Hay una frase de José Saramago que a mí siempre me ha parecido incómodamente brillante: “El mayor milagro de la Biblia es haber convencido al mundo entero de que las aventuras de un pueblo semítico son la palabra de Dios.”
Y claro… esto a muchos no les gusta escucharlo. Porque rompe algo muy profundo: la idea de que lo que hemos heredado… es incuestionable.
Mira, lo voy a decir claro, como hago siempre: No existe ningún texto en la historia de la humanidad que podamos demostrar que haya sido escrito por Dios. Ninguno.
Lo que sí existe… son textos escritos por seres humanos, en contextos culturales, políticos y religiosos muy concretos. Textos como el Popol Vuh, el Avesta, el Mahabharata, el Libro de Mormón, la Biblia, los evangelios gnósticos… todos, absolutamente todos, son construcciones humanas.
Ahora bien, ¿qué ocurre? Que generación tras generación, se nos han transmitido como si fueran palabra divina.De padres a hijos. De hijos a nietos. Y así se ha ido creando algo muy peligroso: Un dogma «incuestionable». Y cuando alguien se atreve a cuestionarlo,
automáticamente es etiquetado:
Hereje. Blasfemo. Apóstata. Hijo del diablo… En fin, nada nuevo.
A Baruch Spinoza lo expulsaron por pensar. Por atreverse a usar la razón.
Y a mí, personalmente, me han llamado muchas cosas.
Pero si ser hereje significa no aceptar verdades impuestas, entonces sí, lo digo con orgullo:
Soy hereje. Porque prefiero la verdad incómoda, a la mentira heredada. Prefiero pensar, a repetir. Prefiero cuestionar, a obedecer ciegamente.
Y te voy a decir algo más:
El problema no es la fe.
El problema es el fanatismo.
El problema no es creer: es dejar de pensar.
Porque como decía Aristóteles:
“La ignorancia no es no saber…
es negarse a aprender.”
Y eso es exactamente lo que ocurre con muchas personas.
No quieren saber. No quieren cuestionar. No quieren salir de lo que les enseñaron. Porque es más cómodo.
Pero despertar nunca fue cómodo. Despertar duele. Cuestionar incomoda. Pensar, te deja solo muchas veces. Pero también te hace libre.
Y yo, personalmente, prefiero ser un espíritu libre que un creyente dormido.
®J R. 2026