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El exorcista de Roma explica cómo una persona puede ser poseída por el diablo a causa de un maleficio

Traemos  hoy aquí un capítulo del libro “Habla un exorcista”, del exorcista de la Diócesis de Roma Gabriele Amorth, publicado por Planeta. Es un poco largo, pero merece la pena leerlo con interés, ya que explica perfectamente algunos de los medios que utiliza el demonio para hacer daño a las personas que caen bajo su radio de acción y expone algunos casos vividos por él. 

EL MALEFICIO

Hablamos del maleficio como una causa por la que una persona puede sin tener culpa verse acometida por el demonio. Por ser éste el caso más frecuente, se hace necesario hablar de él por separado. Trataré también de concretar el uso de los términos: no existe una terminología universalmente aceptada, por lo que cada autor debe especificar en qué sentido usa las palabras.

Considero que maleficio es un vocablo genérico.

Normalmente se le define como «hacer daño a otros a través de la intervención del demonio». Es una definición exacta pero que no aclara de qué manera se causa el mal. De ahí las confusiones; así, algunos autores consideran, por ejemplo, el maleficio como sinónimo de hechizo o brujería. En cambio, el hechizo y la brujería son, a mi parecer, dos modos distintos de realizar un maleficio. Sin pretensiones de exhaustividad y basándome sólo en los casos que he experimentado, tomo en consideración estas formas de maleficio:

1) la magia negra;

2) las maldiciones;

3) el mal de ojo;

4) los hechizos.

Son formas distintas, pero no compartimentos estancos; las interferencias son frecuentes.

1. La magia negra, o brujería, o ritos satánicos que tienen su culminación en las misas negras. Considero conjuntamente estas prácticas, por las analogías que presentan; en realidad, las he enumerado por orden de gravedad. Su característica es hacer recaer el maleficio sobre una determinada persona mediante fórmulas mágicas o ritos, a veces incluso muy complejos, con invocaciones dirigidas al demonio, pero sin usar objetos específicos. Quien se dedica a estas prácticas se convierte en siervo de Satanás, pero por culpa suya; nosotros aquí las consideramos sólo como medios para realizar maleficios en perjuicio de otras personas.

Ya las Sagradas Escrituras son muy tajantes en la prohibición de estas prácticas, que toman como un renegar de Dios para consagrarse al demonio.

«Cuando hayáis entrado en la tierra que el Señor vuestro Dios os va a dar, no imitéis las horribles costumbres de esas naciones [o sea de los paganos]. Que nadie de entre vosotros ofrezca en sacrificio a su hijo haciéndole pasar por el fuego [sacrificios humanos], ni practique la adivinación, ni el sortilegio, ni pretenda predecir el futuro, ni se dedique a la hechicería ni a los encantamientos, ni consulte a los adivinos y a los que invocan a los espíritus, ni consulte a los muertos [sesiones espiritistas]. Porque al Señor le repugnan quienes hacen estas cosas» (Dt. 18, 9-12). «No recurráis a nigromantes ni adivinos. No os hagáis impuros por consultarlas.

Yo soy el Señor vuestro Dios» (Lev. 19, 31). «El hombre o la mujer que practiquen la nigromancia o la adivinación, serán muertos a pedradas, y serán responsables de su propia muerte» (Lev. 20,27; véase también Lev. 19, 26-31). No es más tierno el Éxodo: «No dejes con vida a ninguna hechicera» (22, 17). También en otros pueblos la magia era castigada con la muerte. Aunque los términos se traducen de distinta manera (y varían según las traducciones), el contenido es clarísimo. Volveremos a hablar de la magia.

2. Las maldiciones. Son deseos de que caiga el mal sobre alguien, y el origen del mal está en el demonio; cuando tales maldiciones se pronuncian con verdadera perfidia, especialmente si existen vínculos de sangre entre el maldiciente y el maldecido, pueden provocar efectos tremendos. Los casos más frecuentes y graves que he presenciado se referían a padres o abuelos que maldijeron a sus hijos o nietos. La maldición ha demostrado ser muy grave si se refería a su existencia o era formulada en circunstancias particulares, por ejemplo en el día de la boda. El vínculo que une a padres e hijos y la autoridad de los primeros no se igualan a los de ninguna otra persona.

3 ejemplos típicos. Hice el seguimiento de un joven al que su padre había maldecido desde el nacimiento (evidentemente no lo quería) y había continuado sufriendo tales maldiciones en su infancia y durante todo el período en que vivió en su casa.

Este pobre joven sufrió peripecias de todo género: problemas de salud, increíbles dificultades de trabajo, mala suerte en el matrimonio, enfermedades de los hijos… Las bendiciones le confortaron el espíritu, pero no me parece que sirvieran para nada más.

Un segundo ejemplo. Una joven quería casarse con un buen muchacho, al que amaba, pero sus padres estaban en contra; dado que sus esfuerzos resultaban inútiles, los padres se mostraron resignados y participaron en las nupcias. El mismo día de la boda el padre llamó aparte a su hija con una excusa; en realidad, la maldijo deseando los peores males para ella, su marido y sus hijos. Y así fue, a pesar de las intensas oraciones y bendiciones.

Otro hecho. Un día vino a verme un profesional; levantándose los pantalones, me hizo observar sus piernas horriblemente martirizadas por una evidente sucesión de operaciones. Después comenzó a narrarme los hechos. Su padre era un hombre muy inteligente; la madre de éste quería a toda costa que se hiciera sacerdote, pero él no tenía vocación. El enfrentamiento llegó al punto de que el joven abandonó a su familia; se licenció, se convirtió en una profesional considerado, se casó, tuvo hijos, y todo esto después de haber roto toda relación con su madre, que por ningún concepto quiso volver a verlo. Cuando uno de sus hijos, el que me hablaba, cumplió 8 años, le hicieron una foto, que me fue mostrada; un niño guapo, de sonrisa cautivadora, con los pantalones cortos, las rodillas desnudas, los calcetines altos, como se acostumbraba entonces a vestir a los niños. El padre tuvo una idea desdichada. Pensó que la madre se conmovería ante la foto de su nietecito y que haría las paces con él; así que le mandó la foto. La madre le envió un mensaje: «Que las piernas de ese niño estén siempre enfermas y que si tú vuelves al pueblo mueras en la cama en que naciste.» Todo eso se cumplió. Hay que señalar que el padre volvió al pueblo sólo al cabo de varios años después de la muerte de su madre; pero de pronto se sintió indispuesto y fue llevado provisionalmente a su casa natal, donde murió esa misma noche.

3. El mal de ojo. Consiste en un maleficio hecho por una persona por medio de la mirada. No se trata, como algunos creen, del hecho de que ciertas personas te traigan mala suerte si te miran con ojos bizcos; esto son historias. El mal de ojo es un verdadero maleficio: supone la intención de perjudicar a una determinada persona con la intervención del demonio. Lo que tiene de particular es el medio usado para llevar a término la nefasta obra: la mirada. He tenido pocos casos y no del todo claros; o sea que era evidente el efecto maléfico, pero no lo era igualmente su artífice y tampoco que, como medio, bastase una simple mirada. Aprovecho la ocasión para decir que muchas veces no se llega a conocer al artífice del maleficio y ni siquiera cómo ha empezado el mal. Lo importante es que la persona afectada no esté sospechando de éste o aquél, sino que perdone de corazón y ruegue por quien le ha hecho el mal, sea quien fuere.

Sobre el mal de ojo debo concluir diciendo que es posible, pero nunca he tenido casos confirmados.

 4. El hechizo. Es, con mucho, el medio más utilizado para realizar maleficios. El nombre deriva de hacer o confeccionar un objeto, con los materiales más extraños y heterogéneos, que adquiere un valor casi simbólico: es un signo sensible de la voluntad de hacer daño y es un medio ofrecido a Satanás para que imprima en él su fuerza maléfica. Se ha dicho muchas veces que Satanás remeda a Dios; en este caso podemos tomar la analogía de los sacramentos, que tienen una materia sensible (por ejemplo, el agua durante el bautismo) como instrumento de gracia. En el hechizo el material es usado con la finalidad de causar perjuicio.

Distinguimos dos modos diferentes de aplicar el hechizo a la persona designada. Existe un modo directo, que consiste en hacer beber o comer a la víctima una bebida o una comida en la que se ha mezclado el hechizo. Éste se prepara con los ingredientes más variados: sangre de menstruación, huesos de muertos, polvos diversos, en general negros (quemados), partes de animales entre las que predomina el corazón, hierbas especiales… Pero la eficacia maléfica no la da tanto el material usado como la voluntad de hacer daño con intervención del demonio; y tal voluntad se manifiesta con las fórmulas ocultas pronunciadas mientras se confeccionan aquellos mejunjes. Casi siempre la persona que se ve afectada de este modo, además de otras trastornos, sufre un característico dolor de estomago que los exorcistas saben detectar perfectamente y que sólo se cura después de haber liberado el estómago con muchos vómitos o muchas heces, en que se expelen las cosas más extrañas.

Existe otro modo, que podemos llamar indirecto (uso el lenguaje del que se sirve el padre La Grúa en el libro citado en la introducción), consistente en hechizar objetos pertenecientes a la persona a la que se quiere perjudicar (fotografías, indumentaria o cosas pertenecientes a la misma), o en hechizar figuras que la representen: muñecos, muñecas, animales, a veces incluso personas vivas, del mismo sexo y edad. Se trata de material de transferencia, al que afectan los mismos males que se quiere causar a la persona designada. Un ejemplo muy corriente: durante este rito satánico, a una muñeca se le clavan alfileres alrededor de la cabeza. Luego la persona siente fortísimos dolores de cabeza y viene a decirnos: «Es como si tuviese toda la cabeza atravesada por alfileres punzantes.» O bien se clavan agujas, clavos, cuchillos en las partes del cuerpo que se pretende afectar. Y puntualmente la pobre víctima siente dolores lacerantes que la desgarran en aquellos puntos. Los médiums (de los cuales hablaremos separadamente) suelen decir: «Usted tiene un alfilerazo que le atraviesa desde aquí hasta aquí», e indican el sitio exacto. He tenido casos en que algunas personas se han liberado de esos males con la expulsión de largos y extraños agujones de un material similar al plástico o a la madera flexible, salidos de las partes designadas. La mayoría de veces la liberación se produce expeliendo los más diversos materiales: hilos de algodón coloreados, cintas, clavos y alambres retorcidos.

Merecería atención aparte el hechizo confeccionado en forma de atadura. En estos casos el material usado para la transferencia incluye ligaduras con cabellos o tiras de tela de varios colores (sobre todo blanco, negro, azul, rojo, según el objetivo deseado). Por ejemplo: para perjudicar al hijo de una gestante, se ligó una muñeca con aguja y crines de caballo, desde el cuello hasta el ombligo. El objetivo era que el niño que había de nacer creciera deforme, es decir, no se desarrollara en aquella parte del cuerpo comprendida por la atadura. De hecho la deformidad se produjo, pero mucho menos grave de lo que se habría querido provocar. Las ataduras conciernen sobre todo al desarrollo de las distintas partes del cuerpo, pero aún más a menudo al desarrollo mental: algunos tienen dificultades en el estudio, el trabajo, o para desarrollar un comportamiento normal, porque han sufrido ataduras en el cerebro. Y en vano los médicos tratan de identificar y curar el mal.

Me referiré de forma concisa a otro hecho muy frecuente. A menudo los hechizos se provocan con objetos extraños que después se encuentran en las almohadas y los colchones. Aquí no acabaría nunca de contar hechos de los que he sido testigo y en los que nunca habría creído de no haberlos presenciado. Se encuentra de todo: cintas coloreadas y anudadas, mechones de cabellos estrechamente trenzados, cuerdas llenas de nudos, lana apretadamente entrelazada por una fuerza sobrehumana en forma de corona o de animales (especialmente ratones) o de figuras geométricas; grumos de sangre, trozos de madera o de hierro, alambres retorcidos, muñecas llenas de señales o heridas, etc. Otras veces se forman de improviso complicados enredos en el cabello de las mujeres o los niños. Todo ello son cosas o hechos que no se explican sin la intervención de una mano invisible.

En otras ocasiones, esos objetos extraños no aparecen a primera vista, después de haber destripado colchones o almohadas; pero después, si se rocía con agua exorcizada o se introduce alguna imagen bendita (especialmente de un crucifijo o de la Virgen), aparecen los objetos más extraños.

Completaré este tema en las páginas siguientes; pero antes deseo repetir las recomendaciones del padre La Grúa en la obra citada. Si bien lo que he escrito es fruto de la experiencia directa, no hay que creer fácilmente en los maleficios, en especial los realizados a través de un hechizo. Siempre se trata de casos raros. Un examen atento de los hechos revela muchas veces causas psíquicas, sugestiones, falsas temores, en la base de las molestias de las que se lamenta la persona.

Añadiré que a menudo los maleficios no alcanzan su objetivo por diversos motivos: porque Díos no lo permite; porque la persona afectada está bien protegida por una vida de plegaria y de unión con Dios; porque muchos hechiceros son poco hábiles, cuando no simples farsantes; porque el demonio mismo, «mentiroso desde el principio», como lo tilda el Evangelio, engaña a sus mismos seguidores.

Sería un gravísimo error vivir con el temor de recibir maleficios. La Biblia no nos dice nunca que temamos al demonio. Nos dice que le resistamos, seguros de que huirá de nosotros (Sant. 4, 7); nos dice que permanezcamos vigilantes contra sus acometidas y nos mantengamos firmes en la fe (1 Pe. 5, 9).

Poseemos la gracia de Cristo, que derrotó a Satanás con su cruz; contamos con la intercesión de María Santísima, enemiga de Satanás desde el principio de la humanidad; contamos con la ayuda de los ángeles y los santos y sobre todo contamos con el sello de la Trinidad, que nos fue impreso en el bautismo. Si vivimos en comunión con Dios, será el demonio con todo el infierno quien temblará ante nosotros. A menos que seamos nosotros quienes le abramos la puerta…

Por ser el maleficio la forma más común de influencia diabólica, añado algún otro concepto que la práctica me ha enseñado.

Según la finalidad que persiga, el maleficio puede adquirir distintas denominaciones. Puede ser de división si va dirigido a conseguir que dos esposos, una pareja de novios o dos amigos se separen. Varias veces me he hallado ante el caso de novios que se han separado sin motivo, incluso amándose, y que ya no conseguían estar juntos; uno de sus padres, que era contrario al matrimonio, confesó haber recurrido a un mago para hacer que se separaran. Puede ser de enamoramiento, si pretende que dos se casen. Tengo presente a una muchacha que se había enamorado del novio de una amiga; después de algunos vanos intentos, recurrió a un mago. Los novios se separaron y aquel joven se casó con la muchacha que ordenó el maleficio. Inútil decir que resultó un pésimo matrimonio; el marido no conseguía abandonar a su mujer, pero nunca la quiso y tenía la vaga impresión de haber sido obligado a casarse con ella.

Otros maleficios son para causar enfermedad, o sea a fin de que la persona designada esté siempre enferma; otros buscan la destrucción (los llamados maleficios de muerte). Basta con que la persona afectada se ponga bajo la protección de la Iglesia, es decir, basta con que comience a recibir los exorcismos o a rezar y a hacer rezar intensamente para que la muerte no pueda producirse. He hecho el seguimiento de muchos de estos casos; como ya hemos dicho, el Señor ha intervenido incluso milagrosamente, o al menos de forma que no se puede explicar humanamente, para salvar la vida de esas personas de peligros mortales o, de manera particular, de intentos de suicidio. Casi siempre (preferiría decir siempre, al menos en los numerosos casos en que he podido intervenir) a los maleficios de una cierta gravedad está vinculada la vejación diabólica o incluso la posesión. He aquí por qué es necesario el exorcismo. También son tremendos los maleficios que pretenden la destrucción de toda una familia o, en cualquier caso, los que caen sobre toda una familia.

Ante todo, el Ritual, la norma número 8, nos pone en guardia a fin de que, en caso de maleficio, no se envíe a la persona a magos, brujas u otras, como no sean ministros de la Iglesia; y que el interesado no recurra a ninguna forma de superstición u otros medios ilícitos. Que la admonición es necesaria nos lo dice la experiencia. Son muchos los magos mientras que los exorcistas somos poquísimos. E incluso un experto como monseñor Corrado Balducci en sus 3 libros aconseja, para poner remedio al maleficio, recurrir a un mago, aunque se prevea que hará otro maleficio (véase, por ejemplo, la obra Il diavolo, Piemme, p. 326). Es un error imperdonable en un autor tan meritorio en otros apartados de sus volúmenes. Pero la admonición resulta particularmente importante porque la tendencia a recurrir a magos, brujos, santones y similares es tan vieja como el mundo. El progreso cultural, científico y social no ha influido en lo más mínimo sobre estas costumbres que conviven tranquilamente con nuestro «mundo del progreso», y en las que están implicadas en eso todas las clases sociales por igual, incluso las más elevadas culturalmente (ingenieros, médicos, maestros, políticos…).

Cuando luego el Ritual sugiere las preguntas que se le deben hacer al demonio, la norma núm. 20 exhorta al exorcista a preguntar sobre el motivo de la presencia misma del demonio en aquel cuerpo, en especial si depende de un maleficio; en este caso, si la persona ha sido afectada después de comer o beber sustancias maleficas, el exorcista debe ordenarle que las vomite. Si, en cambio, se ha escondido algo maléfico fuera del cuerpo, el exorcista debe hacerse indicar el lugar, buscar el objeto y quemarlo.

Son indicaciones útiles. En la práctica, cuando un maleficio ha sobrevenido comiendo o bebiendo algo hechizado casi siempre se produce ese dolor de estómago concreto al que hemos aludido varías veces y que denota la necesidad de una liberación por vía fisiológica o vomitando. Entonces se debe aconsejar el uso oral de agua bendita, de aceite y sal exorcizados para favorecer la liberación. También es posible que ciertos objetos maléficos sean expulsados de modo misterioso, como ya hemos dicho: la persona, por ejemplo, puede notar, de pronto, un peso en el estómago como si tuviera un guijarro, y luego encuentra un guijarro en el suelo y el mal cesa. Así, pueden encontrarse hilos coloreados, cuerdecillas entrelazadas y muchas otras cosas…

Todos estos objetos deben ser rociados con agua bendita (la misma persona puede ocuparse de ello) y quemados al aire libre; las cenizas, así como los objetos de hierro o, en todo caso, no combustibles, deben ser arrojados donde corra agua (río, alcantarilla). No en el retrete de la propia vivienda, pues cuando se ha hecho esto, a menudo se han provocado inconvenientes: obstrucción de todos los fregaderos, inundación de la casa…

En muchos casos los extraños objetos encontrados en las almohadas y los colchones se han llegado a descubrir no interrogando al demonio sino a partir de la indicación de carismáticos o médiums (de los que hablaremos a continuación). El hallazgo ha sido el motivo por el cual han comprendido que existía un maleficio y por el cual se ha recurrido al exorcist a. También en estos casos hay que quemar fuera de la casa almohadas y colchones, después de haberlos rociado con agua bendita; y las cenizas deben ser arrojadas como antes se ha dicho.

Es importante que la destrucción por el fuego de los objetos hechizados se haga rezando. Especialmente cuando se trata de hechizos descubiertas por casualidad o tras una indicación del demonio, no se puede actuar a la ligera. Para aleccionarme, el padre Cándido me contó un «error de juventud» suyo, una imprudencia que cometió en sus primeros años como exorcista.

Estaba exorcizando a una muchacha, acompañado por otro padre pasionista autorizado como él por el obispo. Interrogando al demonio, supieron que a aquella muchacha le habían realizado un hechizo. Se hicieron indicar de qué se trataba: estaba dentro de una cajita de madera, de cerca de un palmo de longitud. Pidieron que les dijeran dónde había sido escondida: se encontraba sepultada a un metro de profundidad, junto a un determinado árbol, cuya posición exacta se hicieron señalar. Lleno de celo, armados de azada y pala, fueron a excavar en el lugar indicado. Encontraron la cajita de madera, tal como se les había dicho; la hisoparon y examinaron el contenido: una figura obscena en medio de otras baratijas. Inmediatamente, valiéndose de alcohol, procedieron a quemarlo todo con mucho cuidado de manera que sólo quedara un montoncito de ceniza. Pero no realizaron la bendición antes de quemar aquellos objetos; omitieron rezar ininterrumpidamente durante la quema invocando la protección de la sangre de Jesús; habían tocado varias veces aquellos objetos sin lavarse inmediatamente después las manos con agua bendita. La conclusión fue que el padre Candido debió guardar cama durante 3 meses a causa de fortísimos dolores de estómago; tales dolores se prolongaron con cierta intensidad durante unos diez años y de vez en cuando se dejaron sentir también en los años siguientes.

Una dura lección, útil para mí y para cuantos se encontraren en situaciones análogas.

Le pregunté también al padre Cándido si, después de todo aquel esfuerzo y aquel sufrimiento, la joven había sido liberada. No, no consiguió ninguna mejora. Esto nos enseña que a veces los hechizos producen todo su efecto sobre las personas en el momento en que son realizados; encontrarlos y destruirlos no sirve de nada. Me he encontrado varías veces con estos casos en los que entre el maleficio y el hallazgo del hechizo habían transcurrido muchos años; el hechizo ya habla agotado su función maléfica; cuando se encontró y fue destruido, ya era ineficaz y su destrucción no aportó ninguna mejora a la persona afectada. Después han ayudado los exorcismos, las oraciones, los sacramentos…

En otros casos, quemar el hechizo interrumpe el maleficio. He tenido ejemplos de ello en casos de «hechizos de muerte» por putrefacción, en los que se había sepultado carne maleficiada, que fue descubierta y destruida antes de que llegara a pudrirse.

Otras veces son sepultados vivos, aunque con un espacio libre a su alrededor, ciertos animales, especialmente sapos. También en este caso dar con ellos antes de su muerte puede interrumpir el maleficio.

Pero los principales remedios siguen siendo los exorcismos, la oración y los sacramentos.

Nunca se insistirá bastante sobre la importancia de recurrir a los medios de Dios y no a magos, aunque se tenga la impresión de que los medios de Dios actúan con lentitud. El Señor nos ha dado la fuerza de su nombre, la potencia de la oración (tanto personal como comunitaria) y la intercesión de la Iglesia. El recurso a los magos, cuya actuación queda enmascarada bajo el equívoco nombre de magia blanca (que consiste siempre en recurrir al demonio), para que hagan otro maleficio que anule un maleficio anterior, no puede más que agravar el mal. El Evangelio nos habla de un demonio que sale de un alma para volver a continuación con otros 7 demonios, peores que él (Mt. 12, 43-45).

Es lo que sucede cuando se recurre a los magos.

Damos 3 ejemplos significativos de ello, que he experimentado repetidas veces.

Primer ejemplo. Uno comienza a advertir dolores físicos. Prueba con varios médicos y medicinas pero el dolor aumenta en vez de desaparecen no se descubre su causa. Acude entonces a un mago, o a un cartomántico dedicado a la magia, y le dicen: «Usted tiene un hechizo. Si quiere se lo quito. Me conformo con 1 millón de liras.» El otro se lo piensa primero y luego se decide y paga. Acaso se le pide una foto, una prenda íntima o un mechón de pelo. Después de algunos días, la persona se siente totalmente curada y está muy contenta de cómo ha gastado ese millón. Es el demonio que se ha ido. Al cabo de un año reaparecen aquellos trastornos. El pobrecillo reanuda el recorrido de médicos, pero las medicinas resultan impotentes, mientras que el mal va en aumento. Es el demonio que ha vuelto con otros 7 peores que él. En el colmo de la resignación, el paciente piensa: «Aquel mago me cobró un millón, pero me quitó el mal»; y así vuelve a verle sin darse cuenta de que ha sido precisamente él quien le ha causado el agravamiento del mal. Y le dicen: «Esta vez le han echado un hechizo mucho mayor. Si quiere se lo quito y a usted sólo le pido 5 millones de liras; a otro le pediría el doble.» Y vuelta a empezar. Si finalmente la víctima se confía a un exorcista, además del pequeño mal inicial hay que liberarla del mal mayor provocado por el mago.

Segundo ejemplo. Igual que antes: el enfermo paga, es curado por el mago, y continúa curado.

Pero, a cambio, el mal pasa a su mujer, a sus hijos, a sus padres, a sus hermanos, por lo cual el daño permanece pero multiplicado (también bajo la forma de obstinado ateísmo, de una vida de pecado, de accidentes de coche, de infortunios, depresiones…).

Tercer ejemplo. También aquí, la misma situación que antes. La persona es curada por el mago y la curación perdura. Pero Dios había permitido aquel mal para que aquella persona expiase sus pecados, para que volviese a una vida de oración y de frecuentación de la Iglesia y los sacramentos. El objetivo de aquel mal era lograr grandes frutos espirituales para la salvación del alma. Con la curación realizada por la intervención del demonio, que conocía perfectamente estos fines, el objetivo bueno ligado a aquel mal se esfumó.

Debemos tener bien presente que Dios permite el mal para conseguir el bien; permite la cruz sólo porque a través de ella llegamos al cielo. Esta verdad es evidente, por ejemplo, en las personas dotadas de particulares carismas que a menudo están afectadas por sufrimientos por cuya curación no se debe rezar. Todos recordamos al padre Pío, que durante 50 años soportó el dolor lacerante de los 5 estigmas; pero nadie pensó en rezar al Señor para que se los quitara: estaba demasiado claro que aquello era obra de Dios, y que perseguía grandes fines espirituales. El demonio es fino; ¡con mucho gusto habría querido que el padre Pío no llevara impresos en la carne los signos de la Pasión! Naturalmente, el caso es distinto si es el demonio quien provoca los estigmas y suscita falsos místicos.

Gabrielle Amorth

Arrestan por ‘brujería’ a colaborador de presidente iraní

El consejero para la política exterior del Presidente iraní, Esfandiar Rahim-Mashai, fue arrestado junto a otros colaboradores acusado de “haber usado poderes sobrenaturales y de haber invocado a espíritus para hacer prevalecer la política” del Presidente Mahmud Ahmadinejad.

Al consejero lo acusan de haber hecho “brujerías”, entre ellas acudir a Abbas Ghaffari, un hombre “dotado de poderes especiales en el campo metafísico y vinculado con mundos desconocidos”.

El sitio iraní Ayandeh explicó que Rahim-Mashai fue despedido de su cargo de jefe de gabinete por Ahmadinejad tras declaraciones polémicas que causaron enojo en el ambiente de los religiosos conservadores.

De todos modos, el Presidente iraní siguió trabajando con el ex jefe de gabinete y por eso ahora es su consejero principal en política Exterior.

El “delfín” del Presidente afirmó anteriormente que Irán debería tener relaciones amistosas con todos los pueblos, inclusive con el israelí.

Además, Rahim-Mashai está en contra de que los religiosos intervengan en política y sugirió una interpretación “iraní” del Islam.

El diario Washington Post publicó que el funcionario intentaba inclusive contactos con Estados Unidos para abrir un diálogo entre los gobiernos.

Polémica por figura religiosa

Los arrestos ocurrieron en un clima de tensión entre el Presidente y el ayatollah Ali Jamenei, guía suprema del país.

El domingo Ahmadinejad volvió a presidir una reunión del gobierno tras 11 días de ausencia debido, según analistas locales, a su desacuerdo con Jamenei por haber removido del cargo al ministro de Inteligencia, Heydar Moslehi.

Hace algunos días fue arrestado un alto funcionario de la oficina de la Presidencia acusado de participar en la producción de un documental sobre Mahdi, un “elegido”, en el que el Presidente era presentado como uno de sus seguidores y para quienes los chiítas estarán con él en el momento de su reaparición.

El DVD fue entregado de manera gratuita en todo el país y los conservadores apuntaron contra Ahmadinejad, acusándolo de haber usado de forma inadecuada una figura religiosa.

Los chiítas creen que Mahdi es el hijo del undécimo imán, que cuando era niño desapareció y que en algún momento reaparecerá como redentor.

Los sunnitas, por su parte, no creen que Mahdi haya desaparecido, pero sí creen que vendrá en un futuro para colaborar con una sociedad islámica perfecta.

Fuente: lanacion.cl

La difícil tarea de expulsar demonios en Colombia

En la casa se ven máscaras de dioses colgadas en las paredes; altares de santos con pájaros muertos, disecados; una olla llena de piedras, extraídas de un río; un par de flechas rojas que se cruzan y forman una X.

Arriba, en el segundo piso, cuarto principal, varias muñecas de trapo están amarradas a las cortinas de una ventana. Quien las puso ahí se las arregló para que sus rostros no se puedan ver. Las muñecas, literalmente, abrazan las cortinas, se ven de espaldas.

En una biblioteca de ese cuarto hay unos 30 libros. Los lomos de la mayoría anuncian el mismo contenido: Magia. También se ven collares en un cofre transparente. Muchos collares.

La casa está ubicada a las afueras de Cali. El pastor cristiano Jans Anderson Pechené permitió que lo acompañara bajo una condición: no revelar la identidad de su propietario. “Vamos a hacer una liberación de esa persona y no es conveniente que se publique su nombre en un periódico”, advirtió.

Sólo se pueden contar algunos datos, los relevantes para entender la historia: el dueño de esa casa, que está rodeada de montañas, se dedica a la santería, una religión que fusiona creencias católicas con la cultura Yoruba, tribu del oeste de África.

Quienes la profesan creen en un dios supremo llamado Olodumare. Creen que existen deidades, los orishas, espíritus que intervienen entre su dios y los humanos. Y creen que con comunicarse y rendirles tributo a esos espíritus por medio de ritos y sacrificios de animales, se puede cambiar el destino, incluso espantar la muerte de una persona.

“Yo enterré un muñeco en un cementerio y realicé ofrendas a los dioses para salvar a uno de mis hijos de una enfermedad. Fue desahuciado por un médico cuando era niño”, confiesa, de pronto, el propietario de la casa.

Ahora está sentado en su cama, en el cuarto principal. Su hijo, del que habla, que luce un rostro pálido extremo, está por ahí, frente a un computador. Tiene unos 14 años.

El dueño de la casa sigue con su historia. “Sólo necesito el nombre de alguien para saber quién es, a qué se dedica, y doblegarle su voluntad”.

Para hacerlo les reza a sus dioses, dice. Habla de obatalá; de eleguá; de changó; de oyá; de oshún. Comunicándose con ellos, asegura que también puede salvar matrimonios. O hacer que un juez firme la salida de un preso. Por lograrlo le pagan fortunas.

Sin embargo, a pesar de todo el poder que supone tener, se escucha preocupado, se frota las manos, se pasa una de ellas por la frente. Dice que le están sucediendo cosas extrañas desde que decidió retirarse de la santería. Habla de un libro. Uno que hurtó de la casa de su padrino en esta religión. “Es un texto prohibido para los que no son sacerdotes. Pero lo cogí, le saqué copia, y lo que leí me asustó. Esta religión la venden como algo puro. Pero ahora sé a quién le estoy sirviendo y me quiero retirar, dejar mis santos”.

Desde entonces ha sentido que la muerte lo persigue. Tanto que un bus arrasó su carro, justo el día en que decidió no sacrificar una paloma para sus dioses. Es un ritual obligatorio.

“No sé qué pueda pasar, pastor, no sé qué puede pasar si me retiro de esto. Estoy metido en algo muy serio”, insiste con angustia.

El pastor Jans lo tranquiliza. Le habla de la Biblia. De versículos sobre ocultismo. Practicarlo, explica, es la ventana que abre una persona para que fuerzas extrañas influencien en su vida. “Pero ni la sangre de las palomas, ni pactos con el diablo, ni ninguna práctica ocultista, está por encima de Dios”.

El pastor le cuenta la historia de un hombre que conoció hace poco. Llegó a Cali desde Pereira, huyendo. Pertenecía a una secta satánica. Allí, para ser sacerdote, le ordenaron un sacrificio macabro: matar a su hija de tres años. El hombre no lo hizo. Entonces tuvo que salir de la ciudad. En su secta lo amenazaron de muerte por no cumplir el pacto. Llegó a la iglesia del pastor, el Centro Cristiano de Amor y Fe, pidiendo ayuda. Jans oró por él. Cuando lo hizo, dice, se manifestaron demonios que hablaban en lenguas extrañas y hacían que el hombre desarrollara la fuerza de diez luchadores. Sin embargo, quedó libre. “Es el caso más difícil que recuerdo”.

Ahora el pastor le pide al dueño de la casa que lo deje orar. Acepta, cierra los ojos. El pastor le dice que reciba a Cristo y declare que renuncia a la santería. Después saca una botella que contiene aceite de unción y le impone sus manos en la frente. Ora con vehemencia, cita la Biblia, menciona el nombre de Jesucristo. Después le habla a cada uno de los dioses del dueño de la casa: obatalá; eleguá; changó; oyá; oshún. Fuera de este cuerpo, ordena. Al dueño de la casa le empiezan a temblar las piernas, parece caerse de espaldas. Se sostiene, sin embargo. Pasan unos minutos. Dice que siente un frío en uno de sus brazos. El rostro se le descompone, suda. Siente que está mareado. Por eso pregunta si le dieron vueltas. Nadie le dio vueltas.

Ahora llueve. Afuera de la casa, mientras caminamos de regreso a la ciudad, el pastor Jans hace su diagnóstico. Quien vive en ese hogar no tiene una posesión diabólica como tal. Cuando existe una posesión, explica, el espíritu que está dentro de la persona tiene el control total de la conciencia y este no es el caso. Sin embargo, agrega, las fuerzas ocultas operan en varios niveles. Y el dueño de esa casa tiene lazos con energías poderosas que lo atormentan. “Para cortarlas no basta una sola liberación”.

El pastor se despide, va a atender otros casos. A diario deber orar por personas que se sienten atormentadas por el diablo.

Monseñor Rafael Morales, exorcista

Monseñor Rafael Morales fue poseído por una legión de demonios. En 1975. “Para poder ser exorcista viví una experiencia dura, al estilo de los antiguos caballeros que los ponían en vigilia a velar las armas. En mi caso yo fui poseído por muchos demonios a la vez. Para vencerlos pasé 7 días en oración y en ayuno. Y el Señor me enseñó a luchar. Al final sentí que Él hacía la obra, que los expulsaba. Y en una revelación vi que se iban muy lejos, como si fueran una manada de murciélagos. En la boca sentía un sabor extraño: ceniza y pescado”.

Monseñor está sentado en una banca de su parroquia, la Iglesia San Francisco, pleno centro de Cali y su base de operaciones contra el mal.

Aquí es común que lleguen personas que le piden un exorcismo por un hijo, por una tía, por la mamá, por ellos mismos.

Los miércoles, además, sale a recorrer casas. Ese es otro de los requerimientos. Liberar casas y negocios porque se sienten cosas raras. Muertos; objetos que se caen sin motivo; espacios que se sienten helados así en la ciudad haga un calor de 35 grados.

Monseñor Morales es el único sacerdote católico avalado por la Arquidiócesis de Cali para realizar el rito de expulsar demonios o fuerzas malignas. Debido a que los casos se repetían una y otra vez en todo el mundo, el Vaticano, en cabeza de Juan Pablo II, ordenó que cada Arquidiócesis debía designar un sacerdote capaz de enfrentarse a esas fuerzas.

Porque no cualquiera puede acometer esa tarea, dice Monseñor. Para expulsar demonios se requiere de la gracia de Dios, de Fe, un llamado divino y una preparación dirigida. También permanecer en oración.

Monseñor nació en Trujillo, Valle, en 1929 y ya tiene 36 años como exorcista. La primera persona que recuerda haber liberado fue una mujer que estaba a punto de morir. Tenía una extraña dolencia en el estómago. Los médicos, a pesar de que le practicaron exámenes, no encontraban enfermedad alguna. Cuando Monseñor llegó, le puso sus manos en el vientre. Sitió un movimiento extraño, como si dentro de ese estómago la mujer tuviera el corazón. Su discernimiento le indicó que era un asunto de energías poderosas y malévolas. Monseñor oró. La dama se levantó sana.

Era, cuenta el sacerdote, una mujer influenciada por una fuerza maligna. Porque no todos los casos de exorcismos se hacen a personas que hablen en lenguas, cambien su tono de voz, tengan una mirada fría y fuerza sobrehumana. En realidad, dice, casos así no se presentan con regularidad. “En los 3 años que he estado en esta parroquia he atendido dos de esas posesiones por año. El resto son influencias, energías que se posan en un órgano de una persona para enfermarla”.

Y existe un estudio que ordenó Monseñor Isaías Duarte Cancino. El jerarca católico (q.e.p.d.) quería averiguar cuántos de los exorcismos que se practicaron en la Arquidiócesis de Cali mientras él estuvo a cargo, eran en realidad una posesión demoniaca en donde un espíritu dominara la conciencia de una persona. “De más de 900 exorcismos estudiados, ninguno era una posesión”, recuerda el padre José González.

¿Pero qué sucede entonces? Por qué una persona puede llegar a sentirse enferma o poseída debido a  influencias, energías, demonios?

Monseñor coincide con el pastor Jans. Cali es una ciudad en donde se practica el ocultismo: brujería, lectura de tarot, satanismo, santería. Quien se mueva en esos asuntos es presa fácil de fuerzas misteriosas.

Problemas de salud mental

En la Unidad de Salud Mental del Hospital Universitario del Valle también se cuentan historias de personas que han ingresado allí por supuestas posesiones diabólicas.

“Aunque son muy pocos esos casos, sí hemos tenido pacientes cuyas familias nos expresan, según sus creencias, que están poseídos por demonios”, dice Henrry Valencia, médico Psiquiatra y subdirector de la Unidad.

Sin embargo, Valencia explica que, desde el conocimiento científico, no es posible que un fenómeno paranormal como una posesión se presente. “No se ha comprobado, desde la medicina, que un ser humano pueda ser poseído por un demonio. Todavía no hemos llegado hasta allá, ni conocemos evidencia médica, ni estudios, que lo corroboren”.

Hace 3 años, a esta Unidad llegaban en promedio 2 jóvenes por mes, trastornados por prácticas como la tabla Ouija. Pero para el psiquiatra esos trastornos tampoco tienen relación con espíritus del más allá. “Por lo general eran adolescentes y presentaban cuadros de angustias o psicosis por la utilización de esta tabla”, explica el psiquiatra. Esos cambios de comportamiento se originan, según la ciencia, por el alto nivel de estrés emocional que se experimenta en una sesión de espiritismo o prácticas satánicas.

Un sacerdote escéptico

Esta historia termina con un sacerdote ortodoxo y escéptico: Édilson Huérfano. “Yo le puedo decir que de 1.000 exorcismos que se hacen, sólo uno es posesión demoniaca”, dice.

Cuenta que lo han llamado madres desesperadas que aseguran que sus hijos están poseídos. Cuando llegó a esas casas, se encontró con muchachos drogados que simulaban la posesión para despistar a sus padres. Casos así son comunes, asegura.

Sin embargo, en Floralia, en agosto de 2010, le sucedió algo que todavía no se logra explicar. Un mayor de la Policía, Reynaldo Gómez, lo buscó con desespero cuando el padre jugaba fútbol. Le dijo que tenía problemas con tres mujeres. Édilson pensó que era un asunto de pandillas.

Cuando llegó a la casa se encontró con un ambiente que olía fuerte, a incienso. Y sintió escalofríos. Al frente, tres mujeres de una misma familia, madre y dos hijas, estaban en trance.

El padre empezó a orar, a regar agua bendita, a leer el Salmo 108. Cuando tocó a una de las mujeres con el agua, reaccionó como si la hubieran quemado y lo atacó violentamente. Entre tres hombres no eran capaces de controlarla. Otra de las mujeres se reía como una niña. Y sus pies tenían el color de un muerto.

Todo duró dos horas. Las mujeres se quedaron dormidas después de las oraciones. Cuando salió, Édilson Huérfano empezó a vomitar. Y terminó tan cansado, que durmió 2 días seguidos. Todavía nada de lo que pasó ahí se lo ha podido explicar.

Fuente: elpais.com.co

La Hermandad de la bestia

Otro interesante documental de Enigma TV y Chris Everart sobre las interioridades y tradiciones de la magia a lo largo de la historia.  Si no tienes tiempo de verlo completo, no te pierdas los capítulos 5, 6 y 9. Encontrarás información importante en ellos. [youtube=http://www.youtube.com/watch?v=eTOuE0iYtA4 … Read More

via Trinity a Tierra

La hechicería está ligada a la mujer

Desde tiempos remotos la mujer ha sido asociada con cuestiones de hechicería, porque recurre a ella en situaciones de infidelidad u otras relaciones sentimentales, comentó la doctora Rosío Córdova, académica de la Universidad de Veracruz, durante el II Coloquio Nuevas perspectivas sobre el chamanismo, el curanderismo y la brujería celebrado en Puebla (México).

En la conferencia magistral “Brujería erótica o de cómo la eficacia simbólica equilibra la desigualdad entre géneros”, la doctora Rosío Córdova señaló que la hechicería es practicada por mujeres de una baja condición social, a quienes se las asocia con Satán. “Anteriormente esta vinculación provocaba que fueran quemadas, cuando ellas solamente reclamaban un poder legítimo que les había sido negado”.

Puntualizó que los resultados de su investigación sobre este ámbito le permitieron deducir que la magia, al ser una ciencia oculta, tiene aspectos positivos como sanar pero también negativos, como un maleficio. Por ejemplo, en algunas localidades la mujer al no contar con un proveedor eficiente, “sostiene relaciones sexuales con otros hombres para obtener beneficios económicos; situación que hasta cierto punto es aceptable, al amante puede cambiarlo las veces que sean necesarias, pero no tiene que ser más de uno”.

En este caso, la magia se utiliza para que la infidelidad no llegue a oídos del marido, practicando desde una “curación o remedio” hasta hechizos profesionales. El primero es de aficionados, y se dice que  “las esposas colocan crestas de gallo o huesos de difunto en los alimentos de su marido, para dominar su voluntad, pero a la larga esta ingesta ocasiona la pérdida de la cordura”, advirtió.

En las prácticas profesionales, los llamados “doctores” realizan diversos servicios tanto a hombres como a mujeres, empleando prendas, fotografías e incluso sólo el nombre de la persona. La académica finalizó que estos son algunos usos de la magia y brujería en comunidades de Veracruz, y también en otros estados.

En la inauguración del evento, el Doctor Alejandro Palma Castro, Director de la Facultad de Filosofía y Letras de la BUAP, indicó que se pretende que la comunidad universitaria se interese en realizar investigaciones sobre el tema.  “De esta manera los estudiantes afianzarán aspectos que no se abarcan totalmente en el plan de estudios, generando así un espacio de intercambio académico con importantes especialistas”.

Fuente: http://www.poblanerias.com

El parapsicólogo Josep de Santantoni interviene como especialista en un caso de Veredicto (Megavision)

El parapsicólogo Josep de Santantoni intervino como especialista en un caso de fenómenos paranormales que fue tratado en el programa ‘Veredicto’ de Megavisión y emitido este pasado primero de octubre.

De Santantoni, experto en Ciencias Ocultas y sanador espiritual, fue invitado por la productora del programa que conduce la abogada Macarena Venegas, a intervenir en un caso en el que se mezclan diversos temas relacionados con el mundo paranormal y el Ocultismo.

Entre esos temas figura la existencia de una casa embrujada en la que siempre ‘pasan cosas raras’ y desde hace muchos años se han estado manifestando presencias fantasmales, sombras de animales y espíritus; la presencia del tué tué (ave misteriosa muy presente en el inconsciente colectivo y legendario del pueblo chileno, y asociada siempre a muertes y malos augurios); una estrecha relación de algunos familiares de una de las protagonistas con la brujería y la magia negra; una muerte reciente y el miedo atávico de una de las jóvenes presentes en el programa, aquejada de una fuerte depresión y que a pesar de la insistencia de uno de sus familiares, no desea regresar al hogar en el que creció porque siente pavor a hacerlo.

En su intervención, de Santantoni aconsejó y orientó a las protagonistas del caso, y el veredicto final de la abogada Venegas fue tomado teniendo en cuenta sus consejos y recomendaciones como experto.

Por si queréis visitarlo, aquí está el enlace directo en el sitio de Vimeo.

Enterrado vivo un supuesto brujo boliviano

La policía investiga la misteriosa muerte de un supuesto “brujo” a manos de campesinos quechuas, que supuestamente lo enterraron vivo después de acusarlo de haber hechizado a uno de los suyos.

La aparente venganza ocurrió el pasado 20 de agosto en una remota aldea montañosa del centro de Bolivia; pero el cuerpo de Jorge Cano Rojas, de 48 años, recién fue recuperado este viernes primero de octubre para realizar una necropsia, informó la policía de la ciudad de Cochabamba, que evitó dar más detalles del caso.

El hijo de Cano, de nombre Javier, relató a medios de prensa en esa ciudad que su padre fue detenido en otra localidad por una treintena de comuneros, quienes lo llevaron por la fuerza a Pacha Alta, donde lo golpearon antes de enterrarlo aún vivo en presencia de sus familiares.

El hombre fue acusado de embrujar a Miguel Aquino, agricultor de Pacha Alta, quien murió poco antes de forma misteriosa, según relató Javier Cano. Negó que su padre haya sido hechicero y dijo que era agricultor.

Antes de Cano, otras doce personas murieron en circunstancias parecidas a manos de turbas que tomaron la justicia por mano propia a nombre de la  “justicia comunitaria”, una práctica prohibida por la legislación boliviana.

Los linchamientos generalmente ocurren en barriadas y aldeas rurales alejadas, donde la presencia policial es muy escasa.