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Los muchos habitantes del bajo astral

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El Bajo Astral, entendido generalmente como el séptimo de los siete subplanos del mundo astral, es una dimensión llena de energías terribles en que pululan sombras, demonios, espíritus de suicidas, asesinos, violadores, magos negros y, según dicen algunos, también animales.

Resulta complejo explicar lo que es el plano astral. Para hacerlo es necesario empezar por el hecho de que en el Universo “todo vibra”, y esto se da tanto en el plano de la materia-energía que es objeto del conocimiento científico, como en planos o estados más sutiles en donde son otras las partículas, la energía y las leyes de causalidad. En este contexto, el plano astral no es un estado de conciencia o un espacio concreto, sino una dimensión. A su vez, este plano se divide a su vez en siete subplanos y cada uno de ellos tiene sus propias particularidades.

El plano más peligroso

El séptimo subplano del Astral, conocido como Bajo Astral, es el más bajo, siniestro y peligroso de todos: la brujería, las maldiciones, la llamada “mala suerte” y algunas extrañas enfermedades, encuentran en este subplano la fuente de su energía.

Una persona, a lo largo de su vida, puede ascender o descender dentro de los subplanos astrales, en función de la mayor o menor densidad de sus vibraciones energéticas. Así, las vibraciones más densas están vinculadas con los sentimientos, pensamientos y actos más bajos, mundanos, viles, malintencionados, etcétera. Contrariamente, los pensamientos elevados se asocian a sentimientos, pensamientos y actos de naturaleza opuesta, y conducen a la persona a vincularse con los subplanos astrales más elevados.

De los siete subplanos del mundo astral, el séptimo es el único que podría ser considerado como una especie de infierno; y, de hecho, según la Teosofía es éste, vivido de forma diferente según las creencias y pensamientos de los sujetos, el subplano que ha dado lugar al mito cultural del infierno, entendido como un lugar de castigo generalmente concebido como eterno.

Las peores energías espirituales

Es en el séptimo subplano donde se manifiestan las peores energías espirituales: la energia del odio, del rencor, de la ira, del egoísmo más crudo, de las tendencias homicidas, de las más retorcidas perversiones, del vicio incontrolable, etcétera… A este subplano van a parar los borrachos incorregibles y los drogadictos desmesurados, los asesinos, los ladrones, los violadores, los genocidas, los estafadores, los narcotraficantes, los maltratadores, etcétera… Este tipo de seres, vagan por el séptimo subplano en medio del sufrimiento y generalmente también en medio de la confusión, intentando, cuando pueden, satisfacer sus bajos deseos captando a alguien en el mundo físico para, a través de algún mecanismo parasitario, satisfacerse…

Por su parte, el sexto subplano es menos denso y no está habitado por espíritus y entidades malas (en el sentido moral) sino meramente materialistas. De ese mismo modo, a medida que se asciende, los subplanos se vuelven menos densos, más buenos y con mejores habitantes. Sin embargo, tanto el séptimo subplano como los primeros o los intermedios, no deben confundirse con el cielo, el infierno o algún otro lugar de morada permanente para el alma tras la muerte: no, pues son meras dimensiones de tránsito en las que el alma está por un periodo limitado de tiempo, pues posteriormente avanza al plano mental y después se reencarna. Por último, cabe decir que el plano astral interpenetra a nuestra realidad, a la dimensión en que vivimos, y la influencia puede darse tanto desde nuestra dimensión hacia la astral, como desde la dimensión astral a la nuestra.

Magia negra

Cuando un mago negro utiliza el Bajo Astral con malas intenciones, puede crear entidades que ataquen a otros, causando depresión, confusión y, en algunos casos, la muerte… Ese tipo de cosas son factibles gracias a la materia del bajo astral, empleada de diversas formas por los hechiceros.

En virtud de estos mecanismos, cuentan que muchos magos negros y brujas han perecido por enviar terribles maleficios a gente espiritualmente evolucionada, ya que las auras de estas personas no tienen fisuras y así el mal enviado se devuelve y regresa al emisor.

Lastimosamente, lo que sucede con la energía que envían los magos negros, no sucede con las entidades que crean, pues a veces esas entidades se independizan del mago o quedan libres tras ser empleadas, atacando posteriormente a gente inocente.

La Sombra

Durante el período intermedio entre una encarnación y otra, se da un proceso de purificación en el cual el Ego Superior (la parte que sobrevive de vida en vida) va, junto a la conciencia, pasando de un cuerpo sutil (el hombre tiene algunos cuerpos sutiles, siete en la mayoría de teorías) a otro, yendo del menos sutil al más sutil, y dejando atrás cada cuerpo sutil que abandona en el curso de esas transferencias, hasta finalmente no quedar sino sólo (o con el cuerpo causal según ciertas teorías) él, y la conciencia que volverá a activarse cuando se dé la siguiente encarnación.

Ocurre sin embargo que, cuando el Ego Superior de alguien deja el cuerpo astral para pasar al cuerpo mental, el cuerpo astral la mayoría de veces se desintegra, aunque eso a veces no ocurre en casos de personas que, o bien han sido malas, o sin ser malas han tenido muy acentuada la presencia de “bajas pasiones y tendencias” (alcoholismo, violencia, envidia excesiva, drogas, adicción al sexo, etcétera). En esos casos el cuerpo astral está demasiado vitalizado por esas energías negativas como para desintegrarse, a la vez que conserva suficiente energía psíquica (debido a que tiene algo de materia del cuerpo mental pegada) como para tener cierto grado de conciencia y autonomía. Aquel cuerpo astral que no se desintegró, constituirá una suerte de versión negativa del individuo, algo así como su lado oscuro desprendido…su sombra. Desgraciadamente y como ya se dijo, esa sombra preservará una pequeña porción del cuerpo mental del sujeto, y eso bastará para que pueda tener gran parte de sus recuerdos y pensamientos.

Todo lo anterior da cuenta de por qué, en las sesiones de espiritismo, los espíritus que se manifiestan son muchas veces sombras (los espiritistas muchas veces contactan con el séptimo sub-plano astral), y por qué abundan tantos testimonios de personas que ven a sus fallecidos como si éstos se hubiesen deteriorado moral y anímicamente. Así mismo, lo anterior explica el comportamiento destructivo y parasitario de las sombras; pues, si éstas están constituidas por energías astrales (y un poco de energía del cuerpo mental) negativas, intentarán alimentarse de miedos, emociones y tendencias nocivas para de ese modo postergar en lo posible su inevitable proceso de desintegración.

Cascarones

Existen dos clases de “cascarones”: el astral, correspondiente al cuerpo astral, y el etérico, que se corresponde con el cuerpo etérico, cuerpo éste que es consustancial al aura entendida como fenómeno electromagnético.

El “cascarón astral” es el cadáver astral de un ser humano, y en él, a diferencia de la sombra, no existe partícula alguna de materia mental, por lo que no tiene consciencia, inteligencia o autonomía. Es un simple ente pasivo que flota como nube en el mundo astral, aunque puede ser animado por médiums o hechiceros, al punto de asumir la forma de un fallecido o de un vivo, suscitando así nefastos engaños.

Por su parte, el cascarón etérico es el cadáver que queda del cuerpo etérico tras el proceso de desintegración del cuerpo físico, aunque ventajosamente no ofrece las posibilidades de animación que ofrece el cascarón astral.

El “cascaron vitalizado” posee el mismo grado de consciencia de un elemental artificial, entidad creada en virtud de lo que se denomina “forma de pensamiento”. Las formas de pensamiento están asociadas a pensamientos emitidos por sujetos, y en el caso del cascarón vitalizado, pueden haber sido creadas a partir de pensamientos malintencionados, proyectados con mucha energía y persistencia. Así, formas de magia negra como el vudú y el obeah, crean cascarones vitalizados a partir de formas de pensamiento, pudiendo engendrar entes con un poder suficientemente grande como para matar personas.

Por fortuna, se dice que el karma por crear cascarones vitalizados es terriblemente elevado.

Animales

Se cree que los animales capaces de sentir emociones (perros, delfines, monos, etcétera), esto es los animales más evolucionados, poseen cuerpos astrales, aunque mucho más débiles y simples que los cuerpos astrales humanos.

Estos cuerpos astrales serían la causa de las diversas historias que existen sobre animales fantasmas.

Ahora bien: ¿por qué estos fantasmas animales están más que todo vinculados al bajo astral?

Según refieren muchos expertos en el tema, cascadas de animales fantasmas surgen cada día en los mataderos de chanchos, vacas y otros animales que el hombre devora en embutidos, carnes empacadas y cosas por el estilo. Y esos entes están, en opinión de los citados expertos, imbuidos en terror y odio hacia el hombre, por lo que pasan directamente al séptimo subplano.

Esa es pues, según se dice, una de las principales razones espirituales por las que se recomienda ser vegetariano; ya que, la energía que esos animales producen en el mundo astral, nos perjudica aunque no lo notemos.

Suicidas y víctimas de accidentes

Se cree que ambas clases de fallecidos suelen afrontar una vida astral complicada.

Si la víctima del accidente era una buena persona, estará en un estado de inconsciencia hasta que transcurra el tiempo que, según su karma, debió de haber vivido. Transcurrido ese tiempo, recuperará la consciencia en los subplanos astrales elevados, por lo que antes habrá sido una entidad inconsciente en los subplanos inferiores, ya que no había acumulado suficiente energía negativa como para que su conciencia se active en el Bajo Astral, cosa aquella que representa un verdadero tormento.

Pero lo mismo no ocurre con una mala persona que muere en un accidente: ésta va directo al Bajo Astral, donde permanecerá consciente por un buen tiempo.

En cuanto al suicida, siempre incurre en una gran deuda kármica con su suicidio, pero la situación puede variar dependiendo de por qué se suicidó, en qué estado de consciencia se suicidó, y cuál fue su naturaleza moral y espiritual, tanto en la globalidad de su vida como en sus últimos momentos.

El karma por el suicidio suele ser una próxima vida llena de complicaciones y usualmente en un cuerpo seriamente limitado (alguien que nazca sin piernas, por ejemplo), y cierta teoría afirma que el suicida se queda penando en el Bajo Astral hasta que haya cumplido el tiempo que debió haber vivido, pero sumido en un estado de angustia, confusión y pesar.

Qué les ocurre realmente a los suicidas

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La médium rusa Helena Roerich, que reunió información durante la década de 1930, se inclinaba por una visión negativa de lo que le sucedería a quien se hubiera suicidado. En una carta escribió:

“Los suicidas permanecen normalmente en los estratos que están más próximos a la Tierra, porque la atracción magnética de sus energías hacia la Tierra no se ha superado todavía. Su cuerpo etéreo les liga especialmente a las sensaciones terrenales. Si tenían la conciencia nublada durante su vida, la turbiedad se intensificará aún más después de la separación del cuerpo físico”.

Roerich también advirtió que dichas almas permanecerían “en un estado de semisomnolencia”.

Asimismo Charles Leadbeater, clarividente británico de finales del siglo XIX y principios del siglo XX,  afirmaba que los suicidas tendían a estar especialmente conscientes de su desagradable entorno en el plano astral inferior:

“Se entenderá fácilmente que el hombre que es arrancado de forma apresurada de la vida física cuando está lleno de salud y fuerza, ya sea por accidente o por suicidio, se encuentra en el plano astral en unas condiciones que difieren considerablemente de las que rodean al que muere por edad o bien por enfermedad.

“En el caso de la muerte accidental o del suicidio, una gran cantidad de materia astral del tipo más burdo todavía está adherida a la personalidad, por lo que, consecuentemente, se mantiene en la séptima subdivisión del plano o subdivisión más baja, que ya se ha descrito como algo que puede ser cualquier cosa menos un lugar permanentemente agradable”.

Algunos médiums contemporáneos adoptan una postura similar, pero admiten alguna variabilidad en cuanto a dónde puede terminar un suicida. Además, reconocen la existencia de espíritus auxiliares, cuya función es tratar de ayudar a estas almas perdidas a avanzar espiritualmente hacia un plano mejor de existencia.

Una situación terrible

Elsie Sechrist, experta en sueños a nivel internacional y amiga del médium Edgar Cayce, también creía que los suicidas pueden terminar en una situación terrible, muy distinta de la que habían previsto. Conoció a un hombre que se había enamorado de su secretaria. Los dos se habían suicidado con el deseo de estar juntos. Sin embargo, después de sus muertes Sechrist describe:

“Una noche estaba rezando por ellos, me quedé dormida y tuve un sueño muy vívido. En el sueño era por la noche. Vi al hombre solo junto a una gran masa de agua muy oscura, rodeado de una absoluta oscuridad. Llamaba a su secretaria con la voz humana más lastimera que yo había oído jamás: “Celia, Celia, Celia”. Aunque se habían suicidado juntos, cada uno de ellos estaba ahora completamente solo”.

Sechrist comenta que toda la escena fue de una total desolación: oscura, lúgubre y deprimente. Aunque sería reconfortante atribuir la visión a sus expectativas religiosas, otras fuentes sugieren que los suicidas pueden, de hecho, encontrarse atrapados en tales situaciones, ya se deba en parte a su carga psicológica o a otras razones.

Llenos de remordimientos

Georges Meek, investigador de la supervivencia de conocida trayectoria y fundador de la publicación Metascience, utilizó la transcomunicación instrumental para ver cuánto tiempo podrían estar los suicidas atascados en el plano astral inferior y le dijeron lo siguiente:

“El suicida sólo se ha hecho daño a sí mismo y, si acaso, a sus seres queridos. Normalmente está de inmediato lleno de remordimientos. Cuando se ofrece ayuda y orientación, es probable que el suicida responda de buena gana. Cuán rápido absorba las enseñanzas que se le ofrecen será lo que determine con qué rapidez va a avanzar a un nivel más hospitalario”.

Esto sugiere que no hay un tiempo fijo de permanencia de un alma en el plano astral inferior, sino que el tiempo varía según lo rápido que se pueda enseñar al espíritu.

Las experiencias cercanas a la muerte suicidas abarcan todo el espectro, desde infernales a celestiales, y pueden incluir el típico encuentro con seres superiores y la revisión de la vida. Tal vez debido a ello, los que se han provocado una experiencia cercana a la muerte mediante un intento de suicidio mostrarán las mismas reacciones mezcladas con respecto a lo que sucede a aquellos que se lo han provocado por otros medios. Algunos se benefician mientras que otros no.

Tristeza intensa

El neuropsiquiatra e investigador de vidas pasadas canadiense Joel Whitton se unió al investigador independiente de la reencarnación Joe Fisher para colaborar en un libro acerca de las memorias de experiencias del reino de los espíritus entre dos encarnaciones obtenidas por regresión hipnótica. En un caso, describen la experiencia de una mujer que regresó a una vida en España, después de haberse tirado por una ventana:

“La calle se apresuró a recibirla y ella sintió su impacto entumecedor seguido de las ruedas de un carruaje tirado por un caballo que le aplastó el pecho. Pero también estaba consciente, desde una perspectiva más alta, de su cuerpo desparramado sobre los adoquines… Qué trivial era esta cáscara mortal ahora que una luz cegadora la obligaba a fijar su atención arriba… Se había adentrado en la luz, una luz más brillante, más deslumbrante que el sol, y sin embargo carente de toda sensación de calor. Este resplandor absorbente irradiaba paz y serenidad y, muy relajada, ella se deleitaba en su benevolencia. También tenía la impresión de estar encerrada en un túnel o en un tubo o en un capullo. Las palabras eran bastante inadecuadas para la tarea de describir el esplendoroso entorno por el que había sido arrastrada a una velocidad increíble”.

El diario de esa mujer continuaba diciendo que, después de que se le pasara la conmoción de morir, “la tristeza era tan intensa que tenía ganas de llorar. Me brotaban las lágrimas”.

William Dudley Pelley ofrece un interesante relato de la experiencia cercana a la muerte de un suicida, que merece la pena mencionar por su similitud con el material canalizado, lo que sugiere que esto último puede tener su base en hechos reales:

“Un joven llamado Charles Riley era un estudiante de medicina que había ingerido una gran dosis de cianuro porque su prometida le había dejado plantado por otro hombre. Le llevaron urgentemente al Hospital de urgencias de San Francisco, y a su llegada su cuerpo ya no mostraba signos de vida. Estaba, según todas las pruebas y apariencias, tan muerto como podía estarlo.

“El doctor Greiger le inyectó una solución de un nuevo preparado, Methylene Blue, y en quince minutos el aspirante a suicida estaba respirando casi con normalidad… Charlie Riley dijo, totalmente recuperado: “No… no tenía ninguna sensación, excepto un entumecimiento que empezaba en las extremidades y se esparcía lentamente por todo mi sistema físico. No hubo rigidez muscular al irme a pique…”.

“Incluso cuando estaba supuestamente muerto, tenía una clara sensación de estar flotando. No había nada de la oscuridad común que se reconoce como la muerte. Me sentía como si estuviera saliendo a la luz, a un inmenso lugar resplandeciente de serena luz solar, como si entrara en un mundo nuevo y misterioso… No me sentía trágico al respecto, sólo tremendamente sorprendido y feliz de encontrarme a mí mismo todavía consciente… Recuerdo una sensación de alivio bien definida, algo así como si emergiera desde una habitación en penumbra a una luminosidad repentina.”

Diversidad de reacciones

Por consiguiente, vemos que se produce una diversidad de reacciones cuando las almas cruzan por primera vez la vida del más allá. Con frecuencia tienen la sensación de ser muy ligeros o de estar flotando. Algunos sienten frustración, que se exacerba si no se dan cuenta de que la razón por la que otros los ignoran es porque están muertos. Otros experimentan una gran belleza y una gran paz. Las experiencias cercanas a la muerte parecen reflejar las variaciones emocionales que las almas pueden sentir al pasar al otro lado. Una diferencia entre los dos grupos es que la intensa frustración que experimentan en su nuevo estado muchos de los que han logrado suicidarse, puede permitirles llevar a cabo impresionantes actos de telequinesia como forma de comunicación con los que han dejado atrás.

El investigador japonés contemporáneo Hiroshi Motoyama también ha detectado que con frecuencia los muertos ignoran su condición:

“Al igual que muchos espíritus no son conscientes en vida, tampoco son conscientes de lo que pasa en el proceso de la muerte. Más adelante analizaré el mecanismo que se produce al morir, baste por ahora decir que la mayoría de la gente no se da cuenta inmediatamente de que está “muerta”, incluso después de que su alma haya dejado el cuerpo. El espíritu sigue guardando y alimentándose de una cierta cantidad de energía que traslada desde la dimensión física y sigue dirigiéndose hacia este plano. Esta energía se disipa en una o dos semanas, y después empieza un periodo difícil.

“Es posible que el espíritu se encuentre solo, en una especie de pozo oscuro y profundo y no pueda entender dónde está o qué está haciendo allí. He visto que esta dolorosa situación se prolonga durante dos o tres semanas en algunos casos, y durante uno o dos meses en otros. Tarde o temprano, el espíritu individual se da cuenta de lo que ha sucedido y acepta el hecho de su muerte. Entonces estará preparado para pasar al siguiente lugar de existencia determinado por el karma.

Intentando matarse una y otra vez

El parapsicólogo filipino Jaime Licauco describió un caso aún más dramático de un suicida que después de haberse cortado las venas no podía entender que ya estaba muerto, por lo que siguió intentando matarse una y otra vez.

“Un vidente vio lo que hizo. Su espíritu siguió cortándose las venas, aunque su cuerpo físico ya estaba muerto. No entendía por qué no se moría. Siguió cortando las venas de su muñeca fantasma, pensando que todavía era de carne y hueso.

“Este espíritu permanecerá atado a lo terrenal hasta que empiece a darse cuenta de que ya está muerto y lo acepte”.

Hemos visto que muchos suicidas tienen dificultad en entender que están muertos. Con frecuencia, esto se debe al hecho de que todavía “se sienten” vivos y tienen un cuerpo astral. El problema se puede exacerbar especialmente debido a las falsas expectativas y a las creencias culturales, como pensar que no hay vida después de la muerte o la suposición de que deben estar dormidos hasta el día del Juicio Final. No obstante, el entendimiento y la aceptación de que están muertos puede ser el primer paso hacia la integración del alma y su avance en el reino de los espíritus.

Extractos del libro “Suicidio. ¿Qué sucede realmente en el otro lado?”, de Pamela Rae Heath y Jon Klimo. La Esfera de los Libros, 2007

 

El apego espiritual: cuando una entidad se adhiere a nuestro ser

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Quienes están versados en el esoterismo y el mundo espiritual, son conocedores desde hace mucho tiempo del fenómeno llamado apego espiritual. Este fenómeno lo protagonizan entidades que se adhieren a nuestro cuerpo físico durante un tiempo indeterminado. Pero sólo ahora se ha convirtiendo en el centro de atención, debido principalmente al aumento de extraños comportamientos en las personas, que en muchos casos parecen cambiar su forma de ser por completo.

Esto ocurre cuando una persona convive con la energía de un espíritu de una persona o entidad ya fallecida. En ciertos casos, los espíritus se han unido a las personas para ayudarlas, ofreciéndoles un inexplicable talento para la música, pintura, el dibujo o la escritura. Sin embargo, en la mayoría de los casos pueden convertirse en la peor de las pesadillas, incluso pudiendo dañar la salud física y mental.

¿Por qué los espíritus quieren adherirse a nosotros?

Puede haber muchas razones por las que se produce una unión espiritual, pero generalmente muchos espíritus intentan buscar el consuelo, volviendo a vivir algunos de los aspectos físicos de la vida que un día tuvieron. Otros están confusos y no se dan cuenta que están muertos y quieren estar cerca de una persona viva. En este caso, simplemente desean ponerse en contacto con los vivos en busca de ayuda, sin ninguna intención de hacer daño a la persona a la que se ha unido.

Otros espíritus y entidades buscan deliberadamente la energía de las personas viva. Estas entidades pueden tener diferentes nombres, pero básicamente se alimentan de la energía emitida por las personas en el mundo físico. Estos espíritus son conocidos como parásitos astrales, ya que “roban” enormes recursos de una persona viva y drenan su energía.

Médiums y psíquicos son posiblemente las personas más expuestas a este fenómeno, ya que son canales a otras dimensiones. Pero aquellos que practican determinadas actividades ocultistas o espirituales podrían ser también propensos a una adhesión por parte de espíritus. Como hemos comentado en otras ocasiones, “juegos” como la ouija son portales que se abren y permiten la entrada de ciertas entidades a través de ellos, con el único objetivo de causar un daño irreparable a sus víctimas.

Tampoco nos debemos olvidar de las personas que tienen problemas emocionales o de salud, ya que su protección natural energética se reduce. Personas con un historial de abuso de drogas o alcohol se encuentran constantemente en riesgo de adhesión espiritual. Las drogas y el consumo excesivo de alcohol no sólo disminuyen el aura natural del cuerpo, sino que también causan brechas en su escudo protector y en la propia psique de la persona. Muchos expertos creen que las alucinaciones causadas por las drogas o el alcohol pueden ser en realidad contagios de espíritus del más bajo astral.

Tipos de entidades que pueden adherirse a una persona

Los espíritus humanos son aquellos que quedaron atrapados o bien optaron por permanecer cerca de la dimensión física. En algunos casos se quedan cerca de este plano debido a experiencias traumáticas o muertes violentas y/o imprevistas;  pero en otros casos, son espíritus negativos que decidieron quedarse en el plano terrestre, aparentemente causando el miedo entre los vivos. Estos espíritus no son entidades demoníacas; sin embargo, pueden llegar a ser muy peligrosos y la adhesión de una de estas entidades podría causar un daño en nuestras vidas.

Las entidades no humanas son energías que no han llegado a encarnarse en el reino físico. Algunos son benignos, otros extraños y desconocidos, pero no necesariamente negativos. Las formas más comunes o los nombres frecuentes para este tipo de entidades no  humanas  son “sombras”, “gente de las sombras”, “entes oscuros”, “larvas”, “bajos astrales”, etcétera.

Los elementales son seres espirituales que en ocasiones se confunden injustamente con otras entidades. Desafortunadamente, los elementales son atraídos con frecuencia por los campos de energía humana. En su forma original, los elementales no son negativos. Sin embargo, si son invocados en prácticas ocultas negativas, pueden llegar a transformar su propia energía en negativa. Además, en los lugares donde la gente ha cometido actos de violencia extrema, los seres elementales pueden absorber estas energías. Lamentablemente, muchos elementales terminan en los planos astrales inferiores debido a que son corrompidos  por la energía más negativa de los seres humanos. Así que, básicamente, cualquier ritual positivo u oración para liberar a una persona de un elemental también ayudará a este ser espiritual.

Hay varios niveles de apego espiritual que una persona puede experimentar. El primero comienza con la simple presencia del espíritu. Algunas personas aseguran tener la sensación de no estar solos, como si fueran seguidos y vigilados por una presencia invisible. En este nivel también pueden producirse fenómenos paranormales tales como extraños golpes, misteriosas voces y otros sonidos inexplicables. Hay casos donde las personas han informado ver una niebla o nube negra amenazante cerca o por encima de ellos.

En el siguiente nivel, el contagio del espíritu comienza a ser más intenso. En estos casos, las personas pueden sentir cambios de humor irracionales, depresión y sentimientos de ansiedad. En las etapas finales, el espíritu se adhiere a su víctima, causándole pesadillas frecuentes y dolor en las articulaciones, entre otros varios síntomas.

Llegados a este punto, es importante recordar que antes de pensar que alguien ha  sido víctima de una adhesión o contagio espiritual, es necesario descartar cualquier problema médico. Una vez que estemos seguros de que podemos ser víctimas de este fenómeno, lo primero que debemos hacer para la protección es empezar con buena salud. Un cuerpo sano, una mente sana y equilibrada son las bases sólidas de cualquier defensa. La razón principal es que los espíritus negativos tienen una tasa de vibración baja, pero la energía positiva y saludable vibra mucho más alto.

Y cuando un espíritu se ha adherido ya a una persona, es importante que ésta sea tratada por profesionales cualificados, ya que su vida podría estar en peligro. Hay que recordar que la adhesión espiritual no tiene nada que ver con las posesiones demoníacas. Son dos temáticas completamente distintas.

La magia de las sombras

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Peter Pan, pegándose con jabón su propia sombra, para no perderla (Imagen de la película de Walt Disney)

Muchas culturas asocian la sombra con el alma. Según recientes estudios neurológicos esta antigua creencia puede tener una base fisiológica: el cerebro no la percibe como una imagen, sino como parte del propio cuerpo. ¿Estamos ante la clave de la fascinación que produce en el ser humano?

“Entonces Wendy vio la sombra y le pareció tan sucia de haber sido arrastrada por el suelo, que sintió una gran pena por Peter Pan (…) Y, primorosamente, sacó su neceser de costura y cosió la sombra a los pies de Peter».

Este fragmento de las primeras páginas de la novela de J.M. Barrie relata las dificultades que tiene el famoso niño duende con su propia sombra, a la que incluso se ha pegado al cuerpo con jabón para no perderla.

A diferencia de los duendes, los humanos no han tenido nunca tal problema, pero eso no ha impedido que, desde tiempo inmemorial, temieran que su sombra pudiera ser dañada, pisoteada o incluso robada. Tanto la han valorado, que han llegado a considerarla algo más que una mera extensión de sí mismos.

Según la folklorista Christina Hole, «en muchas partes del mundo se ha creído, y en algunas aún se cree, que la sombra de una persona es su propia alma o, al menos, una parte integrante de su ser, tan conectada con su vida que cualquier cosa que aconteciera al cuerpo es sentida por ella».

Las investigaciones llevadas a cabo por los psicólogos italianos Francesco Pavani y Humberto Castiello, de las universidades de Trento y Padua respectivamente, nos ayudan a comprender mejor por qué estas creencias aparecen en todas las culturas, presentando un carácter universal.

Experimentos reveladores

En el 2003, Pavani y Castiello realizaron una investigación con diez testigos voluntarios. El experimento medía el tiempo que éstos tardaban en reaccionar a un estímulo eléctrico administrado en el dedo índice o en el pulgar.

Cuando los voluntarios sentían un pinchazo en sus índices, tenían que soltar un pedal bajo el dedo gordo de su pie. En cambio, cuando lo sentían en sus pulgares debían soltar un pedal situado bajo el talón.

Los científicos intentaron interferir con los procesos de pensamiento implicados, proyectando luces rojas cerca de las manos de los voluntarios. Pero éstas afectaban al tiempo que tardaban los sujetos en reaccionar sólo cuando eran proyectadas cerca de sus sombras.

Al hacerlo, se confundía a los voluntarios y se interfería con su habilidad para tomar una decisión rápida. Los resultados indicaron que el acto de tocar la sombra de una persona afecta a su sentido espacial y puede distraerla de una tarea específica, restándole eficacia a sus movimientos.

Estas investigaciones sugerían que el «esquema corporal» –la imagen interna que las personas tienen de su cuerpo–, puede extenderse más allá de la piel y, por lo tanto, que la sombra del cuerpo tiene un efecto profundo sobre la percepción visual de los sujetos.

«Los resultados obtenidos indican que las sombras proyectadas por distintas partes del cuerpo de una persona pueden suplir el hueco entre el espacio personal y el extra-personal», explica Pavani.

Según los citados psicólogos, la sombra actúa como una extensión del cuerpo al convertirse en un punto de referencia distante que ayuda a las personas a realizar sus tareas. El cerebro desarrolla un mapa interno que le permite definir exactamente donde está el cuerpo.

La imagen proyectada por éste podría formar parte de ese mapa. Humberto Castiello afirma que «cuando vemos algo a punto de contactar con el borde de nuestra sombra, la actividad cerebral sugiere todo lo contrario, como si el contacto no fuéramos a producirlo nosotros, sino que viniera del exterior».

Estos investigadores publicaron sus resultados en la revista Experimental Brain Research. «Hemos descubierto que las sombras del cuerpo actúan como un impulso o clave para nuestra atención selectiva; por ejemplo, nuestra habilidad para seleccionar información pertinente en el entorno», asegura Pavani.

Específicamente, han comprobado que el simple hecho de mirar la sombra de una mano, por ejemplo, alerta a la persona para los episodios táctiles que pueden afectar a esa parte concreta de su anatomía.

«Resulta notorio que esto sucede incluso aunque los participantes no tengan ninguna razón estratégica para dirigir su atención hacia una parte del cuerpo en vez de a otra. Así hemos podido llegar a la conclusión de que la sombra podría ser una clase especial de clave para nuestra atención selectiva. Otras claves especiales para el mismo fin son, por ejemplo, los ojos y ciertos movimientos biológicos», concluye Pavani.

Simon Unger, psicólogo de la universidad de Guildford (Surrey, Inglaterra) ha señalado que un fenómeno similar también se produce en otras situaciones: «Cuando los ciegos tienen que utilizar un bastón blanco, dicen que lo sienten como una extensión de sus dedos».

Esto explicaría que nuestros ancestros creyeran que su sombra se extendía más allá de ellos mismos y que era parte intrínseca de su ser, cuando no su propia alma o su cuerpo astral.

En muchos grupos primitivos existe la idea de que el espíritu de un hombre podría abandonarle temporalmente sin causarle la muerte. Los viajes que efectuaba en estos casos –por ejemplo, durante el sueño– podían ser peligrosos.

Si todo iba bien, el alma errabunda, por lejos que viajara, acababa regresando al cuerpo. Siempre que permaneciera intacta, el hombre normalmente estaba a salvo.

Pero si resultaba herida durante ese viaje, el cuerpo también resultaba herido y, si por algún motivo no podía regresar a éste, el hombre moría. El folklore recoge innumerables ejemplos de esta creencia.

La guardiana del umbral

Sin embargo, resulta más reveladora la visión que nos ofrece la psicología moderna. Ésta se refiere a la sombra como aquella parte del psiquismo inconsciente contiguo a la conciencia, aunque no aceptado necesariamente por ella.

Las bases las había sentado Carl G. Jung en 1945, al definir la sombra como lo que una persona no quiere ser: «Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad».

Esto sugiere que la fascinación que ejerce la sombra física sobre los seres humanos también podría surgir de que evoca inconscientemente a su homóloga psíquica.

Esta última se proyecta en los sueños bajo la figura de ciertos personajes que expresan aspectos no necesariamente maléficos, pero que pueden llegar a serlo. Según Jung, «sólo deviene peligrosa cuando no le prestamos la debida atención».

Exclusiva del Templo de la Luz Interior: Fotos reales de espíritus captadas en la Víspera de Todos los Santos (Halloween)

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Desde que el hombre empezó a enterrar a sus muertos, ha sentido la necesidad de seguir manteniendo un lazo invisible con sus seres queridos desaparecidos. Como decía Gregorio Marañón: “Nadie más muerto que el olvidado”.
Durante la celebración de la noche del 31 de octubre al primero de noviembre, el sentimiento de proximidad con los difuntos es tal, que se cree que el espíritu de cualquier difunto puede volver a descender, en esa noche especial de la Víspera de Todos los Santos (Halloween, en inglés, contracción de las palabras Al Hallows Eve), hasta el plano terrenal y allí visitar a sus familiares vivos.
En esta noche y por espacio de unas pocas horas, los muertos pueden estar entre los vivos, dado que este corto periodo o plazo es el tiempo en el cual el velo entre los mundos es más tenue o se disuelve y abre completamente y por tanto, los vivos y sus seres queridos ya fallecidos pueden establecer una mutua comunicación. Estas creencias han dado lugar al nacimiento de una multitud de leyendas y tradiciones al respecto, tantas que ni siquiera es posible resumirlas aquí.
Las imágenes que acompañan este artículo son una exclusiva del Templo de la Luz Interior y fueron tomadas en una reciente noche de Halloween, poco antes de la medianoche. El lugar es el patio trasero de nuestra casa, en Santiago de Chile, y las hicimos apenas terminamos de realizar un ritual de Queimada. En este artículo titulado: “Todos los Santos y Día de Difuntos. Cuando se abre la puerta entre los mundos y los muertos regresan para visitarnos“, está explicado con detalle.
Un par de veces al año, sobre todo en los solsticios de verano y de invierno y también en efemérides concretas, acostumbramos a reunirnos un grupo de amigos e invitados ‘especiales’ para, además de celebrar y compartir, hacer una ‘Queimada’. 
En todas las ocasiones, la presencia de “los amigos que están fuera” (como se les invoca en el ritual) se siente y se percibe de manera notoria por los asistentes; cada uno a su manera y según su particular sentido de la percepción, nota “algo”.
Sin embargo, en esa mencionada noche de Halloween fue la primera vez en la que, además de sentir, pudimos fotografiar “presencias”.
Para que se entienda la correlación de las seis fotos que aparecen a continuación y que damos a conocer públicamente por primera vez, hay que señalar que entre la primera y la tercera transcurrieron apenas dos minutos. Se trata en realidad tres imágenes, ya que las otras tres son ampliaciones consecutivas de la tercera fotografía, la más importante y en la que aparecen captadas dichas “presencias”.
Damos fe y les aseguramos que dichas imágenes son ABSOLUTAMENTE REALES, no hay ningún truco ni alteración de ningún tipo en ellas.
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En esta primera fotografía tomada en el patio, no se percibe nada especial ni fuera de lo común.
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En esta segunda foto, tras movernos un poco, cambiar el enfoque y disparar nuevamente la cámara, aparecieron justo al inicio del jardín, muy cerca de la puerta de acceso, unas abundantes y extrañas condensaciones de energía, o como se les quiera llamar… Pensamos que era humo de cigarrillo, pero ninguno de los presentes fumaba en ese momento. Visualmente, no percibimos nada de nada. Esas condensaciones o brumas neblinosas desaparecieron de manera tan súbita e imprevista y tan rápidamente como aparecieron.
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En esta tercera imagen está lo que más nos impresionó: al fondo del patio, junto a un parrón, se perciben las siluetas de dos espíritus (o quizás también alguno más) que se están elevando.
Dichos espíritus, fantasmas, presencias… podrán percibirlos ustedes mejor en las tres ampliaciones sucesivas de la tercera foto, que aparecen a continuación de estas líneas. (Pueden ustedes visualizar cada imagen por separado en un tamaño mayor, haciendo doble clic sobre ella).
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Aclaramos que sólo nos dimos cuenta de esas ‘energías raras’ o ‘anomalías’ pasadas 24 horas o más, cuando en la noche siguiente descargamos las fotos desde la tarjeta de memoria de la cámara al PC, y nos pusimos a revisarlas para enviar algunas de ellas a familiares y a los amigos que participaron.
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Para nosotros está muy claro lo que son esas ‘energías’: espíritus de seres queridos que llegaron en esa noche mágica de Halloween y, finalizado el ritual, se marcharon. Tuvimos la gran suerte de captarlos con la cámara, ya que con nuestra limitada visión humana, nada vimos y nada percibimos.
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Sinceramente pensamos que pocas veces se han obtenido imágenes de espíritus o de entidades de otro plano tan reveladoras y, repetimos, tan reales como éstas.
Las sometemos a su consideración y como siempre, agradeceremos todo comentario o sugerencia con respecto a las mismas.

Entes astrales malignos, médiums y contagios

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Antiguas enseñanzas espirituales de una gran variedad de culturas hablan de una auténtica “legión” de seres descarnados que habitan en una dimensión cercana a la Tierra. Este es el plano astral inferior, un triste pozo negro de los muertos, habitado por aquellos que han vivido vidas deshonestas, ignorantes o egoístas. Son entidades que, afligidas por el ansia de toda clase de placeres terrestres, su existencia decadente se enriquece gracias a su apego a ingenuos y necesitados individuos terrestres, a quienes en no pocas ocasiones vampirizan y roban su energía vital siempre que se les da la ocasión para ello.

Y así, estos entes se disfrazan también de guías o maestros, provocando el apego emocional en los seres humanos. Sus procesos mentales son tan rápidos como maquiavélicos; sus ansias vampíricas de energía humana no tienen límites. Estos espíritus descarnados o, en términos tibetano-budistas, los pretas o fantasmas hambrientos, son individuos cuyas mentes, en el momento de la muerte física, han sido incapaces de desembarazarse del deseo.

Esclavizados de esta forma, su personalidad queda atrapada en los planos inferiores aunque retiene, por un tiempo, su memoria y su individualidad. He aquí el término alma perdida, una entidad residual que no es más que un cuerpo astral en espera. Se condena a sí mismo a morir; ha elegido una segunda muerte.

En su libro,”El Cuerpo Astral“, el teniente coronel Arthur E. Powell asevera que muchas de las entidades que se reúnen alrededor de los médiums o personas sensitivas son gente que ha llevado una vida maligna y que se hallan llenos de deseos por la vida terrestre que han dejado atrás, y por las delicias animales que ya no pueden saborear directamente.

Por esta razón es tan peligroso invocar a esas entidades o “contactar” con los espíritus alegremente o de manera tan imprudente e irresponsable como lo hacen determinados autodenominados “médiums”, que en realidad no son tales ni tienen el don de la videncia, sino que más bien son personas que conocen a la perfección cómo aplicar la “lectura en frío” y que se aprovechan sin escrúpulo alguno, con la única intención de lucrar económicamente, de las emociones de quienes acuden a ellos/as en busca de ayuda o con la intención de contactar con algún ser querido fallecido. Por si ello fuera poco, algunas, si no en todas, de sus intervenciones públicas o televisivas están perfectamente  y casi al milímetro pauteadas (o pautadas) (1). Esos y esas presuntos/as “médiums” no saben o no son conscientes del inminente riesgo que corren de ser obsesionados o poseídos por alguna de estas entidades negativas del bajo astral, si es que no lo están ya.

Ampliaremos más esta temática, que consideramos muy importante y significativa, en posteriores artículos.

Y por otra parte, hoy en día, mucha gente arrastrada por la curiosidad y/o por la necesidad de una confirmación sobre la existencia del más allá o por la búsqueda de soluciones a sus vidas, entran en contacto con supuestos guías o supuestos maestros ascendidos, entregando así a seres invisibles su independencia mental, emocional y espiritual.

A causa de la ignorancia, las personas que practican el espiritismo, la canalización o la mediumnidad o que simplemente meditan pidiendo ayuda a un guía, se convierten en presas fáciles de estos espíritus y fantasmas hambrientos.

Además, tenemos el problema de que las personas ingenuas e ignorantes no sólo atraen a espíritus descarnados, o sea entidades que alguna vez han ocupado un cuerpo humano, sino que también atraen a otro tipo de entidades, que nunca han sido humanos y que se conocen comúnmente como entidades oscuras o demonios.

El verdadero buscador de la verdad espiritual sabe muy bien que no se puede atentar contra el orden natural de las cosas y que aquellos que utilizan sus facultades o cualidades mediúmnicas de manera irresponsable o imprudente pueden fácilmente ser alimento de todo tipo de entidades negativas.

Todos aquellos que practican la canalización, en cualquiera de sus formas, y especialmente si, como decimos antes, lo hacen de manera irresponsable para obtener un lucro o beneficio económico, deberían reflexionar y ser muy conscientes de qué están realmente haciendo y a qué riesgos se están enfrentando. Tendrían que leer todo el material posible al respecto antes de siquiera empezar a experimentar, además de estudiar muy bien sobre la variedad de seres que habitan en los reinos invisibles.

Invocar a verdaderas entidades espirituales de altas esferas de conciencia no es tarea para cualquiera, ya que se requiere de mucha preparación; es decir, de una verdadera voluntad por conocer el universo y de llegar a la verdad.

Dice la experta Laura Knight en  una de sus obras: “Hoy en día, está de moda canalizar al “yo superior” o a los “guías espirituales”, enviar amor y luz sin haber sido solicitado, (abriendo, de esta forma, un portal bi-direccional en donde las energías negativas que uno busca “transformar” pueden rebotar hacia el que las envía, etc. Sin conocimiento y habilidad para discernir, uno se halla sujeto no sólo a los caprichos de las entidades de paso que escuchan la llamada, sino también a las leyes cósmicas, las cuales son abismalmente ignoradas por la mayoría de los seres humanos”.

En este sentido, algunos médiums o canalizadores se “rodean a sí mismos con luz”, o rezan y especifican en sus invocaciones “por mi bien”. Lo que no se dan cuenta es que esto constituye realmente un permiso y una invitación para cualquier entidad descarnada que realmente cree que se halla actuando “por tu bien”, en su propio plano de pensamientos anhelantes y en la fijación de su ego terrestre. Los seguidores de la falsa metafísica, por ejemplo, son muy inconscientes del grave riesgo espiritual que corren al realizar alguna de sus invocaciones o ‘decretos’.

Tengan en cuenta todos ustedes, amigos lectores, que no estamos hablando de posesión demoníaca. Eso es algo totalmente diferente, aunque sigue las mismas reglas. Estamos hablando de la variedad de entidades, bienintencionadas o no,  que habitan o que andan vagando por en los planos astrales inferiores, los más cercanos a nuestro mundo material, debido a su ignorancia o a alguna clase de afinidad que todavía sienten hacia la Tierra y que se aprovecharán de cualquier ocasión que les sea propicia para regresar a donde un día estuvieron.

(1) pautar: dar normas o directrices para llevar a cabo una acción.

 

 

Fotografió un fantasma en un parque conocido por los reiterados suicidios que allí tienen lugar

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Un senderista que recorría un parque nacional en la localidad australiana de Goomburra, lugar donde se registraron una gran cantidad de suicidios, se dio cuenta que en una de las tantas fotos que había tomado aparecía una extraña figura entre los arbustos, que parecería ser el fantasma de un hombre calvo.
Brokc David, que dedica gran parte de su tiempo al senderismo, recorría un parque nacional en Goomburra, en Toowomba, Australia, cuando se detuvo a fotografiar un lugar al que se conoce por la gran cantidad de suicidios que ocurrieron allí. Al momento de mirar las fotos, notó la presencia de un extraño ser entre los arbustos.
La imagen fue publicada en la página de Facebook “Toowomba Ghost Chasers” -“Cazadores de fantasmas de Toowomba”- el pasado jueves por la noche. Allí se puede ver entre las ramas a un hombre calvo con una barba de pocos días vestido con un suéter rojo. “Sentí que me estaban observando”, dijo Brokc, autor de la foto.
El grupo de cazadores de fantasmas explicó que los senderistas que frecuentan la zona raramente ven a alguien vestido de rojo en medio de los arbustos.
Varios internautas que se dedicaron a analizar la foto aseguran que es auténtica y que incluso hay otros espíritus en la misma imagen. “No lo puedo creer, en la foto hay otros tres espíritus sentados en las ramas, una nena y un nene”, dijo uno de ellos, que además se encargó de marcar los lugares.
Cabe destacar que la localidad de Toowomba es la ciudad australiana que más avistamientos de fantasmas registró en el mundo. Es por eso que cazadores de todo el planeta se acercan a esas tierras en un intento por captar todo tipo de actividades paranormales.
Fuente: tiemposur.com.ar