¿Está la Naturaleza fuera de control?

La NASA hizo pública ayer una foto captada por su satélite ‘Terra’, una vista desde el espacio que se ha convertido ya en un testimonio gráfico de gran valor: una inmensa nube de polvo y humo grisáceo y negro sobre Santiago de Chile, tomada justo después de producirse el violento terremoto del pasado sábado. Algunos edificios en la capital de Chile se incendiaron y el temblor que sacudió la tierra durante más de dos minutos completos también envió una nube de polvo al aire. En la imagen se aprecia un tremendo borrón gris y negro (‘smoke’) sobre la ciudad.

Primero Haití, con cientos de miles de muertos. Después Chile, con 800 (según las cifras a día de hoy, miércoles) y Japón, donde, por fortuna, no se registraron víctimas. En tan sólo dos meses, la Tierra ha temblado con muchísima fuerza, como si se levantara en armas. La potencia de estos terremotos  -el chileno del pasado sábado ha alcanzado los 8,8 grados en la escala de Richter (uno de los mayores en los últimos cien años en todo el mundo) , 7,2 el nipón y 7 el de Haití-  nos ha sorprendido y conmocionado, como si esto no pudiera repetirse en un plazo de tiempo tan corto y algo anormal estuviera sucediendo.

Sin embargo, los científicos aseguran que las entrañas del planeta no están más activas ahora que en otros tiempos desde que se tiene memoria y registros sísmicos. Simplemente, obedecen a las órdenes de una naturaleza que, en este caso y al contrario de lo que ocurre con el clima, sólo responde a sus propias normas, las que marca la geología. Y al ser humano no le queda más remedio que prevenir y, en la medida de lo posible, protegerse.

«Un terremoto siempre es una sorpresa y más con estas dimensiones, pero en un lugar como Chile la actividad sísmica es alta y se sabe que estos terremotos pueden ocurrir», señala Luis Cabañas, sismólogo de la Red Sísmica del Instituto Geográfico Nacional (España). El seísmo de Chile ha sido especialmente duro, el segundo más potente del país después del registrado en 1960, con magnitud 9.5  y el mayor ocurrido en el mundo. El motivo de este castigo para los chilenos es que su país está situado en el llamado «círculo de fuego» que bordea los países del Pacífico, una de las zonas más sísmicas del planeta, donde se producen el 80% de los terremotos. «Estos terremotos ocurren como consecuencia de la convergencia de las placas tectónicas de Nazca y de Suramérica, lo que produce rupturas bastante intensas y violentas. La placa de Nazca de naturaleza oceánica se curva e introduce bajo la placa de Suramérica de carácter continental, formando lo que se denomina un margen de subducción», explica Cabañas.

Un seísmo gigante al año

Pero, ¿por qué un terremoto tras otro en distintas partes del mundo? ¿Le sucede algo a la Tierra? «En principio, creemos que no, que es un comportamiento normal producido por el movimiento de placas», explica el experto. Las estadísticas indican que aproximadamente «hay un terremoto de magnitud superior a ocho al año -puede ocurrir uno o ninguno-, mientras que pueden registrarse entre 15 ó 18 seísmos de magnitud entre siete y ocho». Lo que ocurre es que no siempre se producen en zonas pobladas ni causan catástrofes tan graves, por lo que muchos se quedan en noticias poco destacadas que olvidamos con facilidad, hasta que uno golpea en una zona densamente habitada y provoca una catástrofe humana que se queda grabada en nuestra retina.

La época que nos ha tocado vivir no ha sufrido más o menos terremotos que otras. Según Cabañas, lo que conocemos del registro sísmico «viene a ser estadísticamente constante». Tampoco influye la mano del hombre . «Es un proceso completamente natural. La intervención humana no tiene porque afectar, no tiene nada que ver con lo que sucede, por ejemplo, con el clima».

Después del terremoto de Haití, algunos científicos advirtieron de que catástrofes similares pueden repetirse en Turquía y en Sumatra en los próximos años, y pedían a los gobiernos de estos países que tomasen medidas urgentes de protección antes de que fuera demasiado tarde. Sin embargo, Luis Cabañas indica que es «imposible predecir el lugar y el momento. Al final, los terremotos vuelven a ocurrir donde siempre han ocurrido, son los límites de las placas tectónicas sometidas a esfuerzos y deformaciones que cuando se acumulan y no resisten más liberan energía bruscamente. Hay una posibilidad de conocer cómo están cargándose esas fallas, pero es imposible predecir a ciencia cierta cuándo va a ocurrir. Es probable que en Turquía tengamos un nuevo terremoto, pero igual pasan veinte años y no se ha producido». Eso sí, en Chile se producen y se seguirán produciendo nuevas réplicas.

Ante los terremotos, lo único que le queda al ser humano es protegerse lo mejor posible. «Los países deben tener una normativa sismoresistente para que se construya con más seguridad, una normativa que debe estar basada en estudios sismológicos».

La nueva amenaza: erupciones volcánicas

Está visto que los efectos colaterales del terremoto de Chile no han terminado todavía. Tras temblar la tierra chilena vinieron los tsunamis  o maremotos, que destrozaron numerosas poblaciones y zonas costeras… y ahora le toca el turno a las erupciones volcánicas explosivas, otro de los fenómenos más destructivos de la Naturaleza. «Esperamos ver un aumento de la actividad volcánica durante los próximos doce meses», asegura el vulcanólogo David Pyle, de la Universidad de Oxford, en un artículo recién publicado en Earth and Planetary Science Letters.

Pero vayamos por partes. Hace apenas un par de días, se dispararon todas las alertas de tsunamis en el Pacífico. Se daba como cierto, por ejemplo, que una ola destructora de grandes proporciones azotaría Hawaii y llegaría sin problemas y con una notable intensidad hasta las mismísimas costas de Japón. Sin embargo, nada de eso se ha producido. Tsunamis y maremotos afectaron a la propia costa del mismo país ya dañado, Chile, y a alguna de sus islas lejanas, como el archipiélago Juan Fernández. ¿Por qué sucedió así?

«Nuestro principal problema ahora – asegura Gerard Fryer, geofísico del Centro de Alertas de Tsunamis en el Pacífico, con sede en Hawaii- es que damos por sentadas algunas cosas que debemos investigar más a fondo». Si alguien le hubiera preguntado al científico hace apenas una semana sobre si creía que un terremoto de magnitud 8,8 en Chile provocaría un tsunami destructor en Hawaii, habría respondido sin duda que sí. «Hubiera dicho, sin ninguna duda, que sería algo muy malo. Pero no lo fue. Y tenemos que averiguar por qué».

Lo cierto es que el terremoto de Chile generó grandes tsunamis y maremotos en la costa chilena y lo que se podría llamar un «pequeño tsunami» que apenas provocó daños en Hawaii. Lo cual, según Fryer, hace pensar en que sin duda no se están manejando los datos correctos. O bien el terremoto se produjo a mayor profundidad de lo que se piensa, o habrá que asumir que no conocemos aún cómo funciona la dinámica de los tsunamis.

En 1960, otro gran terremoto en Chile provocó olas que causaron la muerte de decenas de personas en Hawaii y que llegaron sin problemas hasta las costas japonesas. Pero nada de eso ha ocurrido ahora, a pesar de que las condiciones han sido muy parecidas. El de estos días, añade el científico, «será un tsunami muy importante porque recorrió todo el Pacífico». Y servirá sin duda para refinar los modelos actuales.

123 volcanes activos en Chile

Y mientras estas preguntas están aún en el aire, nos llega otra predicción, la del vulcanólogo David Pyle, de la Universidad de Oxford, el mismo científico que hace un año demostró, precisamente en Chile, que existe una estrecha relación entre la actividad sísmica y el aumento de las erupciones volcánicas  a lo largo de toda la línea costera.

Será bueno recordar que Chile posee 123 volcanes activos, 60 de ellos con actividad durante los últimos siglos, incluidos dos de los más violentos de Sudamérica: Villarrica y Llaima,; este último ya erupcionó en 2008.

Fue Charles Darwin uno de los primeros científicos que se atrevió a sugerir esa clase de relación entre ambos fenómenos. En sus escritos, puede leerse cómo un gran terremoto ocurrido en Chile en 1835 pareció «resucitar» toda una serie de volcanes que llevaban largo tiempo inactivos.

Y, volviendo al presente, Pyle y su equipo han descubierto que tras los terremotos de 1906 y 1960 (con magnitudes de 8,3 y 9,5 respectivamente),  la frecuencia de erupciones volcánicas de esos años se multiplicó por cuatro en un área de 500 kilómetros alrededor de los epicentros. Algo que, según el científico, tiene muchas probabilidades de volver a ocurrir ahora.

Por cierto, el terremoto de la semana pasada ha sucedido en la misma sección de la falla que causó el seismo estudiado por Darwin en 1835.

Fuente: Elaboración propia y agencias de prensa.

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