huérfanos chilenos, pero no pudo detenerse al vicioso germano porque había huido a Buenos Aires, donde fue capturado en 2005 por la Interpol. El anciano sonreía beatíficamente, ya detenido, en una silla de ruedas.
Carismático y brujo, enfermero de profesión, Schäfer y sus escuderos concibieron un sistema de espionaje mediante la delación y los micrófonos ocultos, que le permitió anticiparse a los movimientos y planes de los colonos y grabar sus conversaciones íntimas. El tirano manipulaba después la información y publicaba fragmentos a conveniencia, para demostrar a los colonos más ingenuos que nada se le escapaba porque tenía las facultades adivinatorias de los chamanes andinos.
Además de los cargos imputados en las distintas causas, la colonia fue refugio para nazis que huyeron de la Alemania derrotada en 1945, según el periodista argentino Raúl Kollmann. Más tarde lo fue también para quienes se sintieron en peligro tras la detención de Adolf Eichmann en Buenos Aires, en 1961. «En esa época se creó un conjunto de colonias para ir pasando criminales de guerra de uno al otro lado de la cordillera. Por ejemplo, el creador de cámaras de gas, Walter Rauff, y el integrante del séquito de Hitler, Walter Hoeckner, transitaron por Dignidad».
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El sitio web “Memoria Viva” publica un historial de Colonia Dignidad donde podrán leer mas detalles de esta terrible historia.
En este reportaje: «Sectas, del paraiso al infierno» se habla también de los horrores de la Colonia Dignidad y de otras sectas destructivas.





se siente la misma nesecidad moral de castigar a estos señores asi pase el tiempo que pase
triste que en america latina todavia exista poderes oscuros para que la verdad no sea oculta mas tiempo
QUE TERRIBLE
DIOS MIO