El gran engaño del pastor y las ovejas
No hace mucho publiqué en Facebook una frase de Nietzsche que dice: “Quien necesita ser guiado por un pastor solo puede tener la inteligencia de un borrego.”
Y, claro… saltaron los fieles ofendidos como si les hubieran insultado a la madre.
Pero alguien comentó algo brillante: “Nunca me ha gustado esa figura bíblica del pastor. Cuida a las ovejas, pero después las mata, se las come o las vende.”
Y yo pensé: Exacto.
¿En serio esta es la metáfora más bonita que encontraron para describir “amor espiritual”? Porque a mí me suena más a negocio con lana y sacrificio final.
Y luego apareció otro comentario clásico, de manual: “El único que tiene derecho a guiarnos y está libre de pecado y culpa es Jesucristo.” Y yo le respondí con dos preguntas simples: ¿Qué pecado? ¿Qué culpa?
Porque aquí está el truco: primero te convencen de que naciste enfermo, después te venden la cura, y luego te piden obediencia eterna como pago. Te dicen: “Sin pastor te pierdes.” En cambio, yo digo: Sin pastor… quizá por fin te encuentras.
Y es que lo que se vende como “guía espiritual”, muchas veces es solo una cosa: control. Si tú eres una oveja, ¿qué haces? Sigues. Obedeces. No preguntas. Y encima te enseñan a tener miedo del lobo, mientras el pastor te va contando los días para el matadero.
Y ojo, no estoy hablando solo de religión. Estoy hablando del fenómeno humano de delegar la conciencia. De no querer pensar. De no querer decidir. Porque ser libre, como ya he dicho y escrito otras veces, exige algo que a muchos les da pánico: responsabilidad.
Y por eso el mundo está lleno de pastores, y lleno de gente feliz de balar, mientras les prometen el cielo a cambio de su mente.
Si necesitas un pastor para vivir… quizás no te falta fe. Lo que realmente te falta es una columna vertebral espiritual.
®J.R. 2026