Archivo diario: 11 marzo, 2017

El camino hacia la Luz y los bajos astrales

Cuando una persona fallece, su alma se desprende del cuerpo, pero no lo hace instantáneamente. Hay quienes, por su propio proceso espiritual, saben que están listos para desencarnar, así como también algunos pacientes enfermos terminales, que se van despidiendo de sus seres queridos, dejando todas sus cosas –terrenales y espirituales- en orden, e inclusive hay quienes refieren que han visto a seres queridos o ángeles que se presentan a buscarlos. En estos casos, sus almas pueden ir más rápido hacia la Luz Divina.

Cuando la muerte ocurre por sucesos violentos o inesperados (un accidente de tráfico o laboral, una muerte súbita por infarto, una balacera, etcétera), es posible que las almas estén un poco desorientadas en el primer momento. Entonces se quedan cerca de su envoltorio físico, aunque éste ya no les sirve. Por eso en muchos países, como en Chile, es muy conocida la tradición de las ‘animitas’, pequeñas capillas-recordatorio en el lugar donde una o más personas han fallecido en un accidente o muerte violenta.

Si a esto le agregamos que hay seres queridos que comienzan a llorarlos y no se resignan a su partida, los llaman cada día, los invocan con dolor y angustia, esas personas están reforzando el vínculo de alma a alma, reteniéndolos en un plano dimensional que ya no les corresponde.

Cuanto más tiempo transcurra entre el fallecimiento y el “dejar ir” al alma a la Luz, más difícil se le hace a ese ser elevarse, pues comienza a bajar su vibración. El riesgo en tales casos es que los fallecidos pasen a convertirse en lo que se denominan almas en pena, porque realmente están viviendo en una pena eterna.

BAJOS ASTRALES

Por otro lado, existen toda una serie de espíritus de bajas vibraciones que, cuando desencarnan, pueden aferrarse a nosotros causándonos problemáticas de muy distinta índole. Se trata de los llamados bajos astrales.

Esos espíritus bajos, aunque desencarnados, siguen aferrados a los placeres de la tierra y por eso, se arriman, pegan o “enquistan” a nuestras espaldas, o incluso toman posesión de nuestro cuerpo para satisfacer todas aquellas necesidades a las que ya no pueden acceder porque carecen del cuerpo material. Tales espíritus bajos pueden empujarnos a que bebamos alcohol por ellos, a que consumamos drogas, a que cambiemos parte de nuestra forma de sentir y nos tornemos poco menos que inadaptados para la convivencia familiar a la que estábamos acostumbrados.

Si el enquistamiento o posesión tiene lugar en personas libres de adicciones o carencias afectivas, los efectos no se harán tan visibles en un comienzo. Pero la energía negativa de esos bajos astrales terminará minando cada área de la vida de la persona, hasta que un buen día los afectados caen en la cuenta de que desde hace un tiempo han venido cargando inconvenientes, complicaciones y malestares que antes no tenían y para los que no encuentran una explicación lógica y real.

Por ello es muy importante que cuidemos el nivel de nuestra energía; que sellemos y protejamos nuestra aura con oraciones, meditaciones o distintas técnicas, evitando dar paso a esas entidades abrumadas y perdidas que forman parte del plano o nivel más bajo del extenso mundo astral.

Por ejemplo, una de las maneras concretas de hacerlo es evitar la curiosidad de andar mirando cuando hay accidentes o suceden tragedias o las personas se suicidan; tomando conciencia de que las almas de esas personas están desorientadas y lo primero que hacen es buscar un cuerpo en donde poder seguir viviendo. Un cuerpo que, si estamos débiles energética y espiritualmente, puede ser el de cualquiera de nosotros.

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