El Papa, durante la misa de la Fiesta de la Virgen de Fátima
Las profecías que la virgen de Fátima reveló en 1917 a tres niños portugueses aún no han terminado de cumplirse. «Se equivocaría quien pensase que la misión profética de Fátima ha concluido”, aseguró Benedicto XVI en la misa de la festividad de la Virgen que este 13 de mayo ofreció en la explanada del santuario de Fátima ante cerca de medio millón de personas, y en la que ha advertido que a los seres humanos aún les aguardan nuevas y terribles desgracias.
“Aquí renace aquel designio de Dios que interpela a la humanidad desde sus primeros momentos: ¿Dónde está tu hermano Abel? La sangre de tu hermano clama desde la tierra hasta mí”. “La Humanidad ha logrado desencadenar un ciclo de muerte y terror, pero no llevarlo a su fin”, señaló el Papa.
“La familia humana”, aseguró en su homilía el Pontífice, “está preparada para sacrificar sus relaciones más santas sobre el altar de mezquinos egoísmos de naciones, raza, ideología, grupo e individuo”. «Jesucristo ya nos dijo que la Iglesia sufriría siempre, hasta el fin del mundo»
Según el Papa las profecías de Fátima, cuyo contenido íntegro fue hecho público hace diez años, no sólo se referían sólo al estallido de la II Guerra Mundial, a las persecuciones contra los católicos desatadas por los regimenes comunistas y nazi o al atentado contra Juan Pablo II cometido en 1989 por el turco Ali Agca. Ya en el avión que le trajo a Portugal el Pontífice aseguró que el escándalo de pederastia que desde hace meses sacude a la Iglesia también forma parte del tercer secreto de Fátima. Y posteriormente aseguró que las guerras y terrores anunciadas por la Virgen de Fátima en 1917 a tres niños portugueses aún no han concluido, aunque invitó a los católicos a aguardar con optimismo el futuro.
Contra el aborto y los matrimonios homosexuales
Por otra parte, el Papa reiteró que el aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo son opuestos al «bien común», además de definir «lo más insidioso y lo más peligroso». El máximo dirigente católico apoyó las iniciativas que tutelen la vida desde el momento de la concepción, así como la familia, «basada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer». «Las iniciativas que tienen el objetivo de tutelar los valores esenciales y primarios de la vida, desde su concepción, y de la familia, basada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer, ayudan a responder a algunos de los más insidiosos y peligrosos desafíos que hoy se oponen al bien común», dijo el Papa, en declaraciones que sin duda originarán nuevas polémicas.
La ‘presión de la cultura dominante’
Asimismo, Benedicto XVI criticó la «presión de la cultura dominante» a la hora de realizar labores caritativas y de ayuda a los demás. «La cultura dominante presenta con insistencia un estilo de vida basado en la ley del más fuerte y beneficios fáciles y atractivos, que acaban por influir sobre nuestro modo de pensar, nuestros proyectos y las perspectivas de nuestro servicio, con el riesgo de vaciarlo de esa motivación de la fe y la experiencia cristiana», denunció. Refiriéndose a las asociaciones católicas de ayuda, el Papa dijo que «es necesario que se vea claro su orientación, que asuman una identidad bien evidente».
La ‘cizaña’ y el ‘pecado de la Iglesia’
En la línea de hacer limpieza de la propia casa, el Papa escribió en su mensaje a la Kirchentag, la jornada ecuménica en Alemania, que la Iglesia sigue siendo “lugar de esperanza” a pesar de “la cizaña que existe precisamente en medio de la Iglesia, entre quienes el Señor ha llamado a su servicio”. Y durante la misa celebrada en la gran explanada de Fátima, puso “bajo la protección materna de María a los sacerdotes”.
En su encuentro con los periodistas durante el vuelo a Lisboa, Benedicto XVI clarificó definitivamente que la crisis de los abusos sexuales no es una persecución externa sino que «nace del pecado de la Iglesia» como se ve de modo «realmente aterrador». El Papa volvió a distanciarse de altos responsables vaticanos que han criticado a la prensa en lugar de ponerse a resolver con energía un problema interno sin precedentes.
En referencia a las profecías de Fátima, el Papa precisó que «la novedad de hoy es que los ataques al Papa y a la Iglesia no vienen sólo de fuera, sino que los sufrimientos de la Iglesia vienen precisamente del interior de la Iglesia, del pecado que existe en la Iglesia».
De modo absolutamente diáfano, el Papa añadió que «esto lo sabíamos desde siempre, pero hoy se ve de modo realmente aterrador: la mayor persecución de la Iglesia no viene de enemigos de fuera sino que nace del pecado de la Iglesia». Por lo tanto, «la Iglesia debe aprender de nuevo la penitencia, aceptar la purificación e implorar el perdón así como la necesidad de la justicia, pues el perdón no sustituye a la justicia».
La maniobra de algunos altos eclesiásticos para negar el problema culpando de la crisis a la prensa, cae por tierra ante las palabras de un Pontífice que lleva muchos años intentando hacer una limpieza que otros dificultan, en buena parte por clericalismo.
Sus palabras fueron más allá de la carta a los católicos irlandeses, en la que invitaba a los sacerdotes culpables a autodenunciarse, y mas allá del comunicado sobre la Legión de Cristo en el que el Papa agradeció el valor de las víctimas que se atrevieron a denunciar los abusos de Maciel. Benedicto XVI ha puesto a la Iglesia frente al verdadero problema.
Fuente: Agencias