Archivo de la categoría: Depresión y pánico y otros males psíquicos

Cómo afrontar la ‘primavera gris’

Para la mayoría de las personas, la llegada de la primavera produce alegría, el hecho de que los días son más largos y ver que el ambiente se llena de colores mejora el ánimo en general. Sin embargo, en esta época del año, ocurren más suicidios por la llamada «primavera gris».

Según explicó el psicólogo, Giorgio Agostini, esta conducta se explica por las denominadas «depresiones por periodos estivales», que se relacionan directamente con las distintas estaciones del año.

Es así, como en el invierno, las personas depresivas están más «desganadas» y el frío y el tiempo gris se asocia más con lo que ellos piensan, por eso están más cómodos.

El problema, según manifestó el experto a Agencia ORBE es que, «en la primavera, hay un fenómeno muy interesante, porque aumenta la luz y por lo tanto esto debería compensar a esta persona, pero no es así porque todo lo que la persona está sintiendo es que la primavera. La gente se muestra más contenta, hace que sienta una diferencia y piensa que mientras yo me siento deprimido y no me siento bien veo que todos los demás están bien menos yo».

En ese momento, indicó el experto, se produce una «contradicción, una comparación inconsciente y subliminal, que hace que las personas se confundan y se empiecen a desesperar y no saben qué hacer», explicó el sociologo, y ésta sería una de las causas del suicidio.

Agostini indicó que para ayudar a quienes sufren una «primavera gris», es esencial hacerlos partícipes e incluirlos en las actividades diarias, es decir, invitarlos a salir, hacer que cambien su ropa por otra de la temporada, preocuparse de saber cómo están y que sientan que el resto no los ha dejado de lado.

«Es importante hacer que la persona depresiva participe de algún modo durante la primavera e incorporarlo, porque la persona ya está deprimida, tiende a aislarse y a ensimismarse dentro de si y eso aumenta aún más la diferencia entre lo que está pasando en su interior y lo que pasa a su alrededor», agregó.

El profesional sostuvo, además, que «para detectar si alguien sufre de este tipo de patologías, es necesario fijarse en las señales y manifestaciones físicas como que, mientras todas las personas están más alegres, esta persona empeora su estado de ánimo, empieza a ponerse más negativa más crítica, se aislada».

En tanto, físicamente apuntó que «hay que fijarse en las alteraciones de sueño, dolores de cabeza intensos, molestias gastrointestinales o molestias físicas como dolores musculares».

Fuente: ORBE

Síntomas del mal de ojo y técnicas para detectarlo

El mal de ojo es un malestar generalizado que comienza por agitación, cansancio, y evidencias de una mala racha, sin motivo justificado, en todos los asuntos que estamos realizando, llevando a cabo o planificando; negatividad que va ‘in crescendo’ acumulando malestares y molestias. Asimismo suele ir acompañado de problemas físicos no habituales.

¿Cómo se produce esto?: Esencialmente, a través de una asimilación o de un ‘contagio’ de energía dañina transmitida  por otra persona, ya sea  voluntaria o involuntariamente. Puede ocurrir que el provocador desconozca su propio poder y lo más seguro es que no sea consciente de sus propios deseos o envidias hacia los demás; pero eso no quiere decir que igualmente no sea el causante.

Ciertos síntomas son indicativos de mal de ojo provocado. En los niños, hay tres síntomas muy definidos:

– Llanto continuo (sin haber causa aparente alguna).

– Falta de apetito.

– Insomnio (se suelen despertar por la noche).

Síntomas en personas adultas:

1.-Insomnio

2.-Pesadillas y sueños negativos repetitivos.

3.-Sobresaltos durante el sueño (se despiertan con sensación de azoramiento, aturdimiento y/o agobio).

4.-Pesadez y opresión en el pecho, ya sea dormido o despierto.

5.-Presión en la garganta por un sueño ocurrido en las últimas horas de la noche. Siempre en este caso el despertar es sobresaltado.

6.-Tensión nerviosa. Estado de nerviosismo y ansiedad generalizada; aunque hay que tener en cuenta que debe concurrir algún otro síntoma.

7.-Falta de energía. La persona se encuentra en un estado de energía bajísimo,  habitualmente cansado y agotado.

8.- Depresión.

9.- Mareos y vahídos.

10.- Mente confusa. Muestras de no comprender cosas simples, olvidos, sensación de embotamiento. Pérdida de memoria.

11.- Náuseas, vómitos y falta de apetito

13.- Inapetencia sexual.

Otros síntomas en muchas ocasiones son el experimentar tristeza, llanto, dolores de cabeza, estómago y espalda sobre todo. Tensión nerviosa y falta de concentración son características muy sintomáticas. A esto se añade que los médicos no encuentran en muchas ocasiones motivo justificado para estos estados; y evidentemente, a partir de ahí, ya tenemos el caldo de cultivo para que se sumen los problema de relación de pareja, con secuelas tales como la impotencia o inapetencia sexual. Los mareos, la pérdida de memoria, la desgana o el desinterés por la vida aparecen en escena, y como consecuencia llegan problemas laborales y económicos, bien sazonado todo ello con  disputas familiares. El resultado es una crisis personal, en la que lo más difícil es detectar la causa. En una palabra, la persona ha perdido su vibración energética habitual y todo se viene en su contra.

El hecho de que todos tengamos uno o dos de estos síntomas no significa que estemos afectados por el mal de ojo; deben coincidir varias de todas estas características citadas; y así y todo, debemos cerciorarnos efectivamente y no quedarnos con ninguna duda de que el aojamiento se ha producido.

Cómo detectar el mal de ojo

Ante todo, se debe prestar mucha atención a cualesquiera de los síntomas antes mencionados. Ellos  son los que nos van a indiciar que algo fuera de lo normal está ocurriendo. Una vez que ya hemos tomado conciencia de que coinciden muchos de los puntos del anterior apartado, haremos una comprobación. Hay varios métodos o técnicas para ello. Aquí les indicamos a ustedes las que en el Templo de la Luz Interior conocemos  para detectar el mal de ojo:

1. Quemar sal gruesa (sal de mar)

Se debe preparar una pequeña cazuelita de barro o de metal, en la cual se echará alcohol y se le prenderá fuego. Según va ardiendo el alcohol, la persona que supuestamente tiene mal de ojo tomará puñaditos de sal gruesa (idealmente sal marina) y, pasándola por sus manos, la irá echando al fuego. Si el crepitar de la sal gruesa al irse quemando es realmente muy fuerte, esto indica que la persona tiene mal de ojo.

2. La sal que trepa

Se toma un plato, a poder ser de cobre, en el cual se echarán vinagre y unos puñados de sal gruesa. Dicho plato se pondrá debajo de la cama de la persona de la cual queremos saber si tiene mal de ojo. Transcurridos tres días, si la sal ha trepado por los bordes del plato, llegando a veces incluso a desbordarlo, esto significa que la persona tiene mal de ojo. Éste es el método o técnica que nosotros más recomendamos.

3. Agua y aceite

Será necesario tener a mano un vaso con agua limpia y un recipiente con aceite de oliva. Se utilizará un cabello como testigo, que se  colocará sobre la superficie del agua; o bien se escribirá el nombre completo de la persona en un papel y sobre el mismo se colocará el vaso con el agua. A continuación se vierten tres  gotas de aceite en el vaso de agua, rezando tres padrenuestros, uno por cada gota. Hecho lo anterior hay tres posibilidades de resultado:  a) que el aceite se hunda, lo cual implica la existencia real y absoluta del mal de ojo;  b) que el aceite flote disperso, lo cual implica que hay una posibilidad de que exista mal de ojo, pero no certeza total; y c) que el aceite flote agrupado, formando una masa compacta, lo cual nos da a entender que no hay mal de ojo en absoluto.

Cuando se ha detectado un mal de ojo, lo que la persona debe hacer es realizarse una buena limpieza, y a continuación, poner en práctica los rituales y técnicas de protección necesarias para no ser ojeada de nuevo y para que, si es víctima de tal acción, no vuelva a causarle efecto alguno.

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Exorcismo, enfermedad y fenómenos sobrenaturales

Si usted está comiendo tranquilo y de pronto su acompañante dice que escucha voces o sin causa aparente cambia su personalidad de un minuto a otro y se vuelve intolerante y agresivo. ¡No se asuste! ¡No está frente a una posesión demoniaca! Es un síntoma de epilepsia. El doctor Francisco Shimasaki Martínez, especialista en el Hospital Psiquiátrico «Fray Bernardino Álvarez» de Ciudad de México, indicó que el 50 por ciento aproximadamente de los pacientes que acuden a consulta o están en hospitalización padecen esta enfermedad.

En antaño y actualmente en algunas regiones del país, explicó, esta enfermedad junto con la esquizofrenia (enfermedad mental grave que presenta alteraciones como las alucinaciones, ideas extrañas, aislamiento, cambios importantes de personalidad), eran consideradas como posesiones demoníacas. Se calcula que este padecimiento se presenta en el uno por ciento de los mexicanos, un millón de personas.

En esta lista también se encuentra la depresión grave, las personas que la padecen presentan síntomas como tristeza, angustia, dificultad para concentrase, fatiga, problemas para dormir, además de pensar en la muerte e incluso realizar actos suicidas.

El doctor Francisco Shimasaki Martínez señaló que hoy en día algunas personas con falta de conocimiento confunden estas enfermedades mentales con la presencia de fenómenos sobrenaturales. «Lo hemos visto en algunos de los pacientes que vienen a consulta, antes habían acudido con curanderos o brujos para realizarse ‘limpias’ y nos dejan al final en la lista de con quién asistir», explicó.

Describió que en uno de sus casos, los familiares de un paciente recurrieron con personas que les cobraron 80 mil pesos para que su hijo «esté bien». Cuando en realidad, indicó, sólo tenía esquizofrenia. Pero se valieron de la buena intención y la inocencia de estas personas.

«En algunas partes de la provincia se sigue pensando que existen enfermedades como el susto o el mal de ojo, originadas por mala intención de otra persona. La gente recurre a la medicina tradicional y a remedios mágicos. Nosotros les decimos: «Tómese su tecito, pero también la medicina. ¿De acuerdo?, váyase a hacer su limpia, pero me viene a consulta». Vemos que tener fe, creer en esa alternativa les ayuda a las personas. Lo utilizamos como algo que puede coadyuvar», expuso.

Advirtió que si el paciente acude primero con un curandero o con alguien que le haga limpias, eso puede retrasar su recuperación y hacer que desarrolle síntomas que después sean más difíciles de tratar.

Recalcó que sólo recibiendo un diagnóstico oportuno y un buen tratamiento se tiene una oportunidad de mejoría de los pacientes. «Culturalmente la gente no decide ir al psiquiatra por el estigma y la etiqueta que se adquiere. En el caso de la depresión es muy difícil de aceptar por los hombres, porque se piensa que la depresión es sólo para mujeres, que le pasa a gente débil, o porque que no tienen carácter o no carecen de inteligencia. Se sabe que cuando acuden a recibir atención, en forma temprana, los trastornos se recuperan en un 80 a 90 por ciento», expuso.

Psiquiatras y exorcismo

En algunos casos, en los tratamientos psiquiátricos se han tenido que recurrir a montajes de exorcismo. A este concepto, refiere el doctor Shimasaki Martínez, se le conoce como seudoposesión, en el cual la persona afirma que sus acciones y sus pensamientos están influidos por una entidad.

El tratamiento consiste en hacerle creer que se le está haciendo un exorcismo. Se consigue a alguien que haga la parafernalia: viene vestido de sacerdote, trae agua, hostias y hacen rezos. Es una manera de sugestión. Sí en psiquiatría se ha utilizado.

«¡La sugestión es formidable! El poder de la mente es maravilloso y utilizado a favor es bueno. Si yo le digo a alguien que lo están embrujando, se sugestiona y él actúa como embrujado. Hay gente que le va muy mal por la sugestión», dijo.

En medicina, precisó, se conoce como efecto placebo. Yo le puedo dar a una persona una sustancia sin efecto alguno y decirle que es el mejor medicamento que existe: la gente experimentara cambios y un beneficio. El 30 por ciento de las personas se curan muchos síntomas por el efecto placebo.

Recordó que un sacerdote, con quien lleva buena amistad, le narró que seguido le llevan gente poseída, a los cuales ayudaba haciéndoles creer que les practicaba un exorcismo, además de convencerles que recibieran una valoración médica.

Las enfermedades y sus causas

Explicó que la epilepsia tiene como origen un problema neurológico, aparece de manera abrupta en los casos graves con crisis convulsivas y en casos leves con cambios de personalidad, alucinaciones visuales, auditivas, corporales, la gente afirma que la están espantando, que le están mandando mensajes, escucha voces o experimenta sensaciones corporales como posesión.

Sus causas son multifactoriales: principalmente son por herencia, consumo de alcohol, uso de solventes, por parásitos, tumores, hipoxia neonatal, traumatismos craneoencefálicos o malformaciones congénitas.

En la esquizofrenia las personas tendrán alteraciones igual de los sentidos: pueden ver y oír cosas. Eso se conoce como alucinaciones. También puede tener las ideas, tienen que cumplir una misión en el mundo, de que Dios les está hablando y tienen que salir a predicar la palabra de Dios. O al contrario que son poseídos por una entidad maligna y que tienen un cometido distinto.

Indicó que la esquizofrenia se ha modificado gracias a los tratamientos psiquiátricos y farmacológicos que existen. Anteriormente para la esquizofrenia no habría mucho que ofrecer.

En estos casos, enfatizó, sólo era la observación y el aislamiento de las personas. El deterioro llegaba a tal grado que asemejaba un cuadro de demencia. Tenían un comportamiento extraño, muy bizarro, era difícil socializar con ellos. No entendían el mundo como lo vemos nosotros. Esto se le atribuía a la presencia de alguna entidad maligna.

Otras culturas, agregó, también hablaban de la aparición de esta enfermedad debido a las acciones en otra vida. Si yo hice algo malo en esta vida, tendría alguna alteración. Esto se puede ver en algunas culturas, en los hallazgos que se han hecho se han encontrado cráneos trepanados -es la apertura del cráneo.

«Ellos tenían la idea que al abrir el cráneo, iba a salir el espíritu maligno, por eso algunos restos tenían cráneos trepanados. Se creían en ese tiempo que las enfermedades mentales eran la posesión de una entidad», ilustró.

En el caso de la melancolía, actualmente conocida como la depresión grave, es una enfermedad que ha avanzado tanto que al grado tal que la persona carece de toda voluntad, deja de comer, se abandona, no se baña, no se cuida.

En antaño, ejemplificó, si un hombre estaba enamorado de una mujer y ella no hacía caso a sus peticiones, entonces él entraba en un cuadro depresivo. El, entonces, decía que la mujer le había alterado el alma y le atribuían acusaciones de hechicería o de brujería. «Decía: me embrujó porque yo al conocerla he renunciado todo, ya no tengo contacto con mi familia, sólo pienso en ella. Por eso se le podía hacer ese tipo de alusiones», indicó.

Fuente: Judith García / El Sol de México

La meditación ayuda en la cura de la depresión

Fuente: Efe

La meditación trascendental puede ser una forma efectiva de reducir la depresión, según dos estudios presentados en la reunión anual de la Sociedad de Medicina del Comportamiento, que se realiza en la ciudad estadounidense de Seattle.

Las investigaciones, realizadas en la Universidad Charles Drew, de Los Ángeles, y la Universidad de Hawaii, incluyeron a participantes de Hawai mayores de 55 años con riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares.

Se considera que la depresión es un importante factor de riesgo en este tipo de dolencias, de acuerdo con los científicos.

Los participantes de ambos estudios que practicaban la meditación trascendental mostraron una reducción importante de los síntomas de depresión en la comparación realizada con los grupos de control.

Los estudios, que fueron financiados por los Institutos Nacionales de la Salud, indicaron que la mayor disminución se registró entre los participantes que tenían síntomas de depresión clínicamente importantes.

«Estos resultados son alentadores y apoyan las pruebas de la eficacia de la meditación trascendental como auxiliar terapéutico para el tratamiento de la depresión clínica», señaló Héctor Myers, autor de uno de los estudios y director de Entrenamiento Clínico del Departamento de Psicología de la Universidad de Los Ángeles.

En Estados Unidos se calcula que alrededor de 18 millones de personas de edad avanzada sufren alguna forma de depresión.

«No se puede sobrestimar la importancia de reducir la depresión entre pacientes de edad avanzada que enfrentan el riesgo de problemas cardíacos», manifestó Gary Kaplan, profesor de Neurología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York.

Por tanto, indicó, «cualquier técnica que no involucra una medicación adicional en este sector de la población es bienvenida».

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Dar las gracias trae salud y felicidad

Bill Golden sobrevivió más de 20 años en el ejército de Estados Unidos y otros 30 como agente policial. Enfermó de cáncer de colon y, a los 86 años, tiene una cadera artificial y artritis en las rodillas.

A pesar de ello, Golden de todas formas da gracias, y los investigadores dicen que esa actitud agradecida puede ser buena para cualquiera.

Desde hace tiempo los académicos han teorizado que las expresiones de agradecimiento promueven la salud y la felicidad, y dan optimismo y energía a los oprimidos. Ahora, el estudio de la gratitud se ha vuelto un campo floreciente, para sorpresa de muchos, y las investigaciones indican que el ser agradecido podría ayudar a la gente a sentirse mejor. Sin embargo, hay un requisito: es necesario dar las gracias más de una vez al año.

«Si usted no lo hace en forma regular no recibirá los beneficios», dijo Sonja Lyubomirsky, profesora de psicología en la Universidad de California, plantel Riverside. «Es como si usted fuera al gimnasio una vez al año. ¿Qué beneficios obtendría de ello?»

En los últimos años, los investigadores han tratado de medir los beneficios de la gratitud. En un estudio financiado por la Fundación Nacional para la Ciencia, el psicólogo David DeSteno, de la Universidad Northeastern, hizo que los participantes completaran una ardua tarea inicial de vaciado de datos sólo para perderla posteriormente debido a una falla de cómputo. Luego, un asistente de laboratorio, al parecer desconectado del estudio y que decía tener prisa para su propio experimento, recuperó el trabajo perdido al ayudar a los participantes.

DeSteno halló que era más probable que los que habían recibido ayuda del asistente, y que la agradecieron, devolvieran el favor, y que lo hicieran por más tiempo que quienes estaban en un grupo que no recibió ayuda.

«La gratitud lleva a la gente a actuar de formas virtuosas o más desinteresadas», dijo DeSteno, cuya investigación fue publicada anteriormente en el año en la revista Current Directions in Psychological Science (Tendencias Actuales en la Ciencia Psicológica). «Y construye respaldo social, que sabemos está vinculado con el bienestar físico y psicológico».

Robert Emmons, profesor de psicología de la Universidad de California, plantel Davis, dijo que quienes ofrecen gratitud son menos envidiosos y rencorosos. Duermen más, hacen más ejercicio y reportan un descenso en su presión arterial, dijo Emmons, que escribió «Thanks! How Practicing Gratitude Can Make You Happier» (¡Gracias! Cómo el practicar la gratitud puede hacerlo más feliz).

Brenda Shoshanna, una psicóloga de Nueva York, estuvo de acuerdo. «Uno no puede estar deprimido y agradecido al mismo tiempo», dijo Shoshanna, autora de «365 Ways to Give Thanks: One for Every Day of the Year» (365 formas de dar gracias: una para cada día del año). «Hace que una persona sea más saludable en lo físico, en lo mental, y en todos los aspectos».

En cuanto a Golden, no le presta mucha atención a los académicos. Simplemente reconoce que es «un tipo afortunado», agradecido por sus dos hijos, dos nietos, y su novia de 89 años.

Así, en el último jueves de noviembre, él y su familia se reunieron alrededor de la mesa para el feriado estadounidense de Acción de Gracias por las buenas cosechas. Se tomaron de las manos e hicieron precisamente lo que se conmemora en la ocasión: Decir gracias.

«Es sorprendente lo que esa palabra hace por una persona», dijo. «Es fácil de decir y hace mucho bien».

Fuente de la noticia: Associated Press

La hipnosis tiene efectos reales en el cerebro


La hipnosis tiene un efecto «muy real» en el cerebro, que puede ser detectado con escáneres, afirman científicos de la Universidad de Hull, en Inglaterra.

Según informa BBC Mundo, un estudio con voluntarios hipnotizados mostró en imágenes computarizadas cambios en las partes del cerebro relacionadas con el fantaseo y la imaginación. Estos patrones cerebrales -afirman los investigadores- no estaban presentes en los participantes que tomaron parte en las pruebas pero no fueron susceptibles a la hipnosis.

Tal como señalan los expertos, el estudio publicado en la revista Consciousness and Cognition (Conciencia y Cognición) apoya la teoría de que la hipnosis «prepara» al cerebro para quedar dispuesto a la sugestión.

La hipnosis es una técnica cada vez más utilizada para ayudar a las personas a dejar de fumar o perder peso, y en el Reino Unido algunos expertos recientemente recomendaron su uso en el Servicio Nacional de Salud para tratar a pacientes con síndrome de intestino (colon) irritable.

Sin embargo, tal como afirman los investigadores, todavía hay mucho escepticismo sobre si realmente existe el llamado «estado hipnótico».

Más susceptibles
No es la primera vez que los científicos intentan usar técnicas de imágenes de resonancia magnética funcional para monitorear la actividad cerebral en personas que han sido hipnotizadas.

Pero el equipo de Hull afirma que, en el pasado, los estudios se llevaron a cabo mientras las personas hipnotizadas realizaban determinadas tareas, de modo que no estaba claro si los cambios en el cerebro se debían al acto de efectuar una labor o al efecto de la hipnosis.

En la investigación reciente, el equipo primero analizó la forma en que los participantes respondían a la hipnosis y seleccionó a diez individuos que eran «altamente susceptibles» y a siete que no habían respondido a la técnica, aparte de quedar más relajados.

Posteriormente se pidió a los participantes que llevaran a cabo una tarea mientras estaban bajo hipnosis -como escuchar música no existente- y no sabían que se estaba monitoreando su actividad cerebral incluso en los períodos de descanso entre ocupaciones.

Los investigadores también llevaron a cabo escáneres cerebrales de los participantes sin inducción hipnótica para poder comparar los estados de descanso dentro y fuera de la hipnosis.

Los resultados mostraron que en el grupo «altamente susceptible» hubo una actividad reducida en la región cerebral involucrada en el fantaseo y en dejar correr la imaginación, lo que se conoce como la red de «modo por omisión» (DMN, por sus siglas en inglés) que se activa cuando el individuo no está enfocado en el mundo exterior y el cerebro está en reposo, aunque despierto.

No es relajación
Se cree que la hipnosis funciona «clausurando» el DMN, lo que deja al cerebro libre para concentrarse en otras tareas.Tal como afirma el doctor William McGeown, profesor del departamento de psicología de la Universidad de Hull y quien dirigió el estudio, los resultados son «inequívocos» porque sólo se vieron en los individuos altamente susceptibles a la hipnosis. «Esto demuestra que los cambios en el cerebro se deben a la hipnosis y no a la simple relajación. Nuestro trabajo muestra que la hipnosis es real», asegura el investigador.

Por su parte, el doctor Michael Heap, psicólogo clínico y forense basado en Sheffield, Inglaterra, comenta que este experimento es el primero que muestra los patrones cerebrales que apoyan la teoría de que la hipnosis funciona al «preparar» al sujeto para que responda de manera más efectiva a las sugerencias.

«Aún más importante es que los datos confirman que la relajación no es un factor crítico», agrega. «La información limitada de este estudio sugiere que este patrón de actividad posteriormente se disipa (por lo menos hasta cierto punto) una vez que los individuos comienzan a comprometerse con las sugerencias que se les dan».

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Esconder las emociones dificulta tener amigos

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Investigadores norteamericanos estudiaron a alumnos de primer año de Universidad. Aquellos que tenían dificultades a la hora de mostrar sus sentimientos, demostraron ser menos confiables a los ojos de los demás y generaban menos amigos.

Un estudio de la Universidad de Oregon reveló que los jóvenes que esconden sus emociones y sentimientos tienen más dificultades para establecer relaciones interpersonales.

El estudio incluyó a 278 novatos universitarios, o alumnos de primer año, que completaron bitácoras semanalmente con datos sobre el apoyo recibido por sus padres y amigos, su cercanía con otros compañeros y la satisfacción social y académica que reportaban. Luego, esa información fue comparada con la opinión del círculo cercano de cada participante, sobre cómo se comportaba y se relacionaba con los demás.

La investigación demostró que quienes no mostraban sus emociones tenían más dificultades para socializar, mantener y generar amistades.

La situación de transición que viven los jóvenes al entrar a la Universidad -que en Estados Unidos implica el salir de la casa de los padres- es un momento donde muchas veces se adopta esta actitud de retraimiento. «Esconder las emociones es algo que es común, pero que a menudo no es lo correcto», explicó el académico que condujo el estudio, Sanjay Srivastava. «No estamos diciendo que nunca haya que hacerlo, sino que en ciertos contextos puede tener efectos negativos, como en la transición a la Universidad».

Srivastava afirmó que otros estudios han mostrado que las personas mantienen ocultas sus emociones durante períodos en los que se sienten alienados o desconectados, o cuando una situación se les escapa de control. Sin embargo, esto desencadena la dificultad para confiar en los demás y para que éstos confíen en la persona.

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Salud mental: ¿drogas o terapia?

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En su reciente y polémico libro «Medicalizando la mente», el sicólogo Richard Bentall se lanza en picada contra el abuso de fármacos y el énfasis genético en los trastornos mentales.

Fuente:  latercera.com

Con la aparición de la fluoxetina o Prozac a mediados de los años 80, se pensó que las enfermedades mentales llegaban por fin a buen puerto. Depresión, trastorno obsesivo compulsivo, ataques de pánico y otros problemas mentales se creían destinados a desaparecer. El mundo parecía al borde de una felicidad permanente y algunos proponían añadir Prozac al agua potable, como una forma de elevar la calidad de vida.

Pocos años más tarde se vio que se estaba lejos de una solución biológica y radical de las enfermedades mentales. Debido a los fracasos e insuficiencias de la fluoxetina, la industria farmacéutica comenzó a producir nuevas drogas de la misma familia: inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina. Gracias a éstas, este neurotransmisor (la serotonina) mantiene altos sus niveles en el cerebro, con lo cual disminuye la agresividad, se mejoran el humor y el sueño. Pero las nuevas promesas de felicidad tampoco se cumplieron del todo.

Por eso, el sicólogo clínico británico Richard Bentall plantea que a pesar de los aparentes progresos en entender la enfermedad siquiátrica, los tratamientos han hecho poco para mejorar el bienestar humano. En su libro Doctoring the mind (Medicalizando la mente) advierte que las pruebas clínicas para estas drogas son, por desgracia, defectuosas. En su obra cita la sorprendente evidencia de la Organización Mundial de la Salud, que sugiere que los pacientes que sufren episodios sicóticos en los países en desarrollo se recuperan mejor que los del mundo industrializado, con mejores sistemas de salud, algo que su libro busca explicar.

Algunas críticas
Bentall asegura que en lugar de hablar de síntomas siquiátricos, es más exacto referirse simplemente a las «quejas» de los pacientes. Tampoco considera adecuado poner énfasis en que estos trastornos tienen una base genética, porque eso sólo sirve para crear el estigma del enfermo mental y alimentar su discriminación. Saber que tal o cual gen tiene alguna participación en determinado trastorno no se ha traducido en la cura del problema, dice.

A esto hay que agregar que el peligro de usar medicamentos siquiátricos a largo plazo supera con creces los beneficios. De hecho, recientemente, la gran mayoría de los antidepresivos han estado sujetos a revisión, debido a los riesgos de suicidio que tiene su consumo.

Bentall advierte que el gran debate sigue pendiente. Mientras algunos plantean que son los desequilibrios de la química cerebral los que causan la enfermedad, otros defienden que son los traumas, el estrés mantenido o los estados de abandono y miseria los que enferman y trastornan el delicado balance que debe existir entre los neurotransmisores.

Para este especialista, la siquiatría es una disciplina que más que descubrir enfermedades las inventa. No se hace un test de laboratorio para concluir que alguien padece una esquizofrenia o bipolaridad, tal como se hace con la diabetes.

Lo anterior explica que sea más frecuente el diagnóstico de esquizofrenia en Estados Unidos y Rusia, mientras que sea escaso en Europa. Este grado de especulación de la siquiatría facilitó también que en la ex Unión Soviética se etiquetara a los disidentes como esquizofrénicos.

Y aunque Bentall reconoce que en algunos casos los fármacos pueden ser útiles, no es menos cierto que hoy se busca extender el uso de medicamentos antisicóticos a los niños por tener conductas «disruptivas», lo que antes era simplemente un niño desordenado o inquieto.

Este sicólogo llama a fijarse más en solucionar las circunstancias adversas que puedan enfermar a una persona y confiar en el poder curativo de la conversación y, sobre todo, de escuchar.

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Meditar, más eficaz que tomar antidepresivos

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Las técnicas de meditación oriental o budistas, basadas en tomar plena consciencia de los vaivenes de la mente, las sensaciones del cuerpo y los fenómenos del entorno inmediato, al enfocar la atención en la respiración, pueden resultar tan eficaces como los fármacos para la depresión, pero sin sus efectos secundarios.

El empleo de la meditación como terapia antidepresiva no es algo nuevo. En su libro “El camino del zen para vencer la depresión”, el doctor Philip Martin relaciona las prácticas e ideas básicas del budismo zen con el proceso de curar la depresión, informa la agencia Efe.

Para Martin, quien ha trabajado durante muchos años como psiquiatra social en el departamento de servicios comunitarios del condado de Washington, en Minnesota, Estados Unidos, la depresión “no es sólo una enfermedad del cuerpo y la mente, sino también del corazón”, y nos conduce a través de sus realidades, de los miedos y dudas intrínsecas a dicha condición.

Ahora un nuevo estudio realizado por la Universidad de Exeter, en el Reino Unido, brinda más respaldo a las ideas de Martin, al asegurar que en algunos casos meditar puede ser tan eficaz o incluso más que medicarse para hacer frente a la depresión.

El tratamiento utilizado en la investigación dirigida por Willem Kuyken, se basa en algunas técnicas de meditación budista y se denomina «terapia cognitiva basada en la plena consciencia».

Propone una alternativa natural a los antidepresivos químicos, los cuales –según los autores del trabajo- “funcionan mientras se toman y son muy eficaces a la hora de reducir los síntomas de la depresión, pero que cuando se dejan de tomar aumentan la vulnerabilidad a una recaída».

El profesor Kuyken, señala que la meditación propone a los pacientes centrarse en su existencia presente, en lugar de obsesionarse con el pasado y el futuro. Se trata de mantener una atención sostenida en el “aquí y ahora”.

El estudio
Para este trabajo se reunió a dos grupos de personas con un largo historial depresivo, uno de los cuales fue tratado con medicamentos para la depresión y el otro mediante la terapia Zen de Kuyken, en ambos casos durante ocho semanas.

Después de esos dos meses de tratamiento, se dejaron transcurrir otros quince meses, al cabo de los cuales se comprobó que el 60 por ciento de quienes tomaron antidepresivos había recaído, en comparación con un 47 por ciento de recaídas entre quienes habían meditado como terapia.

“Hemos demostrado que cuando los pacientes se esfuerzan, estas habilidades de meditación les ayudan a mantenerse en buenas condiciones, y además es una opción viable para buena parte de las personas con esta enfermedad», ha señalado Kuyken.

Sentir la propia respiración
Una de las técnicas más sencillas y asequibles de meditación Zen consiste en sentir la propia respiración y centrar la atención en la entrada, permanencia y salida del aire de los pulmones.

“Perciba como inhala y exhala por la nariz, durante unos diez minutos. Enfoque toda su atención en las sensaciones que conlleva el acto completo de la respiración, sin despistarse. Sienta y atienda la cantidad de aire que mete en sus pulmones y su paso por las vías respiratorias, al recibirlo y soltarlo”, aconseja Ángel Viramo de Lope, experto en técnicas meditativas y director del Centro «El Olivo Zen».

“Inhale soltando el estómago, dejando que el aire llegue poco a poco hasta las clavículas. Cuando se de cuenta que se ha despistado de la respiración, porque un pensamiento ha captado su atención, vuelva a otra vez a recuperar el flujo de las sensaciones respiratorias”, prosigue el experto.

Finalmente aconseja: “Vuelva a la respiración consciente todas las veces que haga falta, hasta que su conciencia se entrene en aprender a enfocar y a mantener ese enfoque. Este ejercicio le hace más consciente del cuerpo y del momento presente”.

Lo ideal es practicarlo todas las mañanas y noches, al abrir y cerrar cada jornada de diez a veinte minutos, sentado cómodamente, con la espalda recta.

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Miedo, emociones y posesión por espíritus

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¿Se ha preguntado usted alguna vez, amig@ lector/a, cuál es la auténtica causa, la razón o motivo principal, de que en muchas personas se originen y produzcan fuertes estados de temor, de pavor incluso, o situaciones de estrés crónicas y duraderas? Y a esta pregunta, ¿le ha encontrado usted respuesta? ¿Sabe realmente qué hacer en estos casos?

No nos estamos refiriendo a estados de irritación pasajeros o de corta duración, a situaciones muy concretas de miedo por hechos aislados, ni tampoco a ataques breves de pánico. Aquí estamos hablando de auténticos estados de emociones negativas, de larga duración en el tiempo, estados y situaciones de tensión y estrés emocional que se alargan por meses en las personas que desgraciadamente los padecen; estados que muchas veces la persona afectada no es capaz de dominar, que se escapan de cualquier intento de control -incluso tomando fuertes dosis de medicación-, y que generan situaciones de intensa negatividad emocional, dirigidas tanto hacia uno mismo como hacia los demás, y que pueden llegar a auténticos extremos de devastación emocional (con destrucción de relaciones) o incluso de daño material.

Hablamos aquí de situaciones que generan síntomas y efectos físicos, tales como: palpitaciones aceleradas del corazón, intensas sudoraciones, frialdad en piel, manos y pies, náuseas, respiración acelerada, tensión muscular, pérdida de apetito, dolores de espalda, problemas de digestión o de colon irritable, dolores de cabeza, transtornos diversos de la sexualidad, continua sensación de cansancio, etcétera… Y estamos hablando asimismo de situaciones y estados que originan síntomas y efectos relacionados con la psique y las emociones, también de larga duración, como por ejemplo: inquietud, pensamientos y razonamientos caóticos, sensación de abatimiento y de pérdida de control, depresión, frustración, nerviosismo, problemas de sueño, indolencia, uso abusivo del alcohol y/o del tabaco, dificultad en la toma de decisiones, falta de motivación laboral, generación de pensamientos negativos, falta de seguridad en uno mismo, disminución de la capacidad de concentración, y muchos otros similares.

Las reacciones de las personas ante estas situaciones son muy diversas, pero hay un abanico de comportamientos relacionados muy directamente con el hecho de padecerlas: uso de psicotrópicos, sensibilidad a flor de piel, fácil irritación, comerse las uñas, estar siempre a la defensiva o en permanente actitud negativa, criticarlo todo, mostrarse agresivo, tener actitudes irracionales, reacciones exageradas, falta de objetividad, pérdida de memoria, falta de cuidado e higiene corporal, etcétera…

Aunque pueda parecer extraño a los lectores, son muchas las personas que atraviesan por los mencionados fuertes e intensos ataques de emociones negativas, pero son muchas menos las que se atreven o se deciden a admitir que las sufren. No pocas de esas personas tratan de mantener tales emociones controladas, o con las ‘riendas muy cortas’, aunque sea sufriendo las consecuencias tanto físicas como mentales de los efectos inhibidores de los medicamentos que les han sido prescritos por los médicos.

Y por otra parte, también hablamos aquí de los miedos y temores; los cuales no se manifiestan siempre con insistencia o en una forma de expresión concreta, sino que más bien se hacen evidentes a través de un continuo estado de espanto, de una prolongada permanencia de la persona que los sufre en un casi constante temblor nervioso, diríamos incluso que en un estado de pavor o de pánico crónico. A menudo, las víctimas de este tipo de temor no son capaces de identificar qué es lo que les está provocando tal estado. Se tiene «la sensación» de tener miedo de algo, pero al mismo tiempo no se encuentra ni se ve ningún motivo o causa racional para hallarse en dicho estado. Nada nos amenaza, y sin embargo tenemos miedo. La moderna Psicología definió un término para dicho padecimiento: fobia. Pero el estado al que nos referimos no consiste únicamente en fuertes manifestaciones de fobia (de cualquier clase, hoy día hay fobias prácticamente a todo), sino que también concierne a cualquier estado de temor más o menos intenso y que se manifiesta de manera crónica.

Para todos los hechos hasta aquí descritos hay una explicación distinta de la que suelen dar los profesionales de la Medicina convencional. Si algunas personas lo han presentido en alguna ocasión, lo más probable es que hayan rechazado la idea por parecerles ilógica, irracional o incluso insensata. Pero por más extraña o absurda parezca, esa explicación es la más sencilla y a la vez, la más coherente. La causa de la mayoría de los estados de temor, de emociones negativas, de las fobias incluso, no es otra que… una posesión por algún espíritu.

Ya hemos hablado del tema en este blog, mediante diversos artículos publicados; para más información recomendamos a todos los lectores explorar esta misma categoría temática, «Espíritus, bajos astrales, obsesiones, posesiones», y asimismo los artículos englobados bajo la categoría «Depresión, pánico y otras dolencias psíquicas». Pero nunca está de más profundizar en la cuestión, puesto que cada vez son más los lectores que nos comunican sus experiencias, o mandan sus preguntas y comentarios en demanda de mayor información.

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¿Posesión por un espíritu? Sí, en efecto. ¿Y qué es un espíritu? Básicamente -y muy resumidamente- y hablando en plural puesto que su número es incontable,  son entidades incorpóreas, entes inmateriales que, después de la muerte del cuerpo físico que los albergaba, no se marcharon hacia su destino, no subieron a la Luz, sino que se quedaron ‘pegados’ al plano terrestre y material. Por cualquiera de las muchas y diversas razones existentes, decidieron quedarse en el mundo de los vivos. Y para poder hacerlo, tienen una necesidad imperiosa: la de poseer a los seres vivos, a las personas. La causa primera es muy simple: necesitan de su energía para poder seguir ‘viviendo’. Lo hacen por puro instinto de conservación, por una cuestión de mera supervivencia.

¿Y cómo puede ocurrir que un espíritu, al poseer a una persona, le produzca un estado emocional o de temor tan fuerte, tan intenso y de tan fatales consecuencias en no pocas ocasiones, ya que llegan a terminar en auténticas tragedias? Para poder comprender este hecho, es necesario que expliquemos un poco a todos los lectores qué le sucede al espíritu (ciertas culturas o creencias hablarían aquí de alma, pero para nosotros es bien distinto) tras fallecer el cuerpo. Por las razones que sea, dicho espíritu, en lugar de irse al otro lado del telón (es decir, en vez de aceptar el hecho de la muerte física de su envoltura y emprender el camino hacia la Luz, en una nueva fase de su evolución o existencia), decide quedarse en el mundo de los vivos. Así pues, ese espíritu, tras ‘desprenderse’ del todo de sus últimos lazos con el que fuera su cuerpo físico, una vez éste ya se halla enterrado o inhumado en un nicho mortuorio, en lugar de ir ‘hacia arriba’, se dirige de nuevo hacia el mundo terrenal. Un mundo en el cual algunos de los principales ingredientes son las emociones, las vivencias, las pasiones.

Al tener lugar este hecho, se producen en el espíritu incorpóreo fuertes e intensos cambios en el aspecto emocional, de los cuales muchas veces ni siquiera llega él a ser consciente o a apercibirse de que le suceden. Por ello, ese espíritu deja de tener control sobre sus emociones, y él mismo se convierte en ellas. Si en un momento concreto sucede junto a él algún hecho o situación que provoque espanto, ese espíritu se convertirá en espanto, en temor. Si alguna cosa le hace ponerse nervioso, se convertirá en puro nervio, o en rabia condensada. Y ello sucederá así porque el espíritu no sabe controlar su nivel de temor o no puede hacer nada ante esa inquietud que le está atravesando. Simplemente, él se convierte en ello. De esta manera se explica la razón de que la presencia de un espíritu asustado en un cuerpo humano, cause tan fuertes estados emocionales. Y también proporciona una explicación sobre de dónde provienen dosis tan fuertes de emociones tales como cólera, enojo, ira, odio o venganza. Muchas veces dichas emociones extremas están constituidas por espíritus ajenos a la persona que las padece, espíritus que no saben dosificar dicha tensión.

Estas situaciones ocasionan serios problemas para muchas personas. En su comportamiento se producen emociones y reacciones sobre las que no tienen control, que no pueden dominar y que, por encima de todo, no son suyas. Por ello, muchas reacciones de gente que de alguna forma sufre la posesión de un espíritu, son completamente inadecuadas y desproporcionadas a la situación que las genera u ocasiona. Son reacciones exacerbadas o fuera de lugar que, al serle después contadas o explicadas, la persona que las ha experimentado siente profunda vergüenza, ya que desconoce por completo o no recuerda cómo pudo haberse producido tal comportamiento en ella.

Algo similar, cuando no idéntico, ocurre en los casos de temores o miedos persistentes. Puede darse el caso de que la persona esté poseida por un espíritu que tiene miedo de algo, por ejemplo de enfermarse. La persona afectada, ante cualquier mínimo problema de salud, ante un simple catarro o resfriado común, lo convierte en una dolencia grave, hasta tal punto que hace de ella un caso extremo de vida o muerte. Esa persona cree y piensa que poco a poco su salud irá empeorando, y que deberá ser ingresada en la UCI de un hospital, y que de allí irá a parar directamente a la funeraria. Puede parecer un caso extremo, pero se producen con esa intensidad en muchas más ocasiones de lo que el común de los mortales piensa. No debemos olvidar que somos nosotros mismos quienes creamos nuestra propia realidad por medio de nuestro pensamiento y de nuestras emociones. Por ello, si durante un tiempo prolongado vamos dando forma a una idea y la rodeamos de emociones, más pronto o más tarde se ‘materializará’ precisamente eso que estamos pensando.

Así, si una persona está poseida por un espíritu preocupado por la salud, comenzará enfermándose de algo inocuo para, poco a poco, irse agravando ese estado de salud con dolencias cada vez más serias. Y de igual manera funciona este mecanismo en los casos de todos los demás miedos: negocios, relaciones humanas, actividades laborales, de estudios o profesionales, etcétera…

Las consecuencias de estas dependencias de espíritus ajenos a nuestro control, sobre las cuales existe todavía mucha ignorancia y desconocimiento por parte del común de los mortales, pueden llegar a ser muy serias. Muchos sufrimientos de muchas personas podrían evitarse, si existiera más conocimiento y más conciencia de estos dos conceptos; por una parte, que el fenómeno de los  espíritus que poseen a la gente y les causan fobias y miedos, existe, es muy real y se produce a menudo. Y por la otra, que es posible y factible liberarse de tales espíritus, y protegerse debidamente contra ellos para que no nos afecten ni nos influencien de manera no deseada en nuestras vidas.