Enseñanzas eternas para ser leídas, meditadas… y ojalá que también comprendidas…
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El gentío era enorme. Jesús subió a una montaña y se sentó; y fijando los ojos con complacencia en sus discípulos, dijo:
Bienaventurados los de corazón humilde,
porque de ellos es el Reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los afligidos,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia,
porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por practicar la justicia,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados serán ustedes cuando sean insultados y perseguidos
y digan -mintiendo- todo mal contra ustedes, por causa mía.
Alégrense y regocíjense entonces, porque es grande la recompensa que ustedes tendrán en los cielos. Pues así persiguieron a los profetas anteriores a ustedes. Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Para nada vale ya, excepto para tirarla afuera y para que la pisen los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cumbre de un monte. Ni se puede encender una lámpara con el objeto de ponerla debajo del celemín (vasija grande); se la pondrá sobre el candelero para que alumbre a todos los que están en casa. Brille así la luz de ustedes delante de los hombres, para que vean las obras buenas de ustedes y glorifiquen al Padre celestial de ustedes.
No piensen que he venido a abolir la ley ni los profetas; no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Porque en verdad les digo, que mientras duren el cielo y la tierra, ni una letra ni una coma pasará de la ley, hasta que todo se cumpla. Así, el que viole uno solo de estos mandamientos, aun los más pequeños; y enseñe a violarlos a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos. Porque les digo que si la justicia de ustedes no supera a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: «No matarás, y el que mate, será reo de juicio.» Pero yo os digo que todo el que se enfade con su hermano será reo de juicio; el que lo llame estúpido será reo ante el Sanedrín; y el que le llame impío será reo de caer en la gehenna (infierno) de fuego. Si pues, en el momento de llevar tu ofrenda al altar, recuerdas que tu hermano tiene algo contra tí, deja allí tu ofrenda y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego volverás a presentar tu ofrenda. Haz pronto las paces con tu adversario mientras vas con él por el camino. No sea que te entregue al juez y el juez al alguacil y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta pagar el último centavo.
Han oído que se dijo: «No cometerás adulterio». Pero yo les digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te escandaliza, arráncalo y arrójalo de tí; más te vale perder uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y sí tu mano derecha te escandaliza, córtala y arrójala de tí; más te vale perder uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya al infierno. También se dijo: «El que despida a su mujer, que le dé acta de repudio». Pero yo les digo que todo el que despide a su mujer, a no ser por causa de fornicación, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una repudiada, comete adulterio.
También han oído que se dijo a los antiguos: «No perjurarás sino que cumplirás al Señor tus juramentos». Pero yo les digo que no juren en modo alguno ni por el cielo que es trono de Dios, ni por la tierra, que es la tarima de tus pies, ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey, ni por tu cabeza, porque ni un cabello puedes volver blanco o negro. Que en el lenguaje de ustedes sea «sí», simplemente sí; y «no», no. Lo que pasa de ahí, del mal procede.
Han oído que se dijo: «Ojo por ojo y diente por diente». Pero yo les digo que no le hagan resistencia al malo. A quien te abofetea la mejilla derecha, preséntale también la otra. Al que quiere pleitear contigo para quitarte la túnica, déjale también el manto; y al que te exija andar cargado una milla, anda con él dos. Da a quien te pide y no le vuelvas la espalda a quien te solicite préstamo.
Han oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo». Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, oren por quienes les persiguen, para que sean ustedes hijos del Padre Celestial, que hace salir el sol sobre buenos y malos y sobre justos y pecadores. Porque si aman a quienes les aman, ¿qué recompensa pueden merecer? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si ustedes saludan a sus hermanos solamente ¿qué hacen de más? ¿No hacen esto mismo los gentiles? Sean ustedes perfectos, como es perfecto el Padre Celestial.
Cuiden de no hacer sus buenas obras delante de los hombres con el objeto de ser vistos por ellos. Si no, no tendrán recompensa del Padre Celestial. Por tanto, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna quede oculta y tu Padre, que ve lo secreto, te premiará. Y cuando oren, no sean como los hipócritas, que buscan orar en las sinagogas y en los ángulos de las plazas, bien plantados para ser vistos por los demás. En verdad les digo que ya recibieron su paga.
Tú, cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te premiará. Cuando ayunen, no se pongan demacrados como los hipócritas que afean su rostro para que los hombres vean que ayunan. En verdad les digo que ya recibieron su paga. Tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu cara, para que los hombres no vean que ayunas, sino tu Padre, que está en lo secreto. Y tu Padre, que ve lo secreto, te premiará.
No atesoren en la tierra, donde la polilla y el orín corroen; y donde los ladrones socavan y roban. Atesoren más bien en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corroen, donde los ladrones no socavan ni roban; porque donde está tu tesoro, allí también está tu corazón.
La luz del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará alumbrado; pero si tu ojo está enfermo todo tu cuerpo estará oscuro. Y si la luz en tí es tiniebla, ¿cuánta será la oscuridad?
Nadie puede ser esclavo de dos señores: porque odiará a uno y amará al otro, o bien se unirá a uno y despreciará al otro: No pueden servir a Dios y al dinero. Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán o qué beberán; ni por el cuerpo, con qué lo vestirán. ¿No es más la vida que el alimento y el cuerpo que el vestido? Miren las aves del cielo: no siembran ni siegan, ni recogen en graneros y el Padre de ustedes que está en el cielo las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?
¿Quién de ustedes, con todo su cavilar, puede añadir solo medio metro a su medida? Y del vestido, ¿por qué se preocupan? Aprendan de los lirios del campo, cómo crecen; no se cansan ni hilan; pero yo les digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al fuego, Dios así la viste, ¿no hará más con ustedes, hombres de poca fe?
Así que no se inquieten diciendo: ¿Qué comeremos? ¿Qué beberemos? ¿Con qué nos vestiremos? Que por todas estas cosan se afanan los gentiles. Porque sabe el Padre que esas cosas las necesitan todas. Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y eso otro se les dará por añadidura. Así que no se inquieten por el día de mañana, que el mañana traerá su propia inquietud. A cada día le basta su propia lágrima.
No juzguen, para que no sean juzgados. Porque con el juicio con que juzguen, serán juzgados, y con la vara con que miden, serán medidos. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.
No den lo santo a los perros, ni echen perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y los despedacen. Pidan y se les dará; busquen y encontrarán; golpeen y se les abrirá. Porque todo el que pide obtiene, y el que busca encuentra y al que golpea se le abre. ¿O acaso hay alguno entre ustedes, que al hijo que le pide pan, le dé una piedra, o si le pide un pescado, le dé una serpiente? Si ustedes que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre de ustedes, que está en los cielos, dará cosas buenas a quienes se las pidan. Así pues, hagan siempre con los demás como ustedes quisieran que los demás hagan con ustedes; en esto consiste la ley de Moisés y los libros de los profetas.
Entren por la puerta estrecha. La puerta para el camino de la perdicíón es ancha y espaciosa y muchos entran por ella. Pero la puerta del camino que lleva a la vida es angosta y poco visible, son escasos los que la encuentran.
Cuídense de los mentirosos que alegan hablar en el nombre de Dios. Estos vienen disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos. Ustedes los pueden reconocer por lo que hacen. No se cosechan higos de los espinos ni uvas de las zarzas. Todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo da frutos malos. El árbol bueno no puede dar fruto malo ni el árbol malo dar fruto bueno. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y se quema al fuego. De modo que por sus frutos los reconocerán.
Quien me diga «Señor, Señor», no necesariamente va a entrar en el Reino de los cielos. Solamente quien haga la voluntad de mi Padre celestial. Cuando llegue ese día, muchos me dirán: «Señor, Señor, nosotros hemos hablado en tu nombre y en tu nombre hemos expulsado a los malos espíritus y en tu nombre hemos hecho milagros.» Yo les diré: «Jamás les conocí; apártense de mí, agentes de la iniquidad».
Quien me oye y obra como yo le digo es como el hombre entendido que construyó su casa sobre la roca. Vino la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos contra la casa. Pero no se cayó. Su base estaba en la roca. Pero quien me oye y no obra como yo le digo, es como un tonto que edifíca sobre la arena. Vino la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos: la casa se vino abajo. Todo fue un desastre.
Finalmente, al hacer oración, no repitan palabras sin sentirlas como quienes no conocen a Dios y se imaginan que los oirá si hablan mucho. No sean, pues, como ellos, porque el Padre ya sabe lo que ustedes necesitan, antes que se lo pidan. Por eso, cuando oren, oren ustedes así:
Padre nuestro que estás en los cielos
santificado sea tu nombre,
venga a nosotros tu reino,
hágase tu voluntad en la tierra, como en el cielo;
el pan nuestro de cada día dánoslo hoy,
perdona nuestras ofensas, así como nosotros
perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación;
líbranos del mal.
Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de sus enseñanzas; porque les hablaba como alguien que tiene autoridad, y no como los escribas.

Jesus es grande! Jesus confio en ti! =D