El poder y lo innombrable

Cuando la gente se acostumbra a lo monstruoso, el monstruo ya ganó

Hay un tema que me revuelve el estómago. Y no lo digo por escandalizar a nadie. Lo digo porque hay cosas que, cuando las miras de frente, entiendes por qué el mundo está como está.

El caso Epstein no es un simple “escándalo sexual”. Y si todavía hay gente que cree que esto es «solo chismes de famosos», está mirando la parte más suave de la historia.

Porque cuando hay redes de abuso, lo más peligroso no es solo el abuso en sí. Lo más peligroso es el poder que lo protege. Protege con dinero.
Protege con abogados. Protege con amenazas. Protege con silencios. Y protege con una cosa peor todavía: haciendo que la verdad parezca mentira.

Y sí, están circulando muchos documentos, testimonios, filtraciones… Algunos pueden ser reales. Otros pueden ser propaganda o desinformación.

Pero aquí viene lo importante:
Lo verificable es que estas redes existen. Lo verificable es que hay víctimas. Lo verificable es que hay encubrimiento. Lo verificable es que el poder compra impunidad.

Entonces, cuidado con lo que consumes, cuidado con lo que compartes, pero sobre todo, cuidado con lo que normalizas.
Porque cuando la gente se acostumbra a lo monstruoso,
el monstruo ya ganó.

El problema no es que existan depredadores. El problema es que existan sistemas que los protejan. Lo peor no es lo que hacen. Lo peor es que casi siempre se salen con la suya.
Y cuando el mal se viste de prestigio… el mundo se confunde y aplaude.


CÓMO SE FABRICA EL SILENCIO

Hay algo que quiero que entiendas, porque esto explica por qué tantas cosas horribles nunca llegan a ninguna parte.
La gente se pregunta: “¿Cómo es posible que existan redes de abuso y nadie las detenga?”
La respuesta es incómoda, pero simple: porque no se sostienen solo con maldad. Se sostienen con un sistema. Y ese sistema tiene un método para fabricar silencio.

1) Primero: desacreditan a las víctimas A la víctima la llaman loca. Exagerada. Inestable.
Interesada. “Busca dinero.” “Busca fama.” “Está resentida.”
Aunque sea una persona rota…
claro que está rota. ¿Y cómo no va a estarlo si pasó por el infierno?

2) Segundo: el poder compra blindaje. Dinero para abogados.
Dinero para medios. Dinero para contactos. Dinero para que la verdad quede en un cajón.
La justicia, en teoría, es ciega.
Pero en la práctica, la justicia muchas veces mira hacia donde le pagan que mire.

3) Tercero: saturan el mundo con desinformación. Y esto es clave. Mezclan hechos reales con cosas imposibles de probar.
Exageran, manipulan, meten elementos extremos. ¿Para qué?
Para que cuando alguien diga una verdad real, suene a locura.
Es una estrategia perfecta:
contaminar la verdad hasta que parezca mentira.

4) Cuarto: instalan miedo. Miedo social. Miedo personal. Miedo legal. Porque cuando el poder te puede aplastar, mucha gente elige callar. No por cobardía, sino por pura y simple supervivencia.

5) Y quinto: normalizan lo monstruoso. Ese es el triunfo final. Cuando ves tanta basura todos los días, llega un punto en que dices: “Bueno… así es el mundo.”

Pero no. Así no es el mundo.
Así, es un mundo enfermo. Y un mundo enfermo se cura de una sola forma: recuperando conciencia.

No te pido que creas todo. Te pido que no te duermas. Te pido que no idolatres a millonarios como si fueran dioses. Te pido que no ataques a quien habla solo porque incomoda. Porque cuando alguien denuncia el infierno y tú te enfadas con el denunciante, ya te ganaron.

Lo peor no es el monstruo. Lo peor es el sistema que lo protege y la gente que lo aplaude.


BAAL Y EL PODER

Yo no sé realmente si hoy hay grupos de élite que siguen adorando a Baal. Tengo muchas sospechas pero no tengo pruebas fehacientes de ello.
Lo que sí sé es que hay gente que adora algo igual de peligroso: el poder sin conciencia.

Seguramente has oído hablar de Bohemian Grove. Ese lugar donde se juntan tipos influyentes, millonarios, políticos, altos cargos, en un bosque privado. Y hacen una ceremonia frente a una escultura gigante de un búho.
Y claro: en internet se dispara todo. Que si es Baal. Que si es Moloch. Que si sacrificios. Que si dioses antiguos. Que si rituales de élite…

Ahora, seamos serios. Que exista el lugar, existe. Que exista esa ceremonia teatral, existe. Eso es verificable. Pero otra cosa distinta es afirmar cosas que nadie puede probar. Porque ahí es donde entra el truco más viejo del mundo: cuando algo es secreto, cuando hay poder,
cuando hay simbología ritual, la mente humana rellena el resto con lo peor.

Y ojo, que no digo que sean santos. Lo que digo es esto:
aunque no adoren a Baal literalmente, el sistema funciona como si lo hicieran.
Porque Baal, en el fondo, no es solo un dios antiguo. Baal es un símbolo. Es el símbolo de una mentalidad donde el ser humano se vuelve mercancía.
Donde la conciencia molesta.
Donde el débil vale menos.
Donde el “sacrificio” siempre lo paga el de abajo. Y si tú miras el mundo, dime si eso no está ocurriendo ahora mismo.

Así que quizá no están rezando a Baal con túnicas, pero sí están rezando al dios más moderno y más peligroso: la impunidad.

El verdadero altar no está en un bosque. El verdadero altar está en el poder cuando pierde el alma. No sé si adoran a Baal,
pero lo que sí adoran es algo muy parecido: el dinero, el control… y el silencio.

®J.R. 2026

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