Homo oniricus

El mundo de los sueños no desaparece cuando estamos en el estado de vigilia, con nuestro cuerpo activo. El mundo onírico está con nosotros siempre, de la misma forma que las estrellas siguen estando en el cielo durante el día. Nuestro estado habitual es el sueño, del que tan sólo emergemos algunos instantes cuando dirigimos el pensamiento (en un estado de atención concentrada) en alguna dirección determinada. Vivimos soñando durante casi todo el día. Unicamente constatamos una leve diferencia de percepción. Cuando soñamos con nuestro cuerpo activo (estado de vigilia) percibimos los sueños como si » estuvieran dentro de nuestra cabeza». Desde el momento en que nuestro cuerpo está pasivo (durmiendo), los sueños nos rodean. Algo así como si nuestra alma (nuestra psiquis) se moviese dentro del propio mundo de los sueños. O como decían nuestros antepasados: «Cuando el cuerpo duerme, el alma viaja».

Los textos cristianos, budistas, védicos, ensayos psicológicos sobre el zen, etcétera… son reiterativos acerca de esta cuestión del «despertar «, sin que hasta la fecha  hayamos comprendido a qué se refieren. ¿Estará esta idea del «despertar» relacionada con la posibilidad de «hacer consciente el subconsciente»?. Tal idea supondría, sin duda, la adquisición de insospechadas potencialidades psíquicas muy cercanas a los estados psicológicos descritos como «iluminación» en la literatura mística.

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