El hesicasmo y la Oración de Jesús

 

portada-enciende-luzOKEn el blog del Templo y en otros lugares, algunas personas nos han pedido más información sobre el hesicasmo y cómo hacer para meditar/orar de la forma más conveniente, según nuestros conceptos cristianos.

Nosotros sólo somos unos humildes siervos de Dios, pero algo intentaremos aportar al respecto.

La palabra hesiquía en griego se traduce como estado de tranquilidad, de paz, o de reposo. Quien la posee -y evidentemente no es nuestro caso, sólo aspiramos y nos esforzamos para ser capaces algún día de alcanzarlo- se encuentra equilibrado, vive en paz y a la vez, calla y guarda silencio. Recuerda a la actitud que Platón afirma corresponde al auténtico filósofo «que se mantiene tranquilo y se ocupa de lo que le pertenece». Y también se ajusta a las palabras del Libro de los Proverbios: «El hombre sensato sabe callar»; o al estilo del solitario de quien dice el profeta Baruq: «Es bueno esperar en silencio la salvación del Señor».

En el Nuevo Testamento el mismo Cristo dice a sus discípulos: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os daré descanso. Aceptad mi yugo y haceos mis discípulos, ya que soy bueno y humilde de corazón, y encontraréis reposo (hesiquía) para vuestras almas pues mi yugo es suave y mi carga ligera».(Mt.11, 28-29). Ammonas, sucesor de nuestro estimado abba San Antonio en Egipto, habla de como la hesiquía es el camino propio del monje y escribe una carta mostrando que es el fundamento de todas las virtudes.

Fueron los anacoretas los primeros en llamarse hesicastas. Si la virtud de los cenobitas (monjes que viven en comunidad) es la obediencia, la de los hesicastas (anacoretas o solitarios) es la oración perpetua. La búsqueda de la hesiquía es tan antigua como la vida monástica.

En el siglo VI, S. Juan Clímaco, abad del monasterio del Sinaí y autor de la Escala del Paraíso, unió la hesiquía y el Recuerdo de Jesús. La hesiquía es la adoración perpetua en presencia de Dios: “Que el recuerdo de Jesús se una a tu respiración y pronto te darás cuenta de la utilidad de la hesiquía. La oración ideal es la que elimina los raciocinios y se convierte en una sola palabra”.

La Memoria de Jesús provee a este tipo de oración de forma y contenido. La unión del recuerdo de Jesús y la respiración será reemprendida por Hesiquio de Batos, que ya la llama Oración de Jesús: “Si con sinceridad quieres ahuyentar los pensamientos, vivir en quietud, sin dificultad, y ejercer la vigilancia sobre tu corazón debes adherir la Oración de Jesús a tu respiración y pronto lo conseguirás”. La unión de respiración y Oración de Jesús en su fórmula desarrollada: «Señor Jesús, Hijo de Dios vivo, ten piedad de mí, pecador», constituirá el fundamento del hesicasmo bizantino y del rezo de los monjes del  Monte Athos en el siglo XIV.

«Cuando reces, inspira al mismo tiempo, y que tu pensamiento, dirigiéndose al interior de ti mismo, fije su meditación y su visión en el lugar del corazón de donde brotan las lágrimas. Que tu atención permanezca ahí, en la medida en que puedas. Te será de una gran ayuda. Esta invocación de Jesús libera al espíritu de su cautividad, otorga la paz y ayuda a descubrir la oración permanente del corazón por la gracia del Espíritu vivificante en Jesucristo Nuestro Señor».

El objetivo final es lograr la concentración del cuerpo, del alma y del espíritu en Jesús. Es una combinación perfecta e idónea de meditación y de oración, de la cual hablaremos aquí muchas más veces.

De hecho, las palabras que componen la oración de Jesús varían según las épocas y los autores. La fórmula más breve repite únicamente el nombre de «Jesús», y la más larga dice: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pobre pecador». Algunos Padres del Desierto -cuyas lecturas recomendamos vivamente, y de ellas iresmos dando ejemplos aquí poco a poco- aconsejan a los principiantes permanecer fieles a una sola fórmula, la que ellos prefieran; pero, una vez elegida, recomiendan variarla lo menos posible.

Así, al estar integradas y unificadas todas las potencias y partes del ser humano en el corazón, «el corazón absorbe al Señor, y el Señor absorbe al corazón y los dos se hacen uno». Y, a continuación, el mismo texto añade: «Pero esto no es obra de un día o de dos. Se requiere mucho tiempo. Hay que luchar mucho y durante mucho tiempo para lograr rechazar al enemigo y que Cristo habite en nosotros”.

Pero, sobre todo, no hay que forzar nada. La plegaria debe ir estableciendo su propio ritmo y acento. Que es el ritmo que Dios quiere para nosotros.

Que Él les bendiga y proteja siempre a todos ustedes.

Josep de Santantoni

 

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