Todos tenemos dentro un Mr. Hyde

¿Cómo puede haber tanta maldad en el mundo?

Conociendo a la humanidad, lo que me asombra es que no haya más.

                          ‘Woody Allen, Hannah y sus hermanas’

  En 1886 -más de una década antes de que Freud se zam­bullera en las profundidades de la mente humana-, Robert Louis Stevenson tuvo un sueño muy revelador en el que un hombre perseguido por haber cometido un crimen ingiere una pócima y sufre un cambio drástico de personalidad que le hace irreconocible. De esta manera, el Dr. Jekyll, un amable y esforzado científico, termina transformándose en el violento y despiadado Mr. Hyde, un personaje cuya maldad iba en aumento a medida que se desarrollaba el sueño.

Stevenson utilizó la materia prima de este sueño como ar­gumento para escribir su hoy famosa obra ‘El Extraño Caso del Dr. Jekyll y Mr Hyde’. Con el correr de los años el tema de esta novela ha terminado formando parte integral de nuestra cultura popular y no es infrecuente escuchar a nuestros se­mejantes tratando de explicar su conducta con justificaciones del tipo: «No era yo mismo», «era como si un demonio le po­seyera» o «se convirtió en una bruja», por ejemplo.

Según el analista junguiano John A. Sanford, los argumentos que re­suenan en gran parte de la humanidad encierran cualidades arquetípicas que pertenecen a los sedimentos más universa­les de nuestro psiquismo.

Cada uno de nosotros lleva consigo un Dr. Jekyll y un Mr. Hyde, una persona afable en la vida cotidiana y otra entidad oculta y tenebrosa que permanece amordazada la mayor par­te del tiempo.

Bajo la máscara de nuestro Yo consciente, des­cansan ocultas todo tipo de emociones y conductas negativas -la rabia, los celos, la vergüenza, la mentira, el resentimien­to, la lujuria, el orgullo y las tendencias asesinas y suicidas, por ejemplo-. Este territorio arisco e inexplorado para la ma­yoría de nosotros, es conocido en psicología como sombra personal.

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