El fenómeno de los fantasmas

Los fantasmas o espectros constituyen una apasionante tipología de fenómenos que admite numerosas definiciones.  Los intentos de definirlos o clasificarlos han sido muchos; generalmente, se aceptan estas tres calificaciones o definiciones de ‘fantasma’:
1) El alma o espíritu de una persona muerta, que frecuenta algún lugar que tenía gran significación emocional durante su vida pasada.
2) La personalidad que adquiere un ser humano después de fallecido, aún atado a la vida.
3) Cierta clase de memoria psíquica o residuo de un ser o cosa muerta,  pero que sigue existiendo en una forma semi-corpórea.

Teniendo en cuenta los muchos y diversos testimonios divulgados,  cabe señalar que los fantasmas suelen tomar la forma de seres humanos, de animales e incluso de vehículos. Existen registros acerca de fantasmas -generalmente, de seres humanos difuntos- en la mayoría de las culturas de todo el mundo. Pero sigue sin existir un auténtico consenso acerca de si los fantasmas son proyecciones de la mente o de la imaginación o bien si tienen una existencia objetiva.

Los fantasmas se encuentran entre los temas más estudiados por los parapsicólogos. La investigadora Marisa E. Martínez explica que habitualmente son representados de un tamaño y una forma humanos -aunque a veces se mencionan fantasmas animales- pero se describen como seres no perceptibles visualmente. La concepción del fantasma «típico» de Occidente es semi-transparente, y no interactúa directamente con los objetos físicos. Camina a través de las paredes y flota sobre la tierra. Se dice que los espectros a menudo se comportan como si carecieran de capacidad de reflexión y siguieran una rutina o itinerario particular.

Otros son descritos como seres compuestos por materia sólida, que interactúan con su ambiente y suelen comportarse como si fueran personas vivas. En algunas leyendas, especialmente en el Caribe y en África, la figura es identificada como fantasma sólo porque un conocido sabe que la persona ha muerto. En Occidente existen creencias que sostienen que los fantasmas son almas que no pueden encontrar descanso después de expirar. Esta incapacidad para encontrar descanso suele explicarse como la consecuencia de haber dejado en la Tierra alguna tarea inconclusa, como por ejemplo la búsqueda de justicia o de venganza que requiere la víctima luego de su muerte.

Hay personas que piensan que espectros y fantasmas residen bien en el Limbo o bien  en el Purgatorio. Aunque esta perspectiva fue propuesta por primera vez por ciertos teólogos católicos, no es compartida por el Catecismo de la Iglesia Católica. Cabe aclarar que muchos protestantes y cristianos evangélicos rechazan la existencia de  los fantasmas como manifestaciones espirituales de los muertos y atribuyen las acciones violentas a manifestaciones de demonios. Desde el punto de vista más racionalista, los fantasmas no son almas en pena sino impresiones de energía psíquica derivadas de un difunto. Para  algunos hombres de ciencia,  ciertos acontecimientos traumáticos -tales como un asesinato o un suicidio- llegan a generar una energía mental tan potente que puede ser captada por personas sensibles a su presencia.

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