Qué les ocurre realmente a los suicidas

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La médium rusa Helena Roerich, que reunió información durante la década de 1930, se inclinaba por una visión negativa de lo que le sucedería a quien se hubiera suicidado. En una carta escribió:

“Los suicidas permanecen normalmente en los estratos que están más próximos a la Tierra, porque la atracción magnética de sus energías hacia la Tierra no se ha superado todavía. Su cuerpo etéreo les liga especialmente a las sensaciones terrenales. Si tenían la conciencia nublada durante su vida, la turbiedad se intensificará aún más después de la separación del cuerpo físico”.

Roerich también advirtió que dichas almas permanecerían “en un estado de semisomnolencia”.

Asimismo Charles Leadbeater, clarividente británico de finales del siglo XIX y principios del siglo XX,  afirmaba que los suicidas tendían a estar especialmente conscientes de su desagradable entorno en el plano astral inferior:

“Se entenderá fácilmente que el hombre que es arrancado de forma apresurada de la vida física cuando está lleno de salud y fuerza, ya sea por accidente o por suicidio, se encuentra en el plano astral en unas condiciones que difieren considerablemente de las que rodean al que muere por edad o bien por enfermedad.

“En el caso de la muerte accidental o del suicidio, una gran cantidad de materia astral del tipo más burdo todavía está adherida a la personalidad, por lo que, consecuentemente, se mantiene en la séptima subdivisión del plano o subdivisión más baja, que ya se ha descrito como algo que puede ser cualquier cosa menos un lugar permanentemente agradable”.

Algunos médiums contemporáneos adoptan una postura similar, pero admiten alguna variabilidad en cuanto a dónde puede terminar un suicida. Además, reconocen la existencia de espíritus auxiliares, cuya función es tratar de ayudar a estas almas perdidas a avanzar espiritualmente hacia un plano mejor de existencia.

Una situación terrible

Elsie Sechrist, experta en sueños a nivel internacional y amiga del médium Edgar Cayce, también creía que los suicidas pueden terminar en una situación terrible, muy distinta de la que habían previsto. Conoció a un hombre que se había enamorado de su secretaria. Los dos se habían suicidado con el deseo de estar juntos. Sin embargo, después de sus muertes Sechrist describe:

“Una noche estaba rezando por ellos, me quedé dormida y tuve un sueño muy vívido. En el sueño era por la noche. Vi al hombre solo junto a una gran masa de agua muy oscura, rodeado de una absoluta oscuridad. Llamaba a su secretaria con la voz humana más lastimera que yo había oído jamás: “Celia, Celia, Celia”. Aunque se habían suicidado juntos, cada uno de ellos estaba ahora completamente solo”.

Sechrist comenta que toda la escena fue de una total desolación: oscura, lúgubre y deprimente. Aunque sería reconfortante atribuir la visión a sus expectativas religiosas, otras fuentes sugieren que los suicidas pueden, de hecho, encontrarse atrapados en tales situaciones, ya se deba en parte a su carga psicológica o a otras razones.

Llenos de remordimientos

Georges Meek, investigador de la supervivencia de conocida trayectoria y fundador de la publicación Metascience, utilizó la transcomunicación instrumental para ver cuánto tiempo podrían estar los suicidas atascados en el plano astral inferior y le dijeron lo siguiente:

“El suicida sólo se ha hecho daño a sí mismo y, si acaso, a sus seres queridos. Normalmente está de inmediato lleno de remordimientos. Cuando se ofrece ayuda y orientación, es probable que el suicida responda de buena gana. Cuán rápido absorba las enseñanzas que se le ofrecen será lo que determine con qué rapidez va a avanzar a un nivel más hospitalario”.

Esto sugiere que no hay un tiempo fijo de permanencia de un alma en el plano astral inferior, sino que el tiempo varía según lo rápido que se pueda enseñar al espíritu.

Las experiencias cercanas a la muerte suicidas abarcan todo el espectro, desde infernales a celestiales, y pueden incluir el típico encuentro con seres superiores y la revisión de la vida. Tal vez debido a ello, los que se han provocado una experiencia cercana a la muerte mediante un intento de suicidio mostrarán las mismas reacciones mezcladas con respecto a lo que sucede a aquellos que se lo han provocado por otros medios. Algunos se benefician mientras que otros no.

Tristeza intensa

El neuropsiquiatra e investigador de vidas pasadas canadiense Joel Whitton se unió al investigador independiente de la reencarnación Joe Fisher para colaborar en un libro acerca de las memorias de experiencias del reino de los espíritus entre dos encarnaciones obtenidas por regresión hipnótica. En un caso, describen la experiencia de una mujer que regresó a una vida en España, después de haberse tirado por una ventana:

“La calle se apresuró a recibirla y ella sintió su impacto entumecedor seguido de las ruedas de un carruaje tirado por un caballo que le aplastó el pecho. Pero también estaba consciente, desde una perspectiva más alta, de su cuerpo desparramado sobre los adoquines… Qué trivial era esta cáscara mortal ahora que una luz cegadora la obligaba a fijar su atención arriba… Se había adentrado en la luz, una luz más brillante, más deslumbrante que el sol, y sin embargo carente de toda sensación de calor. Este resplandor absorbente irradiaba paz y serenidad y, muy relajada, ella se deleitaba en su benevolencia. También tenía la impresión de estar encerrada en un túnel o en un tubo o en un capullo. Las palabras eran bastante inadecuadas para la tarea de describir el esplendoroso entorno por el que había sido arrastrada a una velocidad increíble”.

El diario de esa mujer continuaba diciendo que, después de que se le pasara la conmoción de morir, “la tristeza era tan intensa que tenía ganas de llorar. Me brotaban las lágrimas”.

William Dudley Pelley ofrece un interesante relato de la experiencia cercana a la muerte de un suicida, que merece la pena mencionar por su similitud con el material canalizado, lo que sugiere que esto último puede tener su base en hechos reales:

“Un joven llamado Charles Riley era un estudiante de medicina que había ingerido una gran dosis de cianuro porque su prometida le había dejado plantado por otro hombre. Le llevaron urgentemente al Hospital de urgencias de San Francisco, y a su llegada su cuerpo ya no mostraba signos de vida. Estaba, según todas las pruebas y apariencias, tan muerto como podía estarlo.

“El doctor Greiger le inyectó una solución de un nuevo preparado, Methylene Blue, y en quince minutos el aspirante a suicida estaba respirando casi con normalidad… Charlie Riley dijo, totalmente recuperado: “No… no tenía ninguna sensación, excepto un entumecimiento que empezaba en las extremidades y se esparcía lentamente por todo mi sistema físico. No hubo rigidez muscular al irme a pique…”.

“Incluso cuando estaba supuestamente muerto, tenía una clara sensación de estar flotando. No había nada de la oscuridad común que se reconoce como la muerte. Me sentía como si estuviera saliendo a la luz, a un inmenso lugar resplandeciente de serena luz solar, como si entrara en un mundo nuevo y misterioso… No me sentía trágico al respecto, sólo tremendamente sorprendido y feliz de encontrarme a mí mismo todavía consciente… Recuerdo una sensación de alivio bien definida, algo así como si emergiera desde una habitación en penumbra a una luminosidad repentina.”

Diversidad de reacciones

Por consiguiente, vemos que se produce una diversidad de reacciones cuando las almas cruzan por primera vez la vida del más allá. Con frecuencia tienen la sensación de ser muy ligeros o de estar flotando. Algunos sienten frustración, que se exacerba si no se dan cuenta de que la razón por la que otros los ignoran es porque están muertos. Otros experimentan una gran belleza y una gran paz. Las experiencias cercanas a la muerte parecen reflejar las variaciones emocionales que las almas pueden sentir al pasar al otro lado. Una diferencia entre los dos grupos es que la intensa frustración que experimentan en su nuevo estado muchos de los que han logrado suicidarse, puede permitirles llevar a cabo impresionantes actos de telequinesia como forma de comunicación con los que han dejado atrás.

El investigador japonés contemporáneo Hiroshi Motoyama también ha detectado que con frecuencia los muertos ignoran su condición:

“Al igual que muchos espíritus no son conscientes en vida, tampoco son conscientes de lo que pasa en el proceso de la muerte. Más adelante analizaré el mecanismo que se produce al morir, baste por ahora decir que la mayoría de la gente no se da cuenta inmediatamente de que está “muerta”, incluso después de que su alma haya dejado el cuerpo. El espíritu sigue guardando y alimentándose de una cierta cantidad de energía que traslada desde la dimensión física y sigue dirigiéndose hacia este plano. Esta energía se disipa en una o dos semanas, y después empieza un periodo difícil.

“Es posible que el espíritu se encuentre solo, en una especie de pozo oscuro y profundo y no pueda entender dónde está o qué está haciendo allí. He visto que esta dolorosa situación se prolonga durante dos o tres semanas en algunos casos, y durante uno o dos meses en otros. Tarde o temprano, el espíritu individual se da cuenta de lo que ha sucedido y acepta el hecho de su muerte. Entonces estará preparado para pasar al siguiente lugar de existencia determinado por el karma.

Intentando matarse una y otra vez

El parapsicólogo filipino Jaime Licauco describió un caso aún más dramático de un suicida que después de haberse cortado las venas no podía entender que ya estaba muerto, por lo que siguió intentando matarse una y otra vez.

“Un vidente vio lo que hizo. Su espíritu siguió cortándose las venas, aunque su cuerpo físico ya estaba muerto. No entendía por qué no se moría. Siguió cortando las venas de su muñeca fantasma, pensando que todavía era de carne y hueso.

“Este espíritu permanecerá atado a lo terrenal hasta que empiece a darse cuenta de que ya está muerto y lo acepte”.

Hemos visto que muchos suicidas tienen dificultad en entender que están muertos. Con frecuencia, esto se debe al hecho de que todavía “se sienten” vivos y tienen un cuerpo astral. El problema se puede exacerbar especialmente debido a las falsas expectativas y a las creencias culturales, como pensar que no hay vida después de la muerte o la suposición de que deben estar dormidos hasta el día del Juicio Final. No obstante, el entendimiento y la aceptación de que están muertos puede ser el primer paso hacia la integración del alma y su avance en el reino de los espíritus.

Extractos del libro “Suicidio. ¿Qué sucede realmente en el otro lado?”, de Pamela Rae Heath y Jon Klimo. La Esfera de los Libros, 2007

 

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