Archivo del Autor: Josep Riera de Santantoni

El apego espiritual: cuando una entidad se adhiere a nuestro ser

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Quienes están versados en el esoterismo y el mundo espiritual, son conocedores desde hace mucho tiempo del fenómeno llamado apego espiritual. Este fenómeno lo protagonizan entidades que se adhieren a nuestro cuerpo físico durante un tiempo indeterminado. Pero sólo ahora se ha convirtiendo en el centro de atención, debido principalmente al aumento de extraños comportamientos en las personas, que en muchos casos parecen cambiar su forma de ser por completo.

Esto ocurre cuando una persona convive con la energía de un espíritu de una persona o entidad ya fallecida. En ciertos casos, los espíritus se han unido a las personas para ayudarlas, ofreciéndoles un inexplicable talento para la música, pintura, el dibujo o la escritura. Sin embargo, en la mayoría de los casos pueden convertirse en la peor de las pesadillas, incluso pudiendo dañar la salud física y mental.

¿Por qué los espíritus quieren adherirse a nosotros?

Puede haber muchas razones por las que se produce una unión espiritual, pero generalmente muchos espíritus intentan buscar el consuelo, volviendo a vivir algunos de los aspectos físicos de la vida que un día tuvieron. Otros están confusos y no se dan cuenta que están muertos y quieren estar cerca de una persona viva. En este caso, simplemente desean ponerse en contacto con los vivos en busca de ayuda, sin ninguna intención de hacer daño a la persona a la que se ha unido.

Otros espíritus y entidades buscan deliberadamente la energía de las personas viva. Estas entidades pueden tener diferentes nombres, pero básicamente se alimentan de la energía emitida por las personas en el mundo físico. Estos espíritus son conocidos como parásitos astrales, ya que “roban” enormes recursos de una persona viva y drenan su energía.

Médiums y psíquicos son posiblemente las personas más expuestas a este fenómeno, ya que son canales a otras dimensiones. Pero aquellos que practican determinadas actividades ocultistas o espirituales podrían ser también propensos a una adhesión por parte de espíritus. Como hemos comentado en otras ocasiones, “juegos” como la ouija son portales que se abren y permiten la entrada de ciertas entidades a través de ellos, con el único objetivo de causar un daño irreparable a sus víctimas.

Tampoco nos debemos olvidar de las personas que tienen problemas emocionales o de salud, ya que su protección natural energética se reduce. Personas con un historial de abuso de drogas o alcohol se encuentran constantemente en riesgo de adhesión espiritual. Las drogas y el consumo excesivo de alcohol no sólo disminuyen el aura natural del cuerpo, sino que también causan brechas en su escudo protector y en la propia psique de la persona. Muchos expertos creen que las alucinaciones causadas por las drogas o el alcohol pueden ser en realidad contagios de espíritus del más bajo astral.

Tipos de entidades que pueden adherirse a una persona

Los espíritus humanos son aquellos que quedaron atrapados o bien optaron por permanecer cerca de la dimensión física. En algunos casos se quedan cerca de este plano debido a experiencias traumáticas o muertes violentas y/o imprevistas;  pero en otros casos, son espíritus negativos que decidieron quedarse en el plano terrestre, aparentemente causando el miedo entre los vivos. Estos espíritus no son entidades demoníacas; sin embargo, pueden llegar a ser muy peligrosos y la adhesión de una de estas entidades podría causar un daño en nuestras vidas.

Las entidades no humanas son energías que no han llegado a encarnarse en el reino físico. Algunos son benignos, otros extraños y desconocidos, pero no necesariamente negativos. Las formas más comunes o los nombres frecuentes para este tipo de entidades no  humanas  son “sombras”, “gente de las sombras”, “entes oscuros”, “larvas”, “bajos astrales”, etcétera.

Los elementales son seres espirituales que en ocasiones se confunden injustamente con otras entidades. Desafortunadamente, los elementales son atraídos con frecuencia por los campos de energía humana. En su forma original, los elementales no son negativos. Sin embargo, si son invocados en prácticas ocultas negativas, pueden llegar a transformar su propia energía en negativa. Además, en los lugares donde la gente ha cometido actos de violencia extrema, los seres elementales pueden absorber estas energías. Lamentablemente, muchos elementales terminan en los planos astrales inferiores debido a que son corrompidos  por la energía más negativa de los seres humanos. Así que, básicamente, cualquier ritual positivo u oración para liberar a una persona de un elemental también ayudará a este ser espiritual.

Hay varios niveles de apego espiritual que una persona puede experimentar. El primero comienza con la simple presencia del espíritu. Algunas personas aseguran tener la sensación de no estar solos, como si fueran seguidos y vigilados por una presencia invisible. En este nivel también pueden producirse fenómenos paranormales tales como extraños golpes, misteriosas voces y otros sonidos inexplicables. Hay casos donde las personas han informado ver una niebla o nube negra amenazante cerca o por encima de ellos.

En el siguiente nivel, el contagio del espíritu comienza a ser más intenso. En estos casos, las personas pueden sentir cambios de humor irracionales, depresión y sentimientos de ansiedad. En las etapas finales, el espíritu se adhiere a su víctima, causándole pesadillas frecuentes y dolor en las articulaciones, entre otros varios síntomas.

Llegados a este punto, es importante recordar que antes de pensar que alguien ha  sido víctima de una adhesión o contagio espiritual, es necesario descartar cualquier problema médico. Una vez que estemos seguros de que podemos ser víctimas de este fenómeno, lo primero que debemos hacer para la protección es empezar con buena salud. Un cuerpo sano, una mente sana y equilibrada son las bases sólidas de cualquier defensa. La razón principal es que los espíritus negativos tienen una tasa de vibración baja, pero la energía positiva y saludable vibra mucho más alto.

Y cuando un espíritu se ha adherido ya a una persona, es importante que ésta sea tratada por profesionales cualificados, ya que su vida podría estar en peligro. Hay que recordar que la adhesión espiritual no tiene nada que ver con las posesiones demoníacas. Son dos temáticas completamente distintas.

Empatía psíquica: sentir el dolor de los demás a distancia

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Una madre está escribiendo una carta a su hija. De repente su mano comienza a temblar y se la cae la pluma. Menos de una hora después, se entera de que su hija se ha quemado su mano derecha en su trabajo. Un hombre siente un dolor en el pecho y una gran tristeza. Poco después recibe una llamada diciéndole que su hermana ha muerto de un ataque al corazón.

Miles de personas en todo el mundo han asegurado haber tenido experiencias parecidas a las historias anteriormente descritas. Y mientras que muchas personas piensan que se trata de una simple coincidencia, la realidad es que tienen la inusual capacidad de la empatía psíquica.

La empatía es la capacidad de sentir los sentimientos y emociones de los demás, sin que nos digan verbalmente lo que están pensando y sintiendo. Pero la forma psíquica de la empatía no debe confundirse con la emoción humana básica de empatía, la cual la mayoría de personas pueden sentir empatía por otra persona sin ser necesariamente psíquicas.

Sin embargo, la principal diferencia es que alguien que es un empático psíquico en ocasiones recibe señales no visuales o no verbales de otra persona que está sintiendo dolor, miedo, o alegría a la distancia. Ser empático psíquico significa que la persona nació con la capacidad de “conectarse” con otras personas y explorar sus sentimientos y experiencias de la vida, en un nivel impensable.

¿Qué se siente?

Un empático es tan sensible a las energías psíquicas circundantes, especialmente a las energías de otras personas, que puede ser víctima de un tremendo estrés o de un conflicto interno. Se puede sentir como una especie corriente eléctrica o simplemente un nerviosismo, seguido por un torrente de emociones. Los sentimientos de tristeza o melancolía pueden aparecer de la nada, invadiendo todo tu ser.

Esto se vuelve muy confuso ya que la persona no puede entender completamente lo que está sucediendo y tratar de buscar una explicación racional a las emociones extrañas. Otro dato a destacar es que la mayoría de empáticos psíquicos en un momento u otro llegan a sufrir depresiones, e incluso puede llegar hasta tal punto que deben medicarse si no son capaces de entender lo que les sucede.

¿Cómo se recibe la “información”?

Nadie sabe realmente los verdaderos mecanismos de las habilidades empáticas psíquicas. No todos los empáticos psíquicos tienen sólo esta capacidad, ya que algunos pueden tener múltiples habilidades psíquicas, que se compenetran entre sí. Por ejemplo, el empático psíquico puede utilizar sin saberlo habilidades psicométricas para “recibir información” con sólo tocar una persona u objeto. Y la capacidad empática procesa esta información en forma de sentimientos. Más allá de estas dos habilidades psíquicas, la persona también puede tener una fuerte clarividencia, clariaudiencia y otras habilidades que ayudan en el tratamiento de la información que está recibiendo.

¿Quién es un empático psíquico?

Al igual que otras habilidades psíquicas, nadie sabe cómo o por qué existen estas habilidades, cómo funcionan, o por qué una persona las tiene. Algunos expertos sugieren que las habilidades psíquicas son el resultado del desarrollo del alma a través de varias encarnaciones.

Mientras que otra teoría propone que muchas habilidades psíquicas están misteriosamente conectadas a las personas que han tenido una “Experiencia cercana a la muerte (ECM)”. En estos casos, se cree que una persona que ha vuelto de tal experiencia ha abierto una especie de puerta o conexión entre los mundos físicos y espirituales. Esta conexión se impregna de alguna manera a la persona mediante habilidades psíquicas.

Pero en el caso de la empatía psíquica, a veces se trata de una cuestión de detectar campos de energía o auras. En muchos casos, los empáticos psíquicos se “entrenan” para detectar cambios sutiles en las vibraciones de energía de otras personas. La mayoría de los empáticos son grandes oyentes, y tienen una tendencia a gravitar hacia profesiones en las que pueden utilizar esta capacidad para ayudar a los demás, como el trabajo social, consejeros, o trabajos relacionados con la energía psíquica. De hecho, los empáticos psíquicos son excesivamente amables y normalmente no quiere herir los sentimientos de nadie.

Señales de la empatía psíquica

Sentir el sufrimiento del mundo a gran escala y tener la necesidad de poder hacer algo para ayudar.

Dificultad a la hora de ver las noticias o imágenes angustiantes porque sienten el dolor a la distancia.

Dificultades para conversar con otras personas y extrema timidez.

Afinidad con el reino animal. Los empáticos psíquicos tienen una conexión especial con otras especies de animales y son capaces de relacionarse a un nivel muy profundo.

Sentirse responsable de cómo se sienten otras personas.

Tendencia a tener relaciones y amistades poco duraderas.

Una extraña sensación de sentir dolores y molestias de ciertas personas.

En ocasiones encontrarse en un papel de asesoramiento sin quererlo, donde las personas expresan abiertamente sus emociones.

Una identificación emocional con los personajes de novelas, películas y obras de teatro.

Lidiando con habilidades empáticas

Los empáticos psíquicos inexpertos generalmente se sienten abrumados por la gran cantidad de información que reciben, sobre todo cuando estas experiencias suceden desde niño. Los sentimientos y sensaciones físicas que “recoge” un empático psíquico llegan a ser más fuertes que las suyas. Esto hace muy difícil distinguir qué emociones son suyas y cuáles pertenecen a otra persona.

Cuando un niño nace con esta capacidad en ocasiones puede ser mal diagnosticado como si tuviera trastornos emocionales o mentales. Los niños pueden quedar atrapados en este marco desde el principio y permanecen definidos por una enfermedad o trastorno durante toda su vida. Es por este motivo que los padres siempre deben de escuchar a sus hijos e intentar buscar una explicación antes de solicitar la ayuda médica.

Muchos empáticos psíquicos encuentran una solución física para la avalancha de emociones y otras sensaciones. Deciden vivir en zonas escasamente pobladas, aunque también cabe decir que un estilo de vida rural no significa que la empatía se vuelva inmune a las emociones y a la energía de los demás, pero sin duda es una manera de hacer frente a esta capacidad.

Sin duda la empatía psíquica debe ser aceptada como un regalo y nunca como una maldición. Aunque también es cierto que el lado más oscuro de esta misteriosa capacidad ocurre cuando sentimos la muerte de otra persona. Es por este último motivo que todos aquellos que tengan desarrollada la empatía psíquica deben aprender a controlarla, porque el regalo se puede convertir en una maldición.

Fuente: mundoesotericoparanormal.com

Los maléficos brujos chilenos

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Los calcus y machis pertenecen a la cultura mapuche propiamente tal, que estaba propagada en Chile a la llegada de los españoles desde Copiapó hasta Taitao, siendo de carácter sorprendentemente uniforme, lo que se manifiesta exteriormente en que las diferencias de dialectos eran insignificantes (mucho menores, por ejemplo, que los de las diversas regiones de los países europeos). También los mitos y leyendas de origen mapuche estaban difundidos en todo aquel territorio.

Se agregó a ese acervo ancestral, sin embargo, el introducido por los españoles, y éste ha recibido muchas veces influencias indígenas; además, ha habido nuevas creaciones de mitos y leyendas.

Un campo interesante para estudiar estas relaciones es el referente a los brujos. Predomina en Chile la concepción española de la institución, pero se le han agregado influencias mapuches, sobre todo en Chiloé.

Vicuña Cifuentes cita diversos relatos sobre brujos descubiertos como tales.

Una criada, por ejemplo, solía recogerse temprano a su cuarto y no contestaba cuando se la llamaba, alegando al día siguiente haber estado con el mal, o sea, una enfermedad repentina que la hacía perder el conocimiento. Como el caso se repitiera, los patrones forzaron la puerta, encontrando vacío el recinto. Frente a un espejo había, sin embargo, una vela encendida y al lado de ella una cantidad de pequeños potes con diversas pomadas, que arrojaron a la acequia.

La empleada no volvió a aparecer, pero desde la noche siguiente la casa fue rondada por una perra que gemía lastimosamente: era la criada, quien, por haber desaparecido los ungüentos, no pudo volver a su forma de mujer y quedó transformada en perra hasta el fin de sus días. Aterrorizados, los patrones abandonaron la casa y el barrio.

De una manera similar, un padre que sospechaba que sus tres hijas eran brujas, las observó sigilosamente. Una noche vio salir tres zorras de la casa. Corrió a la pieza donde dormían sus hijas y encontró sus cuerpos inmóviles en sus lechos. Los colocó boca abajo y fuese a dormir. Al penetrar al día siguiente en el cuarto, encontró en él, además de los cuerpos inermes de sus hijas, a las tres zorras, que no habían podido penetrar en ellos para volver a vivificarlos, debido a su posición.

Estos dos casos son típicamente europeos.

Todos los brujos se dedican a ocasionar daños a otras personas, pues son incapaces de hacer el bien. Para lograrlo es necesario, sin embargo, saber el arte. Los maleficios comprenden, por ejemplo, la rociada o mal tirado, una especie de maldición lanzada desde la distancia; y el daño o mal Impuesto, que se verifica por cuenta ajena.

En este último caso es preciso entregar a la bruja (casi siempre se trata de mujeres) alguna prenda de la víctima (un cadejo de pelo, un trozo del vestido, etc.) y un perrillo: la bruja arranca a éste el corazón, lo envuelve en aquella prenda y lo hiere en seguida furiosamente con un alfiler, profiriendo horribles conjuros. La víctima sufrirá iguales padecimientos.

Es un ejemplo de la magia simpática, por medio de la cual se invierte el orden de los acontecimientos (se realiza simbólicamente el mal que se pretende ocasionar, esperando que se produzca realmente). Hay brujas que disponen para este efecto de dos maniquíes, uno masculino y otro femenino, clavando la prenda con un alfiler en el sitio en que se espera ocasionar el daño y haciendo en seguida los conjuros. Las prendas pueden ser agregadas también a un sapo, una lagartija, un murciélago, etc., que se hacen hervir en una caldera.

Es fácil reconocer a un brujo. Basta para ello colocar debajo de su asiento una tijera abierta en cruz, pues no podrá levantarse de él. Una cruz de plata llevada como amuleto sobre el pecho impedirá que una rociada penetre en el cuerpo: sólo se ennegrecerá. Si se lleva en el bolsillo la colilla de un cigarro fumado por el portador el viernes anterior, o bien simplemente un dientecillo de ajo (que inspira horror a los brujos), se evitarán las consecuencias del mal tirado. Si el mal ya ha producido su efecto, hay manera de salvarse buscando una gallina negra que no haya conocido gallo y humedeciendo la parte afectada con su sangre.

Se sabe que los brujos son sordos los días martes. Si se quiere que no escuchen lo que se habla en otros días, debe decirse: “Martes hoy, martes mañana, martes toda la semana”.

Un brujo nunca puede poseer más de dos reales (25 centavos), y tampoco cobrará más por sus servicios. Sin embargo, ellos custodian los entierros, que les llegan a pertenecer si no son recuperados por otro dentro de un año. Se designa, empero, a uno de ellos, transformado en animal, para custodiarlos. Este los desvía si se les acerca alguien, por lo cual es imposible encontrar la mayoría de los entierros. Ello sólo es posible cuando fallece el guardián y no se ha designado todavía otro para reemplazarlo, o bien el Viernes Santo.

Los maleficios de los brujos son producidos también por asquerosos brebajes que preparan, o bien por venenos. Ellos pueden quitar la razón a una persona, lo que también consiguen valiéndose de una aguja que han hecho pasar por los ojos de una lagartija. Son capaces de infectar con gérmenes la ropa dejada a secar en el patio.

Por venganza, pueden hablar a los muertos: los exhuman, llevan el ataúd al templo, donde lo abren, poniendo de pie al muerto y azotándolo, acompañando cada latigazo con apóstrofes en que recuerdan al fallecido los malos actos cometidos cuando estaba vivo.

Son capaces de desorientar a un transeúnte, haciéndole perder hasta el camino a su casa.

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La creencia en brujos está todavía muy arraigada en el país. Se sostiene que en las profundidades de la tierra hay a lo largo de todo el territorio una inmensa cueva, conocida con el nombre de Salamanca. Hay a ella muchos accesos, siendo los principales los de El Molle (al interior de La Serena), Talagante, Vichuquén y Quicaví (sobre la Isla Grande de Chiloé).

Se hace un distingo entre un brujo vulgar y otro que domina el arte, lo que requiere siete años de estudios. Todos se juntan, sin embargo, en asquerosos aquelarres que celebran en sus cuevas y que culminan en escandalosas orgías. En ellas se sirven exquisitos manjares y vinos en vajilla de oro y plata. A veces son invitados legos a esas fiestas. Si éstos hurtan alguno de los valiosos objetos que ven, pierden el conocimiento y se encuentran al día siguiente tirados en pleno campo; y si buscan aquellos objetos en sus bolsillos, sólo encuentran estiércol u
otras inmundicias. Un chivato hace guardia en la entrada de la cueva, y es preciso rendirle homenaje mostrándole el trasero.

Todas estas características son netamente europeas y comprueban el predominio de los elementos de ese origen en la formación de la cultura chilena.

Hay, sin embargo, también influencias mapuches. Se atribuye a los brujos, por ejemplo, llevar un macuñ o chaleco mágico y luminoso, que es alimentado con grasa humana. En él muestra el brujo acontecimientos por venir. En Europa existe un espejo mágico que desempeña la misma función. El nombre de ese chaleco es mapuche.

Donde esas influencias indígenas son especialmente grandes, es en Chiloé. El Obispo de Ancud, don Ramón Ángel Jara, se vio en la necesidad de ordenar verdaderas campañas para combatir allá la creencia en los brujos. En 1880 hubo en Ancud un famoso proceso por brujería, que ocasionó gran revuelo y que fue publicado finalmente en un folleto.

Se cree allá que los brujos están acompañados por invunches, a igual que los calcus, y que éstos son también los tripulantes del buque fantasma, el Caleuche. Las Voladoras son consideradas como brujas. Cuando los brujos quieren cruzar el mar, lo hacen sobre la espalda de un Caballo de Mar. Todos estos elementos son mapuches.

El Caballo de Mar es una especie de encarnación zoomorfa de las olas marinas, que tiene forma equina y arroja espuma por la boca. Los brujos lo gobiernan con riendas de algas marinas (cochayuyo). En tierra se puede apreciar su estatura, que no es superior a la de un quincho o cercado de estacas. Aun cuando el caballo sólo fue introducido por los españoles, es posible que antes se le atribuyera la forma de otro animal, pero puede tratarse también de un mito de origen europeo. Zeus se transformó en un toro y transportó a Europa desde Fenicia a la isla de Creta a través del mar. Los calcus logran llegar al Caleuche sobre el lomo del Caballo del Mar.

Extraído del libro “Mitos y Leyendas de Chile”, de Carlos Keller Rueff

Seres y mundos invisibles: entre el infierno y el cielo

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Algunos dicen que los ven. Otros aseguran que los oyen. Muchos creen en ellos sin verlos ni oírlos. La ciencia no se atreve a desmentir la existencia de seres que habitan en dimensiones paralelas porque no puede refutar la inexplicable capacidad de la mente para percibir otras realidades. Si el Universo está construido por energías psíquicas, la variedad de entidades que lo pueblan puede ser infinita.

Hace más de 50 años el antropólogo británico Lewis V. Cummings publicó un libro que fue muy bien recibido por el público, pero denostado por sus colegas: “Yo fui un cazador de cabezas”. Su aventura antropológica en la Amazonia central había ido demasiado lejos –según sus críticos– cuando entró en contacto con una tribu que jamás había conocido un hombre blanco y fue aceptado como un miembro más de la comunidad. Dejando todo prejuicio, su mente se transformó y adoptó las costumbres, las herramientas y las armas del grupo. No sólo participó en el trabajo y en la caza, sino también en batallas contra otras tribus.

Cummings penetró en la extraña esfera espiritual de los hombres de la selva. Para ellos, morir en la batalla, ser comidos por los enemigos y saber que sus cabezas serían reducidas y conservadas era menos temible que ser devorados por las alimañas y los gusanos, pues de esa forma sus almas quedaban dentro de la esfera humana y seguían participando en el círculo de los seres dotados de alma. En las noches de plenilunio la tribu se reunía en un claro, bebía el zumo de algunas plantas y danzaba hasta el frenesí. Según Cummings, este ritual conducía a un raro éxtasis: la percepción se amplificaba hasta alcanzar niveles inauditos y los sonidos, colores y rumores de la selva se unificaban con el propio ser.

Pero la extrema sensación de pertenecer a un Todo no era el fenómeno mayor del que dio testimonio. En algún momento, y al unísono, todos los danzantes quedaban paralizados: desde la zona umbría de la arboleda surgían las figuras luminosas y gigantescas de los guardianes espirituales del bosque. En sus primeras experiencias, lo que observó no parecían seres antropomórficos; eran formas cambiantes con ojos brillantes y desmesurados, pletóricas de energía vital, que imponían un temor reverencial y sagrado. Con el tiempo, los seres asumieron ante su mirada las características de guerreros gigantescos, tal como los veía el resto de la tribu.

Lo que produjo mayor controversia e incluso burlas por parte de los científicos fue la firme creencia del antropólogo de que lo vivido no había sido una alucinación, sino algo verdadero, una explosiva apertura de la mente a otras realidades. El sentimiento que impregna las últimas páginas del libro, donde relata su retorno a la civilización, deja traslucir su tardío arrepentimiento por haber abandonado una familia, su fuerte pertenencia a un grupo solidario y el sabor profundo de haber tomado contacto con una invisible y poderosa dimensión espiritual, situada más allá de la razón.

EL SEXTO SENTIDO

Aun el más incrédulo de los racionalistas debe confesarse a sí mismo que existen lugares donde le asaltan, de manera irracional, sentimientos ominosos y amenazantes: casas que emanan una pesada carga de fatalidad o fracaso, callejones donde no penetra el sol o parajes rurales que le suscitan inquietud. También sucede lo opuesto: hay espacios donde se percibe una sensación de paz, alegría y vitalidad.

El sexto sentido no es una invención teórica de los psicólogos, sino un estado de alerta extremo que se produce por lo general en situaciones poco habituales. Pero en medio de las rutinas del trabajo, la fatiga y las preocupaciones, el espacio de la mente permanece ocupado por lo habitual y la percepción se estrecha, bloqueando o negando toda manifestación “diferente”.

Las investigaciones realizadas con personas que aceptan pasar dos o tres días dentro de cámaras insonorizadas de aislamiento total muestran que a las pocas horas pierden la noción del tiempo y que aumenta su nivel de ansiedad. El diálogo interno sobre la vida y los conflictos cotidianos decaen, mientras se incrementa la percepción del silencio, en contraste con los sonidos corporales y la propia voz. El sentido de unidad del “yo” también resulta afectado por la irrupción de sentimientos, memorias, fantasías y alucinaciones que, de forma paulatina y sin control, parecen irrumpir desde las zonas inconscientes de la mente. En los casos más sensibles, el estado alucinatorio no discrimina si lo que comienza a verse u oírse fuera de uno mismo es real o solamente una proyección mental.

El aislamiento extremo provoca, al igual que algunas drogas, lo que ha sido designado como un estado alterado de conciencia. Las hipótesis que se derivan de estas investigaciones, aunque contradictorias, revelan que el estado de alerta diluye los filtros de la mente. Si bien no se puede afirmar que las percepciones sean una “creación” ilusoria o una proyección interna, tampoco está demostrado que procedan necesariamente de fuentes externas.

En todo caso, la mente puede disfrazar o traducir lo extraño o lo nuevo bajo formas “aceptables” o “reconocibles” para no sumirse en el temor a lo desconocido. La casuística del aislamiento tiene semejanzas con los sueños porque abarca visiones y contactos con seres muertos o vivos, personajes demoníacos o angélicos, sensaciones táctiles y hasta relaciones eróticas.

LAS OTRAS REALIDADES

La comprensión de la mente humana podría ser considerablemente más amplia si se admitiera que lo imaginario no es una mera invención que surge de la nada, sino la intuición de otros mundos reales y posibles con los que interactúa. La ciencia “positiva” afirma que más allá de nuestras limitaciones perceptivas hay otras dimensiones, pero no se atreve a suponer que estén pobladas por seres diferentes y menos aún que, por vías inexplicables, puedan actuar en nuestra dimensión.

Tampoco la psicología tradicional va mucho más lejos. En las teorías que el psiquiatra Carl Gustav Jung expuso a sus colegas, los hechos paranormales aparecen como creaciones “psicoideas”, manifestaciones físicas de la propia mente.

Sin embargo, en una contribución a un libro de la bióloga e investigadora Fanny Moser sobre apariciones, Jung cuenta que en 1920 pasó unas semanas en una casa de Inglaterra en la que fue testigo de fenómenos espectrales muy intensos: voces, susurros, golpes y luces. Una noche despertó –narra el psiquiatra– y vio sobre su almohada una cabeza de mujer que lo observaba con un solo ojo fantasmagórico. Pasó el resto de la noche sentado en un sofá, con la certeza de no haber alucinado, y abandonó la casa al día siguiente.

Más tarde, supo que todo el vecindario estaba al tanto de la continua presencia de “espíritus” y “entidades” en esa residencia, razón por la cual los inquilinos acababan marchándose. Las otras realidades difícilmente podrán ser demostradas o descritas a través de métodos científicos a causa de su naturaleza no física o su materialidad “paralela”.

A pesar de que el mundo físico parece ser un gigantesco campo de vacío organizado por una inteligencia inmaterial “milagrosa”, la idea de Dios surge por inferencia, ya que nadie lo ha podido contemplar. En el caso humano, la psique, o la mente, tiene la asombrosa cualidad de existir simultáneamente entre lo físico y lo no físico. De ahí su peculiar capacidad de penetrar y percibir otras realidades sin limitaciones de tiempo y espacio. La teoría de que el Universo es la emanación de una fuerza “psíquica” fundamental, que se expresa en una infinita variedad de niveles y de seres, sostiene esa capacidad.

ALGO MÁS QUE SUEÑOS

En la dimensión onírica es donde la mente parece fluir con más libertad y establecer contactos con seres y realidades diferentes. Quizá por eso las tradiciones chamánicas llaman “locura sagrada” al viaje de “sueño controlado” que el iniciado realiza por el mundo de los muertos, de los demonios, de los animales y del Gran Espíritu. Quien pierde el control, quien pierde su centro en el viaje, puede acabar loco o muerto.

El sueño es una categoría de la realidad en la que la mente se mueve con libertad en regiones que escapan a la conciencia de vigilia. En estado onírico solemos volar, visitar lugares desconocidos, dialogar con personajes desaparecidos y entrar en contacto con seres monstruosos o celestiales que nos amenazan o nos transmiten conocimientos. La psicología llama “inconsciente” a ese territorio ilimitado donde se hunden las raíces de la conciencia. Es también la fuente de las grandes creaciones artísticas, de los descubrimientos científicos y de las premoniciones.

Es frecuente que quien ha perdido a un ser querido sueñe que le visita. Esos contactos llegan a intensidades emocionales tan vívidas, sentidas y profundas que hacen muy difícil tomarlos por fantasías compensatorias. La casuística muestra que en muchos casos los difuntos dan informaciones precisas sobre temas pendientes que podrían afectar al que está soñando. En otros, la imagen del visitante continúa siendo percibida al despertar durante un breve instante intermedio de apertura.

El dolor intenso por la pérdida suele conducir a un estado alterado de conciencia que debilita la presión hipnótica de la realidad: es común que a las pocas horas del fallecimiento haya quienes sienten la presencia invisible de la persona muerta y otros que directamente la vean. Los testimonios describen a estos seres embargados por una expresión de estupor e incredulidad ante su propia muerte. ¿Imaginación o interacción? ¿Es posible que nuestra mente ayude a “corporizar” esas manifestaciones? No es sencillo determinar si aquello que se nos aparece durante el sueño o la vigilia es una entidad externa o un contenido interno que se expresa bajo una máscara aparente. Pueden ser ambos, o una mezcla de los mismos.

Además de la facultad natural de percibir el estado interno de los árboles, los animales o las rocas, Eileen Garrett, autora del libro Adventures in the Supernormal, poseía la capacidad de percibir entidades psíquicas. Garrett afirma en su obra: “Pregunté a esas formas espirituales si las estaba viendo o si estaba viendo lo que había en mi propio cerebro. Me respondieron: ambas cosas”.

Los estados internos inconscientes, los miedos, las fobias o las esperanzas pueden “atraer por simpatía” entidades psíquicas de ésta u otras dimensiones. Y viceversa: si el Universo es un infinito campo psíquico, nuestros estados internos pueden afectar a otros seres sin que tengamos conciencia de ello. ¿Participamos sin saberlo en la vida de entidades de mundos paralelos creando pesadillas?

LUCES Y SOMBRAS 

Sin duda existen personas cualificadas con dotes para manejarse con los personajes reales o imaginarios del trasmundo, ya sea de forma natural, como Garrett o a través del entrenamiento meditativo tradicional. La meditación guiada por maestros expertos de distintas tradiciones provee herramientas para mantener lo que se llama “ecuanimidad contemplativa”.

Por su parte, quienes poseen facultades naturales como videntes o chamanes son dueños de una voluntad firme que no se extravía ni pierde su singularidad al toparse con lo desconocido. En ambos casos, las presencias y los seres exteriores sólo son obstáculos en el viaje espiritual hacia la Gran Vida. La humildad de esta visión disminuye el rol del ego y el deseo de poder, pero fortifica y protege el núcleo o centro espiritual.

De acuerdo con los maestros espirituales tradicionales –incluyendo a Jesús–, la mayoría de los seres o entidades psíquicas negativas capaces de afectar con más facilidad a la mente humana son los que han quedado atrapados en zonas intermedias. El Purgatorio y el Bardo serían así una dimensión psíquica y no física, donde las almas humanas perdidas –y otras mentes no humanas– sobreviven mientras se hunden en los lugares más sombríos de lo inconsciente. Su influencia sobre los seres vivos es casi siempre destructiva, aun cuando se manifiesten como “buenos consejeros”.

Los médiums y los “canalizadores” aficionados, que interactúan con estos entes psíquicos, suelen acabar enfermos o con graves trastornos mentales. Que las manifestaciones de fuerzas de otras dimensiones sean destructivas o benéficas parece relacionarse con los estados internos. El contacto con esferas espirituales compasivas y sanadoras constituye la base de la religiosidad tradicional.

LOS ESPÍRITUS DE LA NATURALEZA

Si se interroga a viajeros solitarios que han acampado en montañas o bosques alejados de la civilización, suelen describir la inquietud nocturna que los invade, su estado de alerta y, en muchos casos, la confesión a veces vergonzante de haber sido asediados o vigilados por presencias indefinibles. En las zonas andinas de América del Sur a ninguno de sus escasos pobladores se le ocurriría pasar la noche en lugares que tienen nombres como Quebrada del Diablo, Pozo de las Ánimas o Salar del Hombre Muerto.

El folklore rural de todos los pueblos del mundo conserva la tradición de los lugares buenos y malos en relación con presencias o entidades que pueden tornarse maléficas. En las culturas tradicionales de México, Tíbet, Australia o India existe una variada gama de rituales y actitudes para entablar buena relación con los habitantes invisibles de la Naturaleza. Hay espíritus de la montaña, de los ríos, de los bosques, de las cuevas y de las ruinas que no deben ser molestados.

Quienes tildan de ignorante esta actitud olvidan que las mentes más sencillas de los pobladores rurales carecen de los filtros y bloqueos de la cultura, o “ruido informativo”, y están más aguzadas para ejercer el sexto sentido. Todo ser vivo se caracteriza por poseer un cierto nivel de sensitividad y autoconciencia, o sentimiento de sí. Toda vida posee un psiquismo adecuado a su estructura y su espacio en la diversidad biológica.

Según la teoría del biólogo británico Rupert Sheldrake, los “campos mórficos” constituyen la matriz inmaterial inteligente y psíquica que conserva –y determina– el “plano” de desarrollo de los seres vivos. Cada especie posee su campo mórfico colectivo –o su inconsciente colectivo–, que se sumaría a los demás campos formando un ecosistema. La “hipótesis Gaia” se apoya en la creencia de un pan-psiquismo que se extiende hasta lo aparentemente inerte de la Naturaleza.

Estas fuerzas son las que el sexto sentido describe como espíritus de la Naturaleza, fuerzas activas que, lamentablemente, están siendo salvajemente atacadas por la actividad humana. Aunque los efectos de esta batalla son visibles y se expresan en catástrofes naturales crecientes, se debe tener en cuenta que la guerra oculta entre las fuerzas invisibles y psíquicas de la Naturaleza dañada también pueden afectar el equilibrio de la mente humana. Las civilizaciones se han edificado sobre creencias religiosas que proporcionaron coherentes visiones de consenso del más allá y el más acá, como un todo, sobre la Tierra.

El shintoísmo japonés y el taoísmo chino se basan en la relación armoniosa con los espíritus de la Naturaleza viva y con los residuos psíquicos de la Naturaleza muerta o avasallada. Judíos, cristianos y musulmanes creen que Dios autorizó a los hombres a reinar sobre el orden natural, pero no a servirse destructivamente del resto de las criaturas y de los recursos compartidos. La vida en su conjunto es, desde el punto de vista religioso, un impulso titánico de abrirse paso desde la oscuridad psíquica hacia las dimensiones superiores de la conciencia. Sin duda, la “civilización” que estamos perpetrando ha traicionado ese impulso y está destruyendo sus fuentes espirituales.

CONTACTOS, MENSAJES Y EQUILIBRIO

Despiertos o dormidos, nuestra mente está en contacto, desde nuestra singularidad terrestre, con todas las fuerzas interiores del Universo. Llamamos inconsciente a esa infinitud misteriosa en la que estamos inmersos y que no podemos observar en su totalidad. En esta época vertiginosa ni siquiera somos conscientes de los mensajes que nos envía el núcleo más profundo de nuestro ser. ¿Cómo discriminar si aquello que nos invade en el sueño o nos inquieta en la vigilia es real o imaginario, propio o externo?

Los eternos arquetipos del viejo sabio que nos aconseja, de los amantes que nos seducen o de los seres infernales que nos aterran o nos devoran, como los vampiros, no serían ni externos ni internos, sino coemergentes. La alquimia exploró esos territorios ambiguos del alma y determinó que cada aparición se corresponde con algún aspecto fragmentario de nuestra propia mente. Los demonios exteriores, los seres destructivos e infernales que nos asedian, se afirman y alimentan con nuestra destructividad inconsciente y sólo tienen poder si los tememos o reprimimos.

Como todas las vías espirituales, la alquimia buscaba purgar la mente de todas sus zonas oscuras sacándolas a la superficie y observándolas con ecuanimidad. El viaje espiritual transformaba la Piedra Filosofal oscura en el oro de la sabiduría. ¿En que consistía esa sabiduría? En observar y dejar de lado las realidades espectrales y unificar nuestra pequeña vida con la fuente de la Gran Vida que intuimos.

VISITAS DE OTRAS DIMENSIONES: COMO RECIBIRLAS

La psiquiatría y las tradiciones esotéricas de las religiones coinciden en señalar los peligros que entraña la irrupción masiva de fuerzas indiscriminadas procedentes de lo inconsciente: pueden fragmentar o aniquilar el “yo”. Demencia o posesión, según se mire, pueden ser las consecuencias nefastas de la apertura descontrolada de la mente.

La terapéutica psiquiátrica y las técnicas introspectivas de apertura ofrecen la misma recomendación sobre qué actitud adoptar ante esta situación: no cerrarse ni reprimir las fuerzas o entidades que surgen desde lo desconocido, pero mantener una actitud que afirme la identidad y unidad de la propia conciencia.

SERES BENÉFICOS… Y SANADORES

La empatía benéfica ha sido demostrada por los pocos pero probados sanadores que dijeron ser asistidos por seres espirituales. Pachita, la sanadora mexicana que realizó miles de operaciones milagrosas, aseguraba ser sólo el vehículo de un ser superior al que llamaba Cuauhtémoc. Quienes conocieron a Pachita la describen como una mujer que desbordaba compasión y amor por los que sufrían.

Otro caso semejante es el del famoso Zé Arigó, de Brasil, cuyas curaciones siguen siendo inexplicables y que decía ser asistido por un espíritu llamado Doctor Fritz.

CANALIZACIONES Y MENSAJES APOCALIPTICOS: EL CÍRCULO INFERNAL

El temor que despierta el peligro de que el Apocalipsis cristiano sea una profecía de autocumplimiento explica la actual proliferación de supuestas canalizaciones de “consejeros” de niveles “más elevados”, que dan insólitas recetas de salvación o señalan mayores horrores futuros. Este “circuito del miedo” realimenta la profecía que se pretende conjurar e introduce mayores desequilibrios mentales en el campo psíquico colectivo.

Desde la perspectiva espiritual, supone una intrusión exponencial de entidades psíquicas inferiores en el inconsciente colectivo humano, lo que el cristianismo describe como la manifestación del Anticristo. Batallar o pactar, como hacen los magos, con las energías psíquicas es establecer la guerra en nuestra mente.

Lo más saludable para sustraerse al contagio del miedo y a las fuerzas destructivas del alma y de la Naturaleza es volver a las fuentes de la espiritualidad: anhelo de paz, condena de la violencia, respeto a los demás seres vivos, apaciguamiento lúcido de nuestros demonios internos y oración. Ésta es la receta común de las verdaderas tradiciones esotéricas para anular la irrupción del mal.

VISIONES ARQUETÍPICAS: HADAS, DRAGONES, ÁNGELES Y DEMONIOS

Las fuerzas psíquicas de la Naturaleza han sido descritas por todas las tradiciones antiguas con arquetipos semejantes, que se corresponden con los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego. Gnomos, duendes y enanos se asocian con la tierra y la vegetación; sirenas, ondinas, nereidas y tritones, con el agua de ríos y mares; sílfides, hadas, silfos y elfos, con el espacio y el aire y, finalmente, salamandras y dragones con la fuerza del fuego.

Todos eran seres duales: podían ser amigos, enemigos o ambos al mismo tiempo. También eran ambivalentes sus manifestaciones, porque aparecían en sueños o se hacían visibles para unos pocos en determinados lugares y circunstancias.

Aunque su apariencia parece haberse construido a partir de un consenso tradicional, llama la atención que los pobladores de la América precolombina los describieran con características semejantes a los de la antigua Europa. C. G. Jung propuso que los arquetipos podían presentar características diferentes según la cultura, pero eran idénticos y universales en su esencia.

El espacio que separa –o unifica– los cielos y los infiernos de las diferentes creencias está poblado por seres semejantes: los santos, ángeles y arcángeles de la cultura judeocristiana, así como Satanás y sus huestes, encuentran su correspondencia en el hinduismo y el budismo.

¿SABÍAS QUE?
Las técnicas de visualización que practican algunas ramas del cristianismo, como el Hesicasmo ortodoxo griego, y las que se utilizan en el hinduismo y el budismo buscan conectar lo mejor de uno mismo con la representación personificada de virtudes emanadas desde dimensiones espirituales trascendentes.

Fuente: Más Allá de la Ciencia

Amantes de los muertos: la necrofilia es más común de lo que crees

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La primera vez que la vio quedó fuertemente impresionado con su cuerpo, pero tuvo que esperar a que oscureciera para que todos los demás se fueran a su casa y poder, al fin, quedarse a solas con ella. Como era el miembro más joven del personal, regularmente lo dejaban sólo para que hiciera la guardia nocturna, pero no le importaba ya que para él era maravilloso quedarse en la morgue rodeado de cadáveres femeninos.

El joven estaba tan excitado con el cuerpo de una adolescente que, por primera vez tomó un poco de la sangre de un cadáver, luego se subió sobre el cuerpo y realizó el acto sexual.

Esto es únicamente una pequeña parte de la historia clínica de un empleado de 21 años de una morgue, realizada por el doctor Joseph Paul De River en 1956 y publicada en el libro The Sexual Criminal: A Psychoanalytical Study.

La historia de ese joven necrófilo comenzó cuando tenía 18 años. A esa edad le tocó sufrir la pérdida de su novia, quien murió de tuberculosis pulmonar. El suceso por supuesto le resultó traumático.

El informe de Joseph Paul De River dice que el joven y la muchacha sólo habían mantenido relaciones sexuales una vez, por lo que, cuando la vio muerta, la abrazó y lamentó no poderlo hacerlo con ella nunca más; sin embargo, al tener contacto con el cadáver de su amada sintió un fuerte deseo sexual.

La necrofilia es más frecuente de lo que crees

El tema de la necrofilia no ha sido muy estudiado por los psiquiatras o psicólogos porque sigue tratándose de un asunto que resulta complicado o incómodo de reconocer por parte de quienes tienen esas tendencias.

Uno de los estudios más completos que apareció sobre el tema fue el del destacado psicoanalista alemán Erich Fromm, quien en su obra Anatomía de la destructividad humana realizó uno de los primeros intentos para descifrar el carácter por el cual algunas personas sentían deseo sexual por los cadáveres.

Una de las primeras conclusiones a las que llegó es que la necrofilia es mucho más frecuente de lo que suele suponerse, pero es difícil de detectarla ya que, explica el psicólogo, es muy complicado para las personas descubrir que sienten atracción por alguien muerto si no entran en contacto con algún cadáver; algo que no suele ser usual o cotidiano.

Háganse esta pregunta: ¿Cuántas veces en su vida han tenido contacto con alguien muerto? Es muy raro y poco usual, pero no lo es para los médicos, empleados de una morgue o de algún depósito de cadáveres, ellos son los se pueden encontrar varias veces con una cuerpo sin vida; por eso las personas que tienen necrofilia están en esos lugares ya sea por alguna de estas dos razones: Deseaban estar en ese lugar para satisfacer sus necesidades o en ese lugar descubrieron la atracción.

Como ejemplo tenemos la historia del estadounidense Kenneth Douglas, que salió a la luz en el 2014. Douglas confesó que cuando era empleado de una morgue en Ohio había mantenido relaciones sexuales con tres cadáveres femeninos, los de Charlene Appling, April Hicks, y el de Karen Range.

Cuando las autoridades le preguntaron el número de cuerpos de los que había abusado, él simplemente contestó: “Podría haber sido un centenar”. Kenneth Douglas laboró en la morgue durante 16 años, de 1976 a 1992.

Los diferentes actos de necrofilia

Aunque popularmente se identifica a la necrofilia como el acto de copular con los cadáveres, en realidad abarca otros comportamientos. El criminólogo alemán Hans von Hentig menciona que los actos de necrofilia comprenden: El contacto sexual con un cadáver; la excitación sexual por ver el cuerpo de una persona fallecida; la atracción hacia los objetos y lugares relacionados con la muerte; como los féretros, cementerios y algunas flores; las ansias de tocar, de oler y de sentir algo putrefacto y los eventos de desmembramiento de un cadáver.

El último acto de la clasificación de Hans von Hentig es una prueba más de que la necrofilia es algo muy común y es que, a pesar de que en los medios de comunicación aparecen pocos casos de personas que tienen relaciones sexuales con cadáveres, sí hay más noticias sobre asesinatos que incluyen el desmembramiento de una persona. Estas personas son llamadas por von Hentig como asesinos necrófilos, quienes no tienen como objetivo el matar a una persona, sino disfrutar el acto del desmembramiento.

Sólo basta realizar una pequeña búsqueda en internet para comprobarlo, hay miles de historias en las que una persona es acusada de descuartizar a otra en comparación con noticias sobre actos de considerados como necrófilos.

Acciones necrófilas

Erich Fromm dio a conocer algunas de las características que podrían ayudar a identificar a un necrófilo. Fromm dice que algunas de las siguientes acciones pueden ser no intencionales.

La primera que menciona es el gusto que tienen algunas personas por los esqueletos, quienes frecuentemente tienen ese extraño gusto son algunos médicos o estudiantes de medicina, dicen que se sienten atraídos por los esqueletos por mero interés profesional, pero, dice Fromm, en algunos casos la realidad es otra más íntima.

Otro de los rasgos que presentan estas personas es que tienen la convicción de que los conflictos sólo se pueden resolver por medio de la fuerza o la violencia: “Quieren sentir el poder de convertir a una persona en cadáver”.

La siguiente característica es que las personas necrófilas tienen el gusto de hablar sobre la muerte y las enfermedades mortales, pero el rasgo que más los identifica es el de leer noticias sobre muertes en los periódicos y ver las fotos de los cadáveres a gusto, por eso es lo primero que leen.

El psicoanalista alemán también afirma que los necrófilos siempre son aguafiestas, aburren, y cansan a la gente, también tienen predilección por el pasado y lo consideran sagrado, “los muertos mandan a los vivos”; de forma contraria ven a lo nuevo como algo peligroso en contra del orden natural de las cosas.

Finalmente, y el punto que puede ser un poco polémico, es que las personas con tendencias necrófilas suelen tener una peculiar relación con el color, Fromm considera que los necrófilos prefieren vestir prendas con los colores que absorben la luz como el negro en lugar de los de los colores radiantes y vivos.

Aún falta mucho por estudiar la necrofilia, una parafilia considerada como un trastorno mental, que aún no tiene una forma específica de cura o tratamiento. Mientras las personas que la padecen seguirán en el anonimato buscando los lugares y los momentos ideales donde puedan satisfacer sus peculiares deseos sexuales sin que se sean descubiertos.

Fuente del artículo: Yahoo Noticias.

La magia de las sombras

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Peter Pan, pegándose con jabón su propia sombra, para no perderla (Imagen de la película de Walt Disney)

Muchas culturas asocian la sombra con el alma. Según recientes estudios neurológicos esta antigua creencia puede tener una base fisiológica: el cerebro no la percibe como una imagen, sino como parte del propio cuerpo. ¿Estamos ante la clave de la fascinación que produce en el ser humano?

“Entonces Wendy vio la sombra y le pareció tan sucia de haber sido arrastrada por el suelo, que sintió una gran pena por Peter Pan (…) Y, primorosamente, sacó su neceser de costura y cosió la sombra a los pies de Peter».

Este fragmento de las primeras páginas de la novela de J.M. Barrie relata las dificultades que tiene el famoso niño duende con su propia sombra, a la que incluso se ha pegado al cuerpo con jabón para no perderla.

A diferencia de los duendes, los humanos no han tenido nunca tal problema, pero eso no ha impedido que, desde tiempo inmemorial, temieran que su sombra pudiera ser dañada, pisoteada o incluso robada. Tanto la han valorado, que han llegado a considerarla algo más que una mera extensión de sí mismos.

Según la folklorista Christina Hole, «en muchas partes del mundo se ha creído, y en algunas aún se cree, que la sombra de una persona es su propia alma o, al menos, una parte integrante de su ser, tan conectada con su vida que cualquier cosa que aconteciera al cuerpo es sentida por ella».

Las investigaciones llevadas a cabo por los psicólogos italianos Francesco Pavani y Humberto Castiello, de las universidades de Trento y Padua respectivamente, nos ayudan a comprender mejor por qué estas creencias aparecen en todas las culturas, presentando un carácter universal.

Experimentos reveladores

En el 2003, Pavani y Castiello realizaron una investigación con diez testigos voluntarios. El experimento medía el tiempo que éstos tardaban en reaccionar a un estímulo eléctrico administrado en el dedo índice o en el pulgar.

Cuando los voluntarios sentían un pinchazo en sus índices, tenían que soltar un pedal bajo el dedo gordo de su pie. En cambio, cuando lo sentían en sus pulgares debían soltar un pedal situado bajo el talón.

Los científicos intentaron interferir con los procesos de pensamiento implicados, proyectando luces rojas cerca de las manos de los voluntarios. Pero éstas afectaban al tiempo que tardaban los sujetos en reaccionar sólo cuando eran proyectadas cerca de sus sombras.

Al hacerlo, se confundía a los voluntarios y se interfería con su habilidad para tomar una decisión rápida. Los resultados indicaron que el acto de tocar la sombra de una persona afecta a su sentido espacial y puede distraerla de una tarea específica, restándole eficacia a sus movimientos.

Estas investigaciones sugerían que el «esquema corporal» –la imagen interna que las personas tienen de su cuerpo–, puede extenderse más allá de la piel y, por lo tanto, que la sombra del cuerpo tiene un efecto profundo sobre la percepción visual de los sujetos.

«Los resultados obtenidos indican que las sombras proyectadas por distintas partes del cuerpo de una persona pueden suplir el hueco entre el espacio personal y el extra-personal», explica Pavani.

Según los citados psicólogos, la sombra actúa como una extensión del cuerpo al convertirse en un punto de referencia distante que ayuda a las personas a realizar sus tareas. El cerebro desarrolla un mapa interno que le permite definir exactamente donde está el cuerpo.

La imagen proyectada por éste podría formar parte de ese mapa. Humberto Castiello afirma que «cuando vemos algo a punto de contactar con el borde de nuestra sombra, la actividad cerebral sugiere todo lo contrario, como si el contacto no fuéramos a producirlo nosotros, sino que viniera del exterior».

Estos investigadores publicaron sus resultados en la revista Experimental Brain Research. «Hemos descubierto que las sombras del cuerpo actúan como un impulso o clave para nuestra atención selectiva; por ejemplo, nuestra habilidad para seleccionar información pertinente en el entorno», asegura Pavani.

Específicamente, han comprobado que el simple hecho de mirar la sombra de una mano, por ejemplo, alerta a la persona para los episodios táctiles que pueden afectar a esa parte concreta de su anatomía.

«Resulta notorio que esto sucede incluso aunque los participantes no tengan ninguna razón estratégica para dirigir su atención hacia una parte del cuerpo en vez de a otra. Así hemos podido llegar a la conclusión de que la sombra podría ser una clase especial de clave para nuestra atención selectiva. Otras claves especiales para el mismo fin son, por ejemplo, los ojos y ciertos movimientos biológicos», concluye Pavani.

Simon Unger, psicólogo de la universidad de Guildford (Surrey, Inglaterra) ha señalado que un fenómeno similar también se produce en otras situaciones: «Cuando los ciegos tienen que utilizar un bastón blanco, dicen que lo sienten como una extensión de sus dedos».

Esto explicaría que nuestros ancestros creyeran que su sombra se extendía más allá de ellos mismos y que era parte intrínseca de su ser, cuando no su propia alma o su cuerpo astral.

En muchos grupos primitivos existe la idea de que el espíritu de un hombre podría abandonarle temporalmente sin causarle la muerte. Los viajes que efectuaba en estos casos –por ejemplo, durante el sueño– podían ser peligrosos.

Si todo iba bien, el alma errabunda, por lejos que viajara, acababa regresando al cuerpo. Siempre que permaneciera intacta, el hombre normalmente estaba a salvo.

Pero si resultaba herida durante ese viaje, el cuerpo también resultaba herido y, si por algún motivo no podía regresar a éste, el hombre moría. El folklore recoge innumerables ejemplos de esta creencia.

La guardiana del umbral

Sin embargo, resulta más reveladora la visión que nos ofrece la psicología moderna. Ésta se refiere a la sombra como aquella parte del psiquismo inconsciente contiguo a la conciencia, aunque no aceptado necesariamente por ella.

Las bases las había sentado Carl G. Jung en 1945, al definir la sombra como lo que una persona no quiere ser: «Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente su oscuridad».

Esto sugiere que la fascinación que ejerce la sombra física sobre los seres humanos también podría surgir de que evoca inconscientemente a su homóloga psíquica.

Esta última se proyecta en los sueños bajo la figura de ciertos personajes que expresan aspectos no necesariamente maléficos, pero que pueden llegar a serlo. Según Jung, «sólo deviene peligrosa cuando no le prestamos la debida atención».

Osho, el gurú del sexo y la promiscuidad

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Ronald O. Clarke, graduado en psicología y filosofía en la Universidad de Bristol y con un Máster en Psicología Clínica, analizó el perfil psicológico de Osho en el libro “Osho Rajaneesh and his disciples: some western perceptions”, en el cual trata de demostrar que su proclamación de haber disuelto su Ego y haber trascendido cualquier deseo y apego mundano es simplemente el producto de un sistema delirante asociado con un desorden narcisista de la personalidad, el cual viene descrito por los siguientes criterios:

Los sujetos con este trastorno tienen un sentido grandioso de autoimportancia. A menudo están preocupados por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios. Los sujetos con trastorno narcisista de la personalidad creen que son superiores, especiales o únicos y esperan que los demás les reconozcan como tales. Generalmente, los sujetos con este trastorno demandan una admiración excesiva. Las pretensiones de estos sujetos se demuestran en las expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial. Esta pretenciosidad, combinada con la falta de sensibilidad para los deseos y necesidades de los demás, puede acarrear la explotación consciente o inconsciente del prójimo.

Los sentimientos de auto-importancia y singularidad demostrados por Bhagawan, el “bendito”, son para Clarke señal inequívoca de su exacerbado narcisismo y egolatría. En sus discursos buscaba que sus seguidores lo identificaran con las más grandes figuras religiosas, como Lao Tse, Cristo o Buda.

Osho, “el gurú del sexo”

A Rajneesh también se lo conoce como el Maestro Tántrico porque escribió mucho sobre esta rama del hinduismo. El gurú dice: “Para el tantra uno tiene que usar la energía del sexo. No luche en contra de ella: transfórmela. No piense en términos de enemistad. Es su energía, no es dañina, no es mala. Toda energía es simplemente natural. Puede usarse en beneficio o en contra de uno.”

En From Sex to Superconsciousness (1979), Rajneesh enseñó que “la lujuria que se encuentra en cada uno de nosotros puede convertirse en la escalera por medio de la cual se puede llegar hasta el templo del amor, que el sexo dentro de cada uno de nosotros puede convertirse en un vehículo para alcanzar la superconciencia.”

Rajneesh odiaba el matrimonio y planteaba la liberación total. Decía: “En realidad el matrimonio es una institución fuera de época que ha destruido casi todas las posibilidades de felicidad a millones de personas… El matrimonio no es algo que sucede en el cielo; sucede aquí, gracias a los astutos sacerdotes.” Y como si no fuera claro agrega: “En nombre del amor la gente lleva el cadáver del otro, esto es lo que llaman matrimonio. Y para llevar cadáveres debes ir al Registro civil para hacer de esto una unión legal. El amor no puede permitir el matrimonio.”

Sobre el sexo expresa lo siguiente: “Ahora hay dos caminos: o reprimes el sexo -como ha sido hecho por todas las así llamadas religiones tradicionales- o lo transformas”… Si tú aceptas tu sexualidad, si tú la abrazas con profundo amor y gratitud hacia Dios, sabiendo que es un regalo, por lo que debe haber algo en ella que debe ser descubierto… Rechazarlo te va a hacer no creativo. Y la persona no creativa permanece una persona miserable. Por eso nuestros santos se ven tan tristes, con caras tan largas, casi muertos y hediondos.”

Dentro del sexo uno de los temas que preocupaban a Rajneesh era el de la duración del acto sexual. “Cuando más prolongada sea la relación sexual, más posibilidades hay para convertir al sexo en una puerta hacia el samadhi.”

En un texto de uso interno obtenido en el Centro Osho de Buenos Aires llamado ‘El miedo a la intimidad’, una mujer está preocupada porque tiene más de un orgasmo y Rajneesh le responde entre otras cosas:

“El orgasmo múltiple en la mujer es un don de Dios y el hombre en el matrimonio nunca se lo da. Visto científicamente, el sexo no debería tomarse seriamente y se invitarían amigos para darle a la mujer todo su rango de orgasmos, o debería usar algún vibrador. Por con ambas soluciones habrá problemas. Si usas un vibrador, le pueden dar tantos orgasmos como la mujer sea capaz; pero una vez que la mujer haya conocido… entonces el orgasmo con el hombre le resultaría tan pobre que ella puede que elija un instrumento científico, un vibrador más que un amante. Si le permites a varios amigos reunirse contigo, sería un escándalo social- que estás entregándote a orgías.”

“Hombres y mujeres no deberían estar en un contrato, como el matrimonio. Deberían enamorarse pero conservando sus libertades. Y la vida sería más móvil. Una mujer contactándose con muchos amigos, un hombre contactándose con muchas mujeres, sería simplemente la regla. Pero es posible solo si el sexo se toma como un juego, como una diversión. No es pecado, es diversión.”

“Pero no solo el matrimonio es culpable, también lo es el Dios bíblico: ese Dios es machista. En la trinidad cristiana no hay lugar para una mujer. Todos son hombres: en el hombre, el hijo y el espíritu santo. Es un club ‘gay’ de hombres.”

“El matrimonio creó la prostitución. Y esta horrible institución, la prostitución, no desaparecerá del mundo a menos que el matrimonio desaparezca.”

“Haz de tu amor algo realmente festivo. Baila, canta, escucha música y no dejes que el sexo sea cerebral. El sexo debe ser espontáneo.”

“La experiencia orgásmica es la experiencia de fusión, de no-ego, de no-mente, de no-tiempo. Yo llamo a esto meditación auténtica.”

Magia negra sexual

Osho fue admirador de dos grandes ocultistas y satanistas: Gurdjieff y Ouspensky. Esto explica su inclinación por el yoga tántrico, que no es otra cosa que magia negra sexual.

El yoga tántrico, enseñado por Osho, provoca gravísimos trastornos psiquiátricos en quien lo practica. No lo dice un “ultra-católico”, sino los mismos conocedores del yoga, tal como leemos en el siguiente párrafo, extraído de un sitio especializado en yoga tántrico:

“El despertar de la kundalinī”: El gran objetivo de las prácticas yóguicas y tántricas es el desbloqueamiento de los nadis (‘ríos’) y el despertar de la energía kundalinī.

No obstante, los instructores de yoga advierten sobre el peligro que acarrea un despertar prematuro de la serpiente. En este sentido, todos los grandes maestros espirituales, advierten a este respecto, la necesidad de no forzar nunca en absoluto esta energía.

Tanto el tantra como el kundalinī yoga, son consideradas técnicas peligrosas. Por ejemplo, Swami Prabhavananda advierte acerca de los peligrosos efectos físicos que pueden resultar de los ejercicios de respiración del kundalinī yoga: «A menos que se hagan correctamente, hay una buena posibilidad de dañar el cerebro. Y las personas que practican este tipo de respiración sin una supervisión adecuada pueden sufrir una enfermedad que ninguna ciencia o médico conocidos pueden curar»” (cfr. http://www.planetaholistico.com.ar/Tantra.htm).

Osho hablaba de que existen múltiples vías para el despertar espiritual, y califica su sistema como de “multimétodo”, o sea, que asimila cualquier otro sistema espiritual apto para el desarrollo interior.

El desenfreno sexual propiciado por Osho confronta radicalmente con la cosmovisión que el cristianismo tiene del matrimonio, de la fidelidad, del amor conyugal, de la femineidad y de la masculinidad. Por eso, Osho intenta destruir todos estos conceptos, elaborando a su vez un  nuevo paradigma de mujer, en la que la sexualidad de ésta no encuentre “barreras” de ninguna clase. Osho propicia, así,  la esclavización sexual de la mujer.

Para saber más: “Osho-Víctimas de las sectas” (documental de TVE)

https://t.co/HWopf7ZKuN