El poena sensus, o dolor de sentido, consiste en el tormento del fuego, tan frecuentemente mencionado en la Sagrada Biblia. De acuerdo a la gran mayoría de los teólogos, el término fuego, denota un fuego material, y por lo tanto, fuego real. Sostenemos estas enseñanzas como absolutamente verdaderas y correctas. Sin embargo, no debemos olvidar dos cosas: De Catarinus (m. 1553) hasta nuestros tiempos no han habido teólogos deficientes que interpreten el término fuego de las Escrituras en forma metafórica, como denotando un fuego incorpóreo; y en segundo lugar, hasta ahora la Iglesia no ha censurado su opinión. Algunos de los Padres también pensaron en una explicación metafórica. Sin embargo, las Escrituras y la tradición hablan una y otra vez del fuego del infierno, y no hay suficientes razones para considerar el término como una mera metáfora.
Se argumenta: ¿Cómo puede un fuego material atormentar demonios o almas humanas antes de la resurrección del cuerpo? Pero, si nuestra alma está así unida al cuerpo como para ser profundamente sensible al dolor del fuego, ¿porqué el Dios omnipotente es incapaz de enlazar incluso los espíritus puros a alguna sustancia material de tal manera que sufran un tormento mas o menos similar al dolor del fuego el cual el alma puede sentir en la tierra? La respuesta indica, en la medida de lo posible, cómo debemos formarnos una idea del dolor del fuego el cual sufren los demonios y los condenados. Los teólogos han elaborado varias teorías sobre este tema, las cuales, sin embargo, no deseamos detallar aquí (el estudio de Franz Schmid “Quaestiones selectae ex theol. dogm.”, Paderborn, 1891, q. iii; también Guthberlet, “Die poena sensus” en “Katholik”, II, 1901, 305 sqq., 385 sqq.).
Es bastante superfluo agregar que la naturaleza del fuego infernal es diferente de aquel de nuestra vida ordinaria; por ejemplo, continúa quemando sin la necesidad de renovar constantemente la provisión de combustible. Queda bastante indeterminado ¿cómo podemos formarnos un concepto en detalle?; nosotros sabemos meramente que es corpóreo. Los demonios sufren el tormento del fuego incluso cuando, por permiso Divino abandonan los confines del infierno y rondan sobre la tierra. ¿Cómo sucede esto?, es incierto. Podemos asumir que se mantienen encadenados inseparablemente a una porción de ese fuego.
El dolor de sentido es la consecuencia natural de aquel desordenado recodo en las creaturas las cuales están involucradas en todo pecado mortal. Conviene decir que quien busca placer prohibido debe encontrar dolor como recompensa.. (Cf. Heuse, “Das Feuer der Hölle” en “Katholik”, II, 1878, 225 sqq., 337 sqq., 486 sqq., 581 sqq.; “Etudes religieuses”, L, 1890, II, 309, report of an answer of the Poenitentiaria, 30 April, 1890; Knabenbauer, “In Matth., xxv, 41”.)
