Archivo de la categoría: Brujería y magia negra y maleficios y mal de ojo

Magia y misterio de las campanas

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Las campanas de los templos son “bautizadas”  y consagradas antes de colocarlas en el campanario. Cada una tiene un nombre especial.

Dentro de la práctica mágica y religiosa, las campanas ocupan un lugar especial. Existe toda una tradición ligada al uso de las mismas con fines rituales. Las campanas de los templos conllevan una bendición y consagración especial que hace que posean el poder de atraer a los espíritus de luz y alejar a los de la oscuridad.

En la antigüedad, la consagración de una campana se realizaba bajo el nombre de ‘bautismo’. En este caso se realizaban los mismos rituales que en el bautismo de un niño, teniendo la campana un nombre, un lema o frase sagrada e incluso padrinos. Es costumbre considerar protegido un lugar donde llegan a escucharse las campanas de un templo. Puede decirse que hasta donde llega ese sonido, llega de algún modo su benéfica influencia espiritual.

En la iglesia antigua, por medio del sonido de las campanas bendecidas, se solía atraer la lluvia y conjurar a los espíritus negativos que provocan las tempestades.

En la práctica mágica –tema muy complejo y que aquí sólo citamos brevemente-, las campanas se utilizan tanto en lo que hace a su sonido específico (la nota en que está afinada) como en lo que se refiere al uso de un ritmo (la cantidad de veces que es tañida). En este último caso, se aplican números ligados a la matemática sagrada y su relación con los planetas y sus ángeles.

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El tañido de las campanas ahuyenta brujas y malos espíritus.

EL PODER BENÉFICO DEL SONIDO

En multitud de culturas y mitos, el sonido era considerado un elemento protector de la debilidad de los hombres ante las incomprendidas fuerzas del mundo subterráneo o del cosmos. El sonido servía para ahuyentar brujas y demonios, para conducir las almas de los muertos, para expresar el dolor o para producir una catarsis, acompañando rituales donde la danza y la música ocupaban un papel relevante.

El antropólogo James Frazer recuerda el poder benéfico del sonido cuando dice: “El sonido del metal tiene la capacidad para provocar la huida de demonios y espíritus, ya se trate del tintineo musical de unas campanillas o del son grave y profundo de una gran campana (…) el propósito verdadero del toque de difuntos era ahuyentar a los espíritus malignos que se cernían invisibles en el aire sobre el moribundo…

Durante la Edad Media se utilizaban los tañidos de las campanas de las iglesias para ahuyentar a los malos espíritus y las brujas. En el siglo XVIII, el prever Jean Baptiste Thiers enumera, en su Traité des cloches las distintas funciones del sonido de las campanas:

“[…] llamar a los fieles, cazar los demonios que están en el aire y disipar los truenos, relámpagos, tormentas, temporales, huracanes y vientos impetuosos”. J.B. Thiers. 1781. Traité des cloches, pág. 130.

En zonas rurales católicas, este uso que se daba a las campanas se ha conservado hasta épocas relativamente recientes, y el tañido de campanillas que se utiliza en el ritual católico, adquiere sobre todo un protagonismo especial en los ritos exorcistas.

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Árabes y judíos colocaban campanillas a los niños, para protegerlos del mal de ojo y a los enfermos, para expulsar al demonio causante de la enfermedad.

El uso de las campanas con finalidades apotropaicas (*) se encuentra asimismo en numerosas culturas. Ya antiguamente en los templos judíos se les daba la facultad de expulsar a los malos espíritus. Un pasaje del Talmud dice que era necesario colgar campanillas a los niños para protegerlos del mal de ojo. Entre los árabes, un remedio que se utilizaba para combatir la fiebre consistía en colocar colgantes sonoros a los enfermos, para conseguir de esta manera expulsar al demonio considerado causante de la enfermedad.

(*)Efecto apotropaico es el mecanismo de defensa que se atribuye a determinados actos, rituales, objetos o frases formularias, consistente en alejar el mal o proteger de él o de los malos espíritus o de una acción mágica maligna. Viene del griego apotrepein (‘alejarse’), y psicológicamente tiene que ver con la represión de lo malo.

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En las tradiciones esotéricas, su forma de copa invertida relaciona a las campanas con el útero universal.

UN RECEPTÁCULO MÁGICO

Las campanas son uno de los objetos más curiosos del mundo y están expuestas a numerosas leyendas, además de sonorizar, advierten, relajan y proyectan sonidos. Comúnmente cualquiera de nosotros puede pensar que una campana es un objeto sonoro más, pero es más bien un receptáculo mágico. Su conocida forma de copa invertida, tiene relación con el útero cósmico universal, representando la creación de toda la fuerza y energía. En un sentido más mundano es un objeto sonoro que ha sido usado para comunicarse, para presagiar y para advertir.

Tanto la historia de las campanas, como la historia de otros instrumentos es confusa. Los italianos dicen que ellos las han creado y que su nombre proviene de la región de la Campania italiana, pero esto no es tan así, ya que en la China oriental ya se las había estado usando desde hace 4000 años. Además está demostrado que en las ceremonias funerarias eran también usadas por los egipcios, y en la India eran utilizadas en las liturgias dirigidas a sus dioses. A partir del siglo VI se las comenzó a utilizar en las iglesias de Europa.

Las hay de distintos materiales, de barro, de cristal, de hierro, de madera, de cobre o de otros metales nobles. Los expertos aseguran que las campanas tenían una composición exacta para su construcción, pero más de una vez los fundidores, guiados por alquimistas, magos y sacerdotes, alteraban esa composición dejando así lugar a la magia, surgiendo campanas con poderes muy especiales.

Una leyenda cuenta que alguna vez una campana provocaba afectos alucinógenos a todo aquel que la escuchara, esto se debía a la vibración que producía. Las campanas, como antes señalamos, también han sido utilizadas para ahuyentar de los caminos a los espíritus malignos. Durante la Edad Media, para alejar a los duendes o espíritus burlones del camino se hacían sonar campanillas en todas las encrucijadas.

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 Cencerros de madera o metal y campanillas, se colocan al cuello del ganado para protegerlo de maleficios de brujas y de los malos espíritus

PROTECCIÓN PARA EL GANADO

Y asimismo, antes y ahora, ganaderos y pastores colocan a sus animales (vacas, terneros, bueyes, cabras, ovejas, etcétera) una gran variedad de cencerros y campanillas, con la finalidad no sólo de saber siempre dónde está la manada cuando pasta en los campos, sino también de que no se acerquen a ella ni las brujas ni otros espíritus malignos que puedan echar sortilegios o causarles cualquier tipo de daño.

En la obra Tractatus de hereticis et sortilegiis, de Pablo Grillando e impresa en 1545, encontramos el siguiente relato. Escrito en castellano antiguo, es fácilmente comprensible sin necesidad de traducción:

“Bolvia de sus juntas una bruja cavallera con el diablo volando por el ayre [refiérelo Grillando], era esto ya cerca del amanecer, a tiempo que en cierta ciudad cercana tocaron las campanas al Alba a saludar a Maria Santíssima, y al eco de las campanas, que invocaban a Maria, espantado el demonio, soltó en el ayre a la bruja, que con una terrible caída en un zarçal, allí llegando el día la hallaron y presentándola a los jueces fue castigada”.

Desde antiguo se han empleado campanas en una gran variedad de rituales mágicos, ceremonias religiosas, cultos, invocaciones, etc. En la civilización europea, por ejemplo, la campana es un elemento tan común que llega a pasar inadvertido; pero si nos fijamos un poco más, nos daremos cuenta de que forman parte integrante del paisaje habitual no solamente de los pueblos, sino también de las ciudades.

En numerosas tradiciones orientales, las campanas también se emplean con regularidad, siendo un ejemplo de ellas el budismo. También encontramos su representación dentro de antiguas culturas politeístas del ámbito europeo precristiano. Esto no hace sino demostrar que las campanas son, verdaderamente, un utensilio importante y con grandes virtudes.

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La vibración de las campanas limpia nuestra energía vital, según las tradiciones orientales. Foto: Campanas tibetanas.

ATRAEN ENERGÍAS POSITIVAS

Las campanas poseen la propiedad de atraer a los ángeles, y otras energías positivas, al lugar desde el que se hacen sonar. Su resonancia, vibración y sonido metálico es lo que atrae precisamente a esas energías, y lo que explica la extensión de su uso en tan variadas religiones alrededor del mundo.

En algunas tradiciones la campana también suele estar presente en los altares rituales, como representación del elemento Aire, y en apoyo al incienso. Es por la relación con el elemento Aire que la campana adquiere sus dones y la capacidad de conectar con los mundos superiores; ya que es a través del aire que circulan nuestras peticiones.

Dentro de las culturas orientales, por ejemplo, se cree que la vibración de las campanas atrae a las buenas energías e influencias para que nos traigan fortuna y limpien nuestro chi (energía vital).

Otra imagen mística de las campanas es su relación con el día del Juicio, del que se dice que en aquel día tañerán las campanas y sonarán las trompetas; ambos como elementos de llamada para las almas del mundo, que no sólo van a reclamar sino también a ser purificadas.

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Se cree que las almas humanas están conectadas al sonido de las campanas

UN SONIDO INCOMPARABLE

El sonido de las campanas acompañó a la coronación de gobernantes, fiestas en honor de las victorias militares u otros eventos públicos y, por supuesto, las campanadas sido durante siglos una parte importante del culto. Muchas leyendas dicen que las campanas tienen un alma, que viven y respiran. Sea esto último cierto o no, de lo que no se puede dudar es que campanas y campanillas tienen un poder especial.

Desde tiempos antiguos, se atribuyó a las campanas un poder mágico y misterioso. Se creía que a su sonido se despiertan cielo y tierra,  y que de forma invisible están conectadas con las almas humanas. Se dice que a veces la campana puede hacer un extraño zumbido, cuando nadie la está tocando. Si ello sucede, es señal de que en los próximos días uno de los parroquianos del lugar va a fallecer.

Como ya se ha mencionado antes, el sonido de las campanas aleja a los malos espíritus. Cualquier mal espíritu que oiga el sonido de una campana, se marchará del lugar lo más lejos posible. En la antigüedad se creía que el primer tañido de la campana  induce y hace caer a los espíritus impuros en un estupor; el segundo tañido los dispersa en todas direcciones, y el tercer golpe o tañido destruye a cualquier fuerza maligna que no hubiera escapado tras sonar los dos primeros.

Cuando en los siglos XVI y XVII se produjeron epidemias de peste, las campanas sonaron para dispersar el aire contaminado; el cual, según los médicos y los conocimientos de la época, había sido la causa tales epidemias.

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Campanario del pueblo chileno de Rere. 

LEYENDA DE LAS CAMPANAS DE RERE

Las campanas de Rere es una leyenda chilena sobre la localidad de Rere, ubicada en la Región del Biobío de Chile.

Las campanas provendrían de un antiguo templo del pueblo de Rere, que resultó destruido luego de un fuerte terremoto (la parroquia del lugar se levantó en 1927, pero quedó destruida por el terremoto de 1960, por lo que se reconstruyó en otro lugar relativamente cerca de su antigua ubicación). Se dice que estas campanas pudieron hacerse gracias a las donaciones de diferentes personas, quienes entregaron para sus fabricaciones joyas, monedas de oro, plata, cobre, bronce y otros metales. La aleación de todos ellos les dio un maravilloso tañido, e hizo que las hermosas campanas se escucharan a muchos kilómetros de distancia.

Sucedió que, en una ocasión, se quiso llevar las campanas de Rere a la ciudad de Concepción. Sin embargo, misteriosamente cuando las trasladaban en una carreta tirada por varias yuntas de bueyes, a poco andar no hubo fuerza que lograra hacerla avanzar. Pero el hecho más asombroso fue que cuando se decidió volverlas a su lugar, no se necesitó más que una sola yunta para hacerlo.

Josep Riera de Santantoni 

 Santiago de Chile, 2016 –  (C) Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción, total o parcial, sin autorización escrita del autor.

(Continúa en la segunda parte)

Los mágicos poderes del hierro

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El hierro ha sido un metal muy empleado desde tiempos remotos para la confección de diferentes herramientas sencillas sustituyendo, en su momento, los objetos elaborados con hueso y piedra.

 Una vez se propagó su uso, no se circunscribió sólo a aplicaciones puramente físicas sino que se utilizó en el mundo de los rituales mágicos específicamente de protección.

En este sentido, se ha considerado al  hierro como un poderoso talismán contra espíritus negativos, duendes,  genios y otras criaturas maléficas.

Anatema para duendes, brujas y hadas

Los duendes y algunos otros seres mágicos son extremadamente vulnerables al hierro.  Aparte del simbolismo ancestral del hierro como metal protector, por los tres clavos de ese metal con los que Nuestro Señor fue puesto en la Cruz,  tiene que ver con su capacidad de detectar campos magnéticos, los que usan para desplazarse y también para captar los pensamientos de otros  a distancias cortas. La presencia de hierro interrumpe esto y los llena de pánico.

Entre las cosas inanimadas, el hierro frío es anatema para todo el mundo de las hadas.

El pastor escocés Robert Kirk, que escribió la obra “La Comunidad Secreta de los Elfos, Faunos y Hadas” en 1691, y de quien se dice que lo raptaron las hadas por divulgar sus secretos y por haber tenido la temeridad de caminar por un montecillo que les pertenecía a ellas, dijo: “Se dice que estas Hadas son de una naturaleza intermedia entre el Hombre y el Ángel, lo mismo que se pensaba que los Demonios eran viejos. Son de espíritu inteligente y laborioso y cuerpo mutable y sutil, como el llamado Astral, con una Naturaleza parecida a la de una Nube condensada, y se ven mejor en el crepúsculo. Estos Cuerpos resultan tan fáciles de manejar para los sutiles Espíritus que los habitan, que pueden hacer que aparezcan y desaparezcan a su gusto”.

Kirk explica en su obra que “nada terreno las aterroriza tanto como el hierro frío” y añade que no tienen “nada de hierro y sí muchas cosas de pedernal amarillo”.

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Asusta a los espíritus

Es una creencia muy extendida que el hierro aleja a las hadas, las brujas, los demonios, los fantasmas y los genios. Esta idea ya aparece en La Odisea, donde se dice que “el hierro asusta a los espíritus”.

En un nacimiento hindú se colocaba hierro a los pies de la cama para ahuyentar a los espíritus malignos, práctica que se conserva en los países celtas, donde el hierro colocado en una cuna evita también que las hadas cambien el bebé por un sustituto. Si cualquiera entra en el submundo de las hadas o los gnomos, le conviene dejar un trozo de hierro a la entrada, para que no pueda cerrarse tras él, impidiéndole el regreso al mundo superior.

No es sólo a las hadas a quienes no les gusta el hierro: el hierro tiene una mala reputación casi universal. Los hindúes llaman a la edad final de destrucción y oscuridad en que ahora vivimos la Kali-yuga, edad del hierro, que viene al final del ciclo anterior al regreso a la nueva edad de oro.

Siempre ha habido una prohibición contra el uso del hierro en los ritos sagrados como, por ejemplo, la construcción del templo de Salomón donde “no había ni martillo ni hacha ni se oía ninguna herramienta de hierro en la casa mientras se estaba construyendo”.

Las hadas tocadas por el hierro, aunque sea por accidente, desaparecen inmediatamente del mundo mortal. Hay un cuento celta en el que una esposa hada advierte a su esposo mortal de los peligros del hierro: desapareció al rozar por accidente el freno de un caballo. Por eso, una herradura de caballo es un amuleto eficaz contra las brujas y las hadas malas.

Un cuchillo o cualquier objeto de hierro arrojado detrás de nosotros es eficaz para evitar que nos siga cualquier mortal con malas intenciones, dispuesto a crearnos problemas y un cuchillo debajo de un felpudo de la puerta principal protege la entrada a la casa. Ninguna bruja puede caminar sobre hierro frío.

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Temor a los herreros

A los herreros se les teme por su asociación con el hierro. Son también obreros de lo mágico, puesto que son “dueños del fuego” y el metal fundido es una cosa misteriosa, a la que se mira con miedo y terror reverencial. San Patricio rezaba contra “los hechiceros de las mujeres, los herreros y los druidas”.

Los herreros tienen tanto poder de creación como de destrucción. Igual que los albañiles poseen también secretos de la profesión y de poderes rituales de transformación, celosamente guardados y transmitidos únicamente a los iniciados. Los herreros parece que descienden de los ayudantes de los dioses del fuego: Vulcano, Lugo, Loki y otros. Se convierten en los enanos negros de los cuentos de hadas que fraguan las armas mágicas y las armaduras impenetrables. Este doble aspecto de creación y destrucción se refleja en los enanos que son o amables y protectores, como en la historia de Blancanieves, o malignos, como el de Blancanieves y Rosa Roja.

Los romanos incrustaban clavos en las paredes de sus casas para conservar la salud, en especial durante las épocas de plagas.  Igualmente creían que  trazando un círculo en el suelo con un objeto férreo se preservaba de influjos funestos a quien se encontraba en su interior, haciéndole inaccesible a hechizos y mal de ojo.

En la edad media se empleó el hierro como remedio contra la gota, la erisipela, panadizos e hinchazones, y de él se hicieron linimentos que aliviaron el picor de la sarna. Se pensaba, también, que el uso de  un anillo de hierro era eficaz contra el reuma y que si se colocaba una espada vieja junto a la cama, se prevenían retortijones y calambres nocturnos. Para quitar las verrugas, se restregaban con un trozo herrumbroso de hierro, en especial el que había sido forjado en  Jueves  Santo.

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Objetos de hierro en la pared

En cuanto a su aspecto mágico, al hierro se le atribuía la virtud de anular el poder de las brujas escondiendo un objeto de hierro en un rincón del exterior de la casa junto a un muro. Igualmente,  se consideraba, como una medida de protección, colgar  en la pared cuchillos, espadas, puñales viejos, tijeras -todos ellos siempre con las puntas hacia abajo-  y hasta herraduras, con fin de alejar los peligros. Y por otra parte, la Inquisición nos ha dejado numerosos ejemplos de los más bárbaros, crueles y espeluznantes instrumentos de tortura que uno pueda llegar a imaginarse, todos ellos construidos con hierro y madera: el potro, la picota, la dama de hierro, etcétera…

Hoy día aún se conserva la creencia  de que una herradura colgada en la casa sobre la puerta principal, confiere protección. Las  teorías en cuanto a la manera “apropiada” de colgar las herraduras difieren.  Sin embargo, se cree, mayoritariamente, que al contrario de los objetos cortantes anteriormente citados, las herraduras deben ponerse con las puntas hacia arriba. Lo ideal, siempre que se pueda, es clavarlas con tres de sus clavos originales.

A pesar que el hierro es un metal básicamente de protección, existen ciertos tabús.  Por ejemplo, no se deben recolectar hierbas curativas con cuchillos de hierro, ya que se cree que las vibraciones de este metal “obstruyen” y “confunden” las energías de las hierbas.

En la actualidad, se sigue considerando el hierro como un metal de protección, y se fabrican todo tipo de cruces con clavos de hierro y distintos amuletos.

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Pequeños rituales mágicos con hierro

También existen muchos rituales de magia al respecto.  He aquí algunos ejemplos:

-Poner pequeños trozos de hierro en cada cuarto de la casa, o enterrarlos en cada esquina de la propiedad.

-Obtener una vela blanca gruesa de 7 cms. de espesor y ocho clavos viejos de hierro. Calentar los clavos en el fuego (o en la llama de una vela roja), luego clavar cada uno en la vela blanca conformando un dibujo al azar. Encender la vela con los clavos y visualizarse  protegido, defendido y seguro.

-Esconder entre las ropas de un niño un trocito de hierro hasta que llegue el día de su bautizo.

– Para evitar que los alimentos se corrompan  o que la buena suerte huya de una casa tras fallecer alguien en ella, se recomienda tocar con un objeto de hierro todo lo que esté en la cocina y fuera de ella.

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Los barrotes de las celdas

En la actualidad muchas de estas antiguas costumbres han caído en el olvido, pero el uso del hierro, en su aspecto de protección, sigue siendo fundamental en ciertos lugares, como pueden ser las cárceles.

Un viejo sacerdote nos contó en una ocasión que los barrotes de las celdas en muchas prisiones se fabricaban de hierro,  para impedir no solamente que los presos pudieran escaparse, sino para que tampoco pudieran salir de las celdas los malos espíritus o incluso los mismísimos demonios que acompañaban o que permanecían pegados a  algunos de los condenados más crueles, como es el caso de asesinos o violadores.

Por eso, quizás, se escuchan con cierta frecuencia espeluznantes relatos sobre fantasmas o espíritus que siguen penando y manifestándose en distintas formas en cárceles y prisiones de todo el mundo.

Se trata de las entidades espectrales que están retenidas en esos lugares por el mágico poder del hierro de los barrotes, tras los cuales permanecen encerrados esos espíritus o demonios, porque no pueden atravesarlos.

Josep Riera de Santantoni 

 Santiago de Chile, 2016 –  (C) Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción, total o parcial, sin autorización escrita del autor.

 

Los muchos habitantes del bajo astral

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El Bajo Astral, entendido generalmente como el séptimo de los siete subplanos del mundo astral, es una dimensión llena de energías terribles en que pululan sombras, demonios, espíritus de suicidas, asesinos, violadores, magos negros y, según dicen algunos, también animales.

Resulta complejo explicar lo que es el plano astral. Para hacerlo es necesario empezar por el hecho de que en el Universo “todo vibra”, y esto se da tanto en el plano de la materia-energía que es objeto del conocimiento científico, como en planos o estados más sutiles en donde son otras las partículas, la energía y las leyes de causalidad. En este contexto, el plano astral no es un estado de conciencia o un espacio concreto, sino una dimensión. A su vez, este plano se divide a su vez en siete subplanos y cada uno de ellos tiene sus propias particularidades.

El plano más peligroso

El séptimo subplano del Astral, conocido como Bajo Astral, es el más bajo, siniestro y peligroso de todos: la brujería, las maldiciones, la llamada “mala suerte” y algunas extrañas enfermedades, encuentran en este subplano la fuente de su energía.

Una persona, a lo largo de su vida, puede ascender o descender dentro de los subplanos astrales, en función de la mayor o menor densidad de sus vibraciones energéticas. Así, las vibraciones más densas están vinculadas con los sentimientos, pensamientos y actos más bajos, mundanos, viles, malintencionados, etcétera. Contrariamente, los pensamientos elevados se asocian a sentimientos, pensamientos y actos de naturaleza opuesta, y conducen a la persona a vincularse con los subplanos astrales más elevados.

De los siete subplanos del mundo astral, el séptimo es el único que podría ser considerado como una especie de infierno; y, de hecho, según la Teosofía es éste, vivido de forma diferente según las creencias y pensamientos de los sujetos, el subplano que ha dado lugar al mito cultural del infierno, entendido como un lugar de castigo generalmente concebido como eterno.

Las peores energías espirituales

Es en el séptimo subplano donde se manifiestan las peores energías espirituales: la energia del odio, del rencor, de la ira, del egoísmo más crudo, de las tendencias homicidas, de las más retorcidas perversiones, del vicio incontrolable, etcétera… A este subplano van a parar los borrachos incorregibles y los drogadictos desmesurados, los asesinos, los ladrones, los violadores, los genocidas, los estafadores, los narcotraficantes, los maltratadores, etcétera… Este tipo de seres, vagan por el séptimo subplano en medio del sufrimiento y generalmente también en medio de la confusión, intentando, cuando pueden, satisfacer sus bajos deseos captando a alguien en el mundo físico para, a través de algún mecanismo parasitario, satisfacerse…

Por su parte, el sexto subplano es menos denso y no está habitado por espíritus y entidades malas (en el sentido moral) sino meramente materialistas. De ese mismo modo, a medida que se asciende, los subplanos se vuelven menos densos, más buenos y con mejores habitantes. Sin embargo, tanto el séptimo subplano como los primeros o los intermedios, no deben confundirse con el cielo, el infierno o algún otro lugar de morada permanente para el alma tras la muerte: no, pues son meras dimensiones de tránsito en las que el alma está por un periodo limitado de tiempo, pues posteriormente avanza al plano mental y después se reencarna. Por último, cabe decir que el plano astral interpenetra a nuestra realidad, a la dimensión en que vivimos, y la influencia puede darse tanto desde nuestra dimensión hacia la astral, como desde la dimensión astral a la nuestra.

Magia negra

Cuando un mago negro utiliza el Bajo Astral con malas intenciones, puede crear entidades que ataquen a otros, causando depresión, confusión y, en algunos casos, la muerte… Ese tipo de cosas son factibles gracias a la materia del bajo astral, empleada de diversas formas por los hechiceros.

En virtud de estos mecanismos, cuentan que muchos magos negros y brujas han perecido por enviar terribles maleficios a gente espiritualmente evolucionada, ya que las auras de estas personas no tienen fisuras y así el mal enviado se devuelve y regresa al emisor.

Lastimosamente, lo que sucede con la energía que envían los magos negros, no sucede con las entidades que crean, pues a veces esas entidades se independizan del mago o quedan libres tras ser empleadas, atacando posteriormente a gente inocente.

La Sombra

Durante el período intermedio entre una encarnación y otra, se da un proceso de purificación en el cual el Ego Superior (la parte que sobrevive de vida en vida) va, junto a la conciencia, pasando de un cuerpo sutil (el hombre tiene algunos cuerpos sutiles, siete en la mayoría de teorías) a otro, yendo del menos sutil al más sutil, y dejando atrás cada cuerpo sutil que abandona en el curso de esas transferencias, hasta finalmente no quedar sino sólo (o con el cuerpo causal según ciertas teorías) él, y la conciencia que volverá a activarse cuando se dé la siguiente encarnación.

Ocurre sin embargo que, cuando el Ego Superior de alguien deja el cuerpo astral para pasar al cuerpo mental, el cuerpo astral la mayoría de veces se desintegra, aunque eso a veces no ocurre en casos de personas que, o bien han sido malas, o sin ser malas han tenido muy acentuada la presencia de “bajas pasiones y tendencias” (alcoholismo, violencia, envidia excesiva, drogas, adicción al sexo, etcétera). En esos casos el cuerpo astral está demasiado vitalizado por esas energías negativas como para desintegrarse, a la vez que conserva suficiente energía psíquica (debido a que tiene algo de materia del cuerpo mental pegada) como para tener cierto grado de conciencia y autonomía. Aquel cuerpo astral que no se desintegró, constituirá una suerte de versión negativa del individuo, algo así como su lado oscuro desprendido…su sombra. Desgraciadamente y como ya se dijo, esa sombra preservará una pequeña porción del cuerpo mental del sujeto, y eso bastará para que pueda tener gran parte de sus recuerdos y pensamientos.

Todo lo anterior da cuenta de por qué, en las sesiones de espiritismo, los espíritus que se manifiestan son muchas veces sombras (los espiritistas muchas veces contactan con el séptimo sub-plano astral), y por qué abundan tantos testimonios de personas que ven a sus fallecidos como si éstos se hubiesen deteriorado moral y anímicamente. Así mismo, lo anterior explica el comportamiento destructivo y parasitario de las sombras; pues, si éstas están constituidas por energías astrales (y un poco de energía del cuerpo mental) negativas, intentarán alimentarse de miedos, emociones y tendencias nocivas para de ese modo postergar en lo posible su inevitable proceso de desintegración.

Cascarones

Existen dos clases de “cascarones”: el astral, correspondiente al cuerpo astral, y el etérico, que se corresponde con el cuerpo etérico, cuerpo éste que es consustancial al aura entendida como fenómeno electromagnético.

El “cascarón astral” es el cadáver astral de un ser humano, y en él, a diferencia de la sombra, no existe partícula alguna de materia mental, por lo que no tiene consciencia, inteligencia o autonomía. Es un simple ente pasivo que flota como nube en el mundo astral, aunque puede ser animado por médiums o hechiceros, al punto de asumir la forma de un fallecido o de un vivo, suscitando así nefastos engaños.

Por su parte, el cascarón etérico es el cadáver que queda del cuerpo etérico tras el proceso de desintegración del cuerpo físico, aunque ventajosamente no ofrece las posibilidades de animación que ofrece el cascarón astral.

El “cascaron vitalizado” posee el mismo grado de consciencia de un elemental artificial, entidad creada en virtud de lo que se denomina “forma de pensamiento”. Las formas de pensamiento están asociadas a pensamientos emitidos por sujetos, y en el caso del cascarón vitalizado, pueden haber sido creadas a partir de pensamientos malintencionados, proyectados con mucha energía y persistencia. Así, formas de magia negra como el vudú y el obeah, crean cascarones vitalizados a partir de formas de pensamiento, pudiendo engendrar entes con un poder suficientemente grande como para matar personas.

Por fortuna, se dice que el karma por crear cascarones vitalizados es terriblemente elevado.

Animales

Se cree que los animales capaces de sentir emociones (perros, delfines, monos, etcétera), esto es los animales más evolucionados, poseen cuerpos astrales, aunque mucho más débiles y simples que los cuerpos astrales humanos.

Estos cuerpos astrales serían la causa de las diversas historias que existen sobre animales fantasmas.

Ahora bien: ¿por qué estos fantasmas animales están más que todo vinculados al bajo astral?

Según refieren muchos expertos en el tema, cascadas de animales fantasmas surgen cada día en los mataderos de chanchos, vacas y otros animales que el hombre devora en embutidos, carnes empacadas y cosas por el estilo. Y esos entes están, en opinión de los citados expertos, imbuidos en terror y odio hacia el hombre, por lo que pasan directamente al séptimo subplano.

Esa es pues, según se dice, una de las principales razones espirituales por las que se recomienda ser vegetariano; ya que, la energía que esos animales producen en el mundo astral, nos perjudica aunque no lo notemos.

Suicidas y víctimas de accidentes

Se cree que ambas clases de fallecidos suelen afrontar una vida astral complicada.

Si la víctima del accidente era una buena persona, estará en un estado de inconsciencia hasta que transcurra el tiempo que, según su karma, debió de haber vivido. Transcurrido ese tiempo, recuperará la consciencia en los subplanos astrales elevados, por lo que antes habrá sido una entidad inconsciente en los subplanos inferiores, ya que no había acumulado suficiente energía negativa como para que su conciencia se active en el Bajo Astral, cosa aquella que representa un verdadero tormento.

Pero lo mismo no ocurre con una mala persona que muere en un accidente: ésta va directo al Bajo Astral, donde permanecerá consciente por un buen tiempo.

En cuanto al suicida, siempre incurre en una gran deuda kármica con su suicidio, pero la situación puede variar dependiendo de por qué se suicidó, en qué estado de consciencia se suicidó, y cuál fue su naturaleza moral y espiritual, tanto en la globalidad de su vida como en sus últimos momentos.

El karma por el suicidio suele ser una próxima vida llena de complicaciones y usualmente en un cuerpo seriamente limitado (alguien que nazca sin piernas, por ejemplo), y cierta teoría afirma que el suicida se queda penando en el Bajo Astral hasta que haya cumplido el tiempo que debió haber vivido, pero sumido en un estado de angustia, confusión y pesar.

Los maléficos brujos chilenos

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Los calcus y machis pertenecen a la cultura mapuche propiamente tal, que estaba propagada en Chile a la llegada de los españoles desde Copiapó hasta Taitao, siendo de carácter sorprendentemente uniforme, lo que se manifiesta exteriormente en que las diferencias de dialectos eran insignificantes (mucho menores, por ejemplo, que los de las diversas regiones de los países europeos). También los mitos y leyendas de origen mapuche estaban difundidos en todo aquel territorio.

Se agregó a ese acervo ancestral, sin embargo, el introducido por los españoles, y éste ha recibido muchas veces influencias indígenas; además, ha habido nuevas creaciones de mitos y leyendas.

Un campo interesante para estudiar estas relaciones es el referente a los brujos. Predomina en Chile la concepción española de la institución, pero se le han agregado influencias mapuches, sobre todo en Chiloé.

Vicuña Cifuentes cita diversos relatos sobre brujos descubiertos como tales.

Una criada, por ejemplo, solía recogerse temprano a su cuarto y no contestaba cuando se la llamaba, alegando al día siguiente haber estado con el mal, o sea, una enfermedad repentina que la hacía perder el conocimiento. Como el caso se repitiera, los patrones forzaron la puerta, encontrando vacío el recinto. Frente a un espejo había, sin embargo, una vela encendida y al lado de ella una cantidad de pequeños potes con diversas pomadas, que arrojaron a la acequia.

La empleada no volvió a aparecer, pero desde la noche siguiente la casa fue rondada por una perra que gemía lastimosamente: era la criada, quien, por haber desaparecido los ungüentos, no pudo volver a su forma de mujer y quedó transformada en perra hasta el fin de sus días. Aterrorizados, los patrones abandonaron la casa y el barrio.

De una manera similar, un padre que sospechaba que sus tres hijas eran brujas, las observó sigilosamente. Una noche vio salir tres zorras de la casa. Corrió a la pieza donde dormían sus hijas y encontró sus cuerpos inmóviles en sus lechos. Los colocó boca abajo y fuese a dormir. Al penetrar al día siguiente en el cuarto, encontró en él, además de los cuerpos inermes de sus hijas, a las tres zorras, que no habían podido penetrar en ellos para volver a vivificarlos, debido a su posición.

Estos dos casos son típicamente europeos.

Todos los brujos se dedican a ocasionar daños a otras personas, pues son incapaces de hacer el bien. Para lograrlo es necesario, sin embargo, saber el arte. Los maleficios comprenden, por ejemplo, la rociada o mal tirado, una especie de maldición lanzada desde la distancia; y el daño o mal Impuesto, que se verifica por cuenta ajena.

En este último caso es preciso entregar a la bruja (casi siempre se trata de mujeres) alguna prenda de la víctima (un cadejo de pelo, un trozo del vestido, etc.) y un perrillo: la bruja arranca a éste el corazón, lo envuelve en aquella prenda y lo hiere en seguida furiosamente con un alfiler, profiriendo horribles conjuros. La víctima sufrirá iguales padecimientos.

Es un ejemplo de la magia simpática, por medio de la cual se invierte el orden de los acontecimientos (se realiza simbólicamente el mal que se pretende ocasionar, esperando que se produzca realmente). Hay brujas que disponen para este efecto de dos maniquíes, uno masculino y otro femenino, clavando la prenda con un alfiler en el sitio en que se espera ocasionar el daño y haciendo en seguida los conjuros. Las prendas pueden ser agregadas también a un sapo, una lagartija, un murciélago, etc., que se hacen hervir en una caldera.

Es fácil reconocer a un brujo. Basta para ello colocar debajo de su asiento una tijera abierta en cruz, pues no podrá levantarse de él. Una cruz de plata llevada como amuleto sobre el pecho impedirá que una rociada penetre en el cuerpo: sólo se ennegrecerá. Si se lleva en el bolsillo la colilla de un cigarro fumado por el portador el viernes anterior, o bien simplemente un dientecillo de ajo (que inspira horror a los brujos), se evitarán las consecuencias del mal tirado. Si el mal ya ha producido su efecto, hay manera de salvarse buscando una gallina negra que no haya conocido gallo y humedeciendo la parte afectada con su sangre.

Se sabe que los brujos son sordos los días martes. Si se quiere que no escuchen lo que se habla en otros días, debe decirse: “Martes hoy, martes mañana, martes toda la semana”.

Un brujo nunca puede poseer más de dos reales (25 centavos), y tampoco cobrará más por sus servicios. Sin embargo, ellos custodian los entierros, que les llegan a pertenecer si no son recuperados por otro dentro de un año. Se designa, empero, a uno de ellos, transformado en animal, para custodiarlos. Este los desvía si se les acerca alguien, por lo cual es imposible encontrar la mayoría de los entierros. Ello sólo es posible cuando fallece el guardián y no se ha designado todavía otro para reemplazarlo, o bien el Viernes Santo.

Los maleficios de los brujos son producidos también por asquerosos brebajes que preparan, o bien por venenos. Ellos pueden quitar la razón a una persona, lo que también consiguen valiéndose de una aguja que han hecho pasar por los ojos de una lagartija. Son capaces de infectar con gérmenes la ropa dejada a secar en el patio.

Por venganza, pueden hablar a los muertos: los exhuman, llevan el ataúd al templo, donde lo abren, poniendo de pie al muerto y azotándolo, acompañando cada latigazo con apóstrofes en que recuerdan al fallecido los malos actos cometidos cuando estaba vivo.

Son capaces de desorientar a un transeúnte, haciéndole perder hasta el camino a su casa.

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La creencia en brujos está todavía muy arraigada en el país. Se sostiene que en las profundidades de la tierra hay a lo largo de todo el territorio una inmensa cueva, conocida con el nombre de Salamanca. Hay a ella muchos accesos, siendo los principales los de El Molle (al interior de La Serena), Talagante, Vichuquén y Quicaví (sobre la Isla Grande de Chiloé).

Se hace un distingo entre un brujo vulgar y otro que domina el arte, lo que requiere siete años de estudios. Todos se juntan, sin embargo, en asquerosos aquelarres que celebran en sus cuevas y que culminan en escandalosas orgías. En ellas se sirven exquisitos manjares y vinos en vajilla de oro y plata. A veces son invitados legos a esas fiestas. Si éstos hurtan alguno de los valiosos objetos que ven, pierden el conocimiento y se encuentran al día siguiente tirados en pleno campo; y si buscan aquellos objetos en sus bolsillos, sólo encuentran estiércol u
otras inmundicias. Un chivato hace guardia en la entrada de la cueva, y es preciso rendirle homenaje mostrándole el trasero.

Todas estas características son netamente europeas y comprueban el predominio de los elementos de ese origen en la formación de la cultura chilena.

Hay, sin embargo, también influencias mapuches. Se atribuye a los brujos, por ejemplo, llevar un macuñ o chaleco mágico y luminoso, que es alimentado con grasa humana. En él muestra el brujo acontecimientos por venir. En Europa existe un espejo mágico que desempeña la misma función. El nombre de ese chaleco es mapuche.

Donde esas influencias indígenas son especialmente grandes, es en Chiloé. El Obispo de Ancud, don Ramón Ángel Jara, se vio en la necesidad de ordenar verdaderas campañas para combatir allá la creencia en los brujos. En 1880 hubo en Ancud un famoso proceso por brujería, que ocasionó gran revuelo y que fue publicado finalmente en un folleto.

Se cree allá que los brujos están acompañados por invunches, a igual que los calcus, y que éstos son también los tripulantes del buque fantasma, el Caleuche. Las Voladoras son consideradas como brujas. Cuando los brujos quieren cruzar el mar, lo hacen sobre la espalda de un Caballo de Mar. Todos estos elementos son mapuches.

El Caballo de Mar es una especie de encarnación zoomorfa de las olas marinas, que tiene forma equina y arroja espuma por la boca. Los brujos lo gobiernan con riendas de algas marinas (cochayuyo). En tierra se puede apreciar su estatura, que no es superior a la de un quincho o cercado de estacas. Aun cuando el caballo sólo fue introducido por los españoles, es posible que antes se le atribuyera la forma de otro animal, pero puede tratarse también de un mito de origen europeo. Zeus se transformó en un toro y transportó a Europa desde Fenicia a la isla de Creta a través del mar. Los calcus logran llegar al Caleuche sobre el lomo del Caballo del Mar.

Extraído del libro “Mitos y Leyendas de Chile”, de Carlos Keller Rueff

Los maleficios de los calcus

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Los mapuches distinguían claramente entre la magia blanca y la negra. La primera era beneficiosa para el individuo, pues por medio de ella podía sanar de alguna enfermedad, recuperar un objeto perdido, conocer el futuro, saber quién pretendía hacerle a uno un mal, o bien conocer al malhechor que ya había logrado su propósito. Esta magia blanca se inspiraba en el propio Pillán (Ser Supremo) y era desempeñada por los machis con su ayuda.

Frente a ella se encontraba la magia negra, destinada a dañar al individuo, a provocar desgracias de toda índole, como enfermedades, e incluso la muerte. Es preciso tener presente a este respecto que según los mapuches el individuo sólo puede morir por causas violentas, como ser, golpes o heridas, inmersión, quemaduras u otras, pero no por alcanzar una edad avanzada, con agotamiento de su organismo. Normalmente, el hombre debería vivir eternamente, y si muere, ello se debe —salvo por los accidentes que se acaban de indicar— a que un calcu, es decir, un practicante de la magia negra, le ha Inculcado algún veneno.

No creen los mapuches en la existencia de un diablo o demonio, pero conocen esta magia negra desempeñada por un calcu. Con limitaciones, este término equivale al de brujo. El desempeño de la magia negra se llama calcutun (tun significa acción).

Se les considera como seres humanos que viven en una cueva (renü o tafü), en que tienen como socio a un huichancuIlin (de hinchan, asociado; y cullín, animal), que puede ser un zorro, una culebra, un ganso silvestre (huairao) o una lechuza, sirviéndoles esas aves para poder volar.

Otro instrumento que mantienen en la cueva es el Invunche (de invün, deformado; y che, hombre). Tratase de un niño que raptan de tierna edad y lo van deformando por medio de descoyunturas y torcimientos hasta que lleven la cara vuelta hacia la espalda y anden sobre una pierna, teniendo la otra pegada en la parte trasera del cuello. Se les mantiene siempre encerrados en la cueva, donde se les alimenta con la carne de niños recién nacidos. Absuelven éstos las consultas que les hacen los calcus, quienes llegan a conocer así secretos de otras personas, pero también los llevan a veces al sitio en que pretenden ocasionar un daño.

Para este objeto los van azotando en el trayecto, y los invunches van dando terribles chivateos, que aterran a los vecinos y les vaticinan alguna desgracia. Mofándose de los machis (que practican la magia blanca), los llaman también vutamachis (grandes machis), alegando esa designación a su pretendida superioridad con respecto a aquéllos.

Otro instrumento del calcu es el huichanalhué (de huichán, asociado; y alhué, ánima), considerado como el alma de un fallecido de que se apodera, a fin de emplearla como un segundo yo .pudiendo enviarla a inquerir noticias, o bien para penetrar en un cuerpo humano y colocar en él un veneno, un trocito de madera, una lagartija u otros objetos destinados a ocasionar enfermedades o la muerte; puede también agujerear para ese fin el corazón y chupar la sangre a la víctima. Todos estos maleficios que realiza el calcu llevan el nombre de huecuve (huecufü).

A la entrada de la cueva se encuentra un ihuaivilu (ihuai y vilu son sinónimos y significan serpiente), que la protege. Se cree que en la cueva los calcus realizan orgías de la peor especie, con participación de los invunches. Los huichanalhué, por su parte, obligan a los brujos a entregarles periódicamente a un miembro destacado de sus familias.

Los medios de que se valen los calcus para ocasionar sus maleficios consisten principalmente en el “mal tirado”, es decir, la introducción de un veneno en el cuerpo del afectado. Aplican para ese fin también la magia simpática, consistente en ocasionar el daño a una parte del cuerpo de la víctima, como ser, un cabello, un retrato de ella, un pedazo de su uña, etc., creyéndose que cuanto mal se les hace, lo padecerá también la persona a que pertenecen.

Extraído de: “Mitos y Leyendas de Chile”, de Carlos Keller Rueff

El término bruixa

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A mediados del s.XIV las prácticas asociadas a la salud, así como las de la adivinación y la magia amorosa comenzaron a ser temidas por una gran parte de la sociedad rural de la época, cosa que llevaría posteriormente a una persecución que conocemos como la “caza de brujas”.

A estas habilidades la iglesia las consideraba superstición y estaban condenadas desde los inicios de catolicismo, sin embargo, se reafirmaron considerándose como maléficas. La inquisición se encargó de fomentar un recelo popular sobre estas antiguas prácticas -de uso común desde siempre- así como para los practicantes que las llevaban a cabo. La artimaña utilizada fue vincular todos y cada uno de los males naturales -granizos, sequías, enfermedades de los animales, hambre, malas cosechas, epidemias… -a las mujeres que ejercían las prácticas mencionadas con anterioridad. Para crear un mayor temor y desconfianza la iglesia solapó prácticas, practicantes y herejía -cabe señalar que la superstición era herejía hasta el momento- con el concepto de Pacto Diabólico.

La Creación del Diablo.

A finales de la Edad Media existe un cambio de percepción proveniente de la teología cristiana; hasta entonces todo se basaba en la actitud de San Agustín de Hipona, la cual venía a decir que “Todo lo que sucedía era obra de Dios”.

Analizando este pensamiento, todo era gestado por la mano de Dios, lo bueno, pero también lo malo y en este aspecto entrarían: las malas cosechas, enfermedades, epidemias, etc…, y todas las desgracias serían un castigo divino por los pecados cometidos.

En esos tiempos, las practicas citadas aún siendo consideradas de peligrosas no dejarían de ser superstición y con una dudosa efectividad en su resultado, pues de ser así, estarían por encina del poder absoluto de Dios  -y ya hemos referido que eso era meramente impensable hasta el momento.

Con Santo Tomás de Aquino hay un cambio de paradigma, y el mal es directamente asociado a la figura del Diablo, y esta figura puede actuar también en la Tierra como hace Dios,pasando el Mal de ser un concepto etéreo o metafísico a uno real y físico. A partir de este modelo se crearía una guerra entre el Bien y el Mal (dualismo), y por asociación, las Bruixes (brujas) pertenecerían en ese momento al “bando” del Mal.

Las prácticas de la antigua superstición a raíz de aquí tomaron otro rumbo, son un verdadero peligro amparadas por el mismísimo Diablo y no cabe duda de su efectividad y maldad.

La inquisición poco a poco incidió en el pueblo la idea de que las culpables de todas las desgracias y catástrofes eran por medio de estas mujeres, amparadas bajo la protección del Diablo…. y el pueblo ignorante y temeroso acabó por creérselo.

La palabra Bruixa

La palabra bruixa, que pasaría después al Castellano y al Portugués es inexistente antes del s.XV, el término va ligado al propio fenómeno (Caza de Brujas). Anteriormente a este siglo estas mujeres eran conocidas como: hechiceras, sortílegas (de echar las suertes), adivinadoras o conjugadoras (sanar con conjuros). Todos estos apelativos fueron desapareciendo para unificarse en el término Bruixa y según la iglesia, de orden maléfico.

Algunas etimologías de las palabras relacionadas con la brujería*

Aragonés: Bruixa / Broixa – Bruixo – Bruixería
Catalán: Bruixa – Bruixot – Bruixeria
Español: Bruja – Brujo – Brujería
Gallego: Bruxa – Bruxo – Bruxaría
Leonés: Bruxiu / Bruxu – Bruxia / Bruxa – Bruxiería / Bruxería
Occitano: Bruèissa / Broisha – Bruèis / Broish – Brueissariá / Broisheria
Portugués: Bruxa – Bruxo – Bruxaria

Una raíz brux- / bruix- (de donde viene, por evolución fonética, el español moderno bruj-) es común a todas las lenguas latinas habladas en la Península Ibérica, incluido el occitano (aranés). Su origen es desconocido y la mayoría de los estudiosos consideran que viene de una antigua palabra prerromana.

Se han propuesto diferentes etimologías para esta raíz ibérica. Las dos más plausibles son:

Que esté relacionada con el nórdico antiguo brugga “hacer pociones” (de donde viene el inglés brew “elaborar cerveza, preparar el té”).
Que proceda del protocelta (lengua común hablada por todos los celtas antes de la separación en lenguas modernas: irlandés, galés, bretón, etc.) brixta “hechizo” (de donde deriva el nombre de la diosa gala Brixta o Bricta), brixtu “magia”.

Francés: Sorcière (bruja) – Sorcier (brujo) – Sorcellerie (brujería)
Inglés: Sorceress (bruja) – Sorcerer / Sorceror (brujo) – Sorcery (brujería)

Todos estos nombres proceden del francés, que a su vez es una evolución del latín sortiaria, “que echa las suertes” (de sortes “suertes”), lo que hacía referencia a una mujer que se dedicaba a la adivinación.

Para algunos estudiosos de la lengua vasca, la raíz latina sortes estaría también en el origen del vasco Sorgin / Sorginkeria (brujería).

Fuente: Artículo de Juankar Moreno en bruixesvallesmaresme.wordpress.com

El conjuro de las doce palabras redobladas

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El conjuro es un poderoso recurso para evitar o combatir la acción de fuerzas, tanto terrenas como sobrenaturales, contrarias a la integridad física o psicológica del hombre. Su forma de expresión consiste en un texto breve -sin considerar las repeticiones ceremoniales del mismo- la mayoría de las veces provisto de rima, único elemento métrico que subsiste en su estructura estrófica, salvo contadísimas excepciones de cuartetas bien conservadas. En el contenido predominan las invocaciones a Jesucristo, o a los arcángeles Gabriel y Miguel, o a la Virgen, o a los santos Cipriano y Silvestre, encontrándose también fórmulas basadas en números cabalísticos, en días de la semana con carácter mágico y en personajes míticos.

En consecuencia, la eficacia del conjuro alcanza a perros bravos, salteadores, fantasmas, brujos, diablos, y cualquier otro enemigo, todos los cuales suelen ocultarse al amparo de las sombras nocturnas para sorprender a viajeros incautos.

El ejemplo siguiente es uno de los más difundidos en Chile:

Padre San Silvestre,
alférez mayor,
cuídame mi casa
y todo el rededor
de hombre de mala intención.
Para el lado de la cordillera
está la cruz de Salomón.
Padre San Silvestre,
alférez mayor.

 Pero ningún conjuro tiene, en la práctica de nuestro folklore, el vigor y la penetración propios del denominado genéricamente doce palabras redobladas, título con cuyo adjetivo calificativo se indica el procedimiento reiterativo empleado obligatoriamente en su aplicación, y que consiste en añadir tras el enunciado de cada palabra, todas las anteriores, en orden descendente, como lo ilustra la versión aquí consignada:

Amigo, dígame una. Una no es ninguna, la Virgen parió en Belén y siempre ha quedado pura.
Amigo, dígame dos. Las dos tablas de la ley, por donde pasó Moisés. Una no es ninguna, la Virgen parió en Belén y siempre ha quedado pura.
Amigo, dígame tres. Las tres Marías. Las dos tablas de la ley, por donde pasó Moisés. Una no es ninguna, la Virgen parió en Belén y siempre ha quedado pura.
Amigo, dígame cuatro. Los cuatro elementos…  

(Sigue el mismo procedimiento hasta el final).

Amigo, dígame cinco. Las cinco llagas…
Amigo, dígame seis. Las seis candelas…
Amigo, dígame siete. Los siete sacramentos…
Amigo, dígame ocho. Los ocho coros…
Amigo, dígame nueve. Los nueve meses…
Amigo, dígame diez. Los diez mandamientos…
Amigo, dígame once. Las once mil vírgenes…
Amigo, dígame doce. Los doce apóstoles…

Y cuando se desea conferirle especial énfasis a este conjuro, se dice una decimotercera palabra, principalmente adecuada para desarmar al demonio:

Quien dijo doce que diga trece: que reviente ése.

Este fenómeno folklórico vive en todo el centro y sur del país, encontrándosele en el norte desde la provincia de Coquimbo, y haciéndose notable su cultivo en reductos campesinos de Santiago, Colchagua, Curicó, Talca, Maule y Ñuble.

En esta fuerza de conservación, fruto tradicional de una actitud de defensa del hombre, podrían encontrarse variadas fuentes interpretativas de la psicología y de las tendencias religiosas y supersticiosas de los chilenos, además del extraordinario significado de trayectoria temporal que encierra este hecho, uno de los más fuertes y tempranamente arraigados en los primeros momentos de gestación de nuestra nacionalidad, debido a su abundante uso por parte del conquistador hispánico y a su facilidad de diseminación.

Y aunque España sea el foco de procedencia, algunos de nuestros conjuros, como el paradigmático hispanoamericano de las doce palabras redobladas, remontan su estructura dialogada, su fórmula reiterativa, sus citas invocadoras y su probada eficacia, peninsularmente cristianizadas, a la vieja cultura persa, derramándose de ésta a las budista, musulmana y judía, hasta vaciarse en los moldes europeos.

Fuente: Artículo de la Enciclopedia Chilena.