¡Cuánto podemos aprender de nuestros antepasados! – Plutarco

Plutarco fue un historiador, biógrafo y ensayista griego, que vivió entre los años 46 /50 y 120/125. Fue además sacerdote del Templo de Delfos, magistrado y embajador. Sus obras son referente obligado en muchos campos, entre ellos los de la filosofía, la ética, la moral y las costumbres y la espiritualidad.

Recopilamos aquí algunas de sus frases más célebres, con el deseo de que nuestros lectores las mediten y sepan sacarles el máximo provecho.

La paciencia tiene más poder que la fuerza.

 Un pueblo que quiere ser feliz no ha menester de conquistas.

 El odio es una tendencia a aprovechar todas las ocasiones para perjudicar a los demás.

 Los cazadores atrapan las liebres con los perros; muchos hombres atrapan a los ignorantes con la adulación.

 Quien en zarzas y amores se metiere, entrará cuando quiera, mas no saldrá cuando quisiere.

 A veces una broma, una anécdota, un momento insignificante, nos pintan mejor a un hombre ilustre, que las mayores proezas o las batallas más sangrientas.

 Muchas cosas son las que el tiempo cura, no las que la razón concierta.

 Las arañas atrapan a las moscas y dejan huir a las avispas.

 La fortuna no está hecha para los poltrones y para alcanzarla, antes que mantenerse bien sentado, hay que correr tras ella.

El trabajo moderado fortifica el espíritu, y lo debilita cuando es excesivo; así como el agua moderada nutre las plantas y demasiada las ahoga.

 Disfrutar de todos los placeres es insensato; evitarlos, insensible.

 El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender.

 Un ejército de ciervos dirigido por un león es mucho más temible que un ejército de leones mandado por un ciervo.

 No necesito amigos que cambien cuando yo cambio y asientan cuando yo asiento. Mi sombra lo hace mucho mejor.

 Hay maridos tan injustos que exigen de sus mujeres una fidelidad que ellos mismos violan, se parecen a los generales que huyen cobardemente del enemigo, quienes sin embargo, quieren que sus soldados sostengan el puesto con valor.

 La amistad es animal de compañía, no de rebaño.

 Quien tiene muchos vicios, tiene muchos amos.

 La omisión del bien no es menos reprensible que la comisión del mal.

 Para saber hablar es preciso saber escuchar.

Por un pequeño bocado de carne privamos a un alma del sol y de la luz y del gozo de la porción de vida y tiempo por la que había nacido al mundo.

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