El estado intermedio de los muertos

Doctrinas y prácticas de la iglesia primitiva

El estado intermedio de los muertos se refiere a la condición de los muertos entre el tiempo de la muerte y la resurrección de los muertos.

Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación. Isaías 26:20

Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Lucas 16:22-23

Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso. Lucas 23:43

Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno… al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. Porque David dice de él: …Porque no dejarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Hechos 2:22-27

Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, ustedes recibiréis la corona incorruptible de gloria. 1 Pedro 5:4

(Pablo) cuando hubo dado su testimonio delante de los gobernantes, partió del mundo y fue al lugar santo, habiendo dado un ejemplo notorio de resistencia paciente. Clemente de Roma (30-100 d.C.)

Todas las generaciones desde Adán hasta este día han pasado a la otra vida; pero los que por la gracia de Dios fueron perfeccionados en el amor residen en la mansión de los santos; y serán manifestados en la visitación del reino de Dios. Porque está escrito: Entra en tus aposentos durante un breve momento, hasta que haya pasado mi indignación, y yo recordaré un día propicio y voy a levantaros de sus sepulcros. Clemente de Roma (30-100 d.C.)

El mismo Pablo y en el resto de los apóstoles; estando persuadidos de que todos éstos no corrieron en vano, sino en fe y justicia, y que están en su lugar debido en la presencia del Señor, con el cual han sufrido también. Policarpo (135 d.C.)

El alma en sí no es inmortal, sino mortal; pero es posible que no muera. Si no conoce la verdad, muere y se deshace con el cuerpo; pero se levanta de nuevo al fin del mundo con el cuerpo, recibiendo la muerte por el castigo eterno. Pero cuando adquiere el conocimiento de Dios, no muere aunque por un tiempo permanece disuelta. Taciano (160 d.C.)

Estos (herejes), en cambio, dicen todo lo contrario, asegurando que no todas las almas accederán a la región intermedia, sino solamente las de los justos. Ireneo (180 d.C.)

De modo muy completo el Señor enseñó que no se conservan las almas pasando de cuerpo en cuerpo; sino también que ellas conservan la personalidad del cuerpo para el cual fueron hechas, y se acuerdan de las obras que aquí realizaron o dejaron de realizar. Cuando relata lo que está escrito acerca del rico y de Lázaro que descansaba en el seno de Abraham , dice que el rico, después de la muerte, reconoció a Lázaro y a Abraham y recordó el puesto que cada uno de ellos había tenido, y le rogó que enviara en su auxilio a Lázaro, al que no había querido hacer participar de su mesa; y luego la respuesta de Abraham, que no sólo sabía lo que él era, sino también el rico; y que más les servía escuchar a Moisés y a los profetas que recibir el anuncio de algún resucitado de la muerte, a aquellos que no quisieran llegar a aquel lugar de castigo. Ireneo (180 d.C.)

(Adán) fue arrojado del paraíso a este mundo una vez que pecó. Por eso dicen los presbíteros, discípulos de los apóstoles, que allá se llevó a quienes fueron trasladados (porque el paraíso se preparó para los justos, portadores del Espíritu: allí fue elevado también Pablo, que escuchó palabras inefables para quienes vivimos en este mundo. Allí permanecen hasta la consumación (de los siglos) esperando la incorrupción. Ireneo (180 d.C.)

Parece claro que los que estaban fuera de la ley a causa de sus peculiares condiciones de vida, si habían vivido rectamente, aunque estuvieran en la prisión del Hades, al oír la voz del Señor, ya fuera ella misma, ya la que se hacía oír por medio de los apóstoles se habían de convertir al punto y creer. Clemente de Alejandría (195 d.C.)

Si nombramos el paraíso (lugar de divina amenidad, destinado para hospedaje de las almas santas, que la distingue de la noticia de este orbe la flamante zona de la espada del Querubín) no lo creen, porque todo el crédito lo tiene ocupado la fe en los campos Elíseos que describen los poetas. Tertuliano (197 d.C.)

Ahora nos toca hablar del Hades, en el cual las almas, tanto de los justos como de los injustos, están detenidas. El Hades es un lugar creado por Dios debajo de la tierra, donde la luz del mundo no puede llegar. Ya que el sol no alumbra este lugar, hay una oscuridad perpetua. Este lugar ha sido destinado como si fuera un almacén de almas. Los ángeles están puestos como guardianes administrando castigos según los hechos de cada uno. Dentro de este lugar hay un cierto lugar apartado, un lago de fuego inapagable, dentro del cual se supone que nadie ha sido echado todavía…

Pero los justos (los que obtendrán el reino incorruptible) también están detenidos en el Hades, pero no en el mismo lugar de los injustos. Para este lugar sólo se cuenta con una sola bajada y en la puerta se ha puesto un arcángel con un ejército. Cuando los que son conducidos por los ángeles (designados a las almas) han pasado por esta puerta, no todos siguen por el mismo camino. Más bien, los justos son conducidos hacia la luz por la derecha. Y siendo conducidos por los ángeles puestos en este lugar, son llevados a un lugar lleno de luz, y allí están todos los justos desde el principio. No tienen ninguna necesidad; más bien disfrutan de la esperanza de todas las bendiciones vistas en el futuro, considerando las bendiciones nuevas mejores que las primeras. Tampoco hay ninguna labor. No se sienten el fuerte calor, ni el frío ni las espinas. Los rostros de los patriarcas y los justos siempre sonríen mientras esperan a los demás y el eterno avivamiento en los cielos después de este lugar. Este lugar se llama el seno de Abraham.

No obstante, los injustos son arrastrados hacia la izquierda por los ángeles que castigan. Estas almas ya no siguen voluntariamente; más bien son arrastradas como prisioneros por la fuerza. Los ángeles puestos sobre ellas las apresuran, reprendiéndolas y amenazándolas con una mirada terrible, empujándolas a las profundidades de más abajo. Y cuando las almas llegan allí, los que las han traído, las llevan hacia la Gehena. Los que se acercan (a la Gehena), escuchan sus movimientos y sienten el calor de su humo. Y viendo de tan cerca el fuego terrible que resplandece, tiemblan de terror, mientras esperan el juicio futuro, sintiendo ya el poder de su castigo. Cuando ven el lugar de los justos, también sufren castigos por sólo verlo, porque entre los dos hay un gran abismo; de modo que, ni los justos, motivados por compasión, pueden cruzarlo, ni los injustos se atreven a hacerlo.

Creo que he dicho suficiente en cuanto al asunto del Hades, en el cual las almas son detenidas hasta el tiempo señalado por Dios. Él llevará a cabo la resurrección de todos, no por la transferencia de sus almas a otros cuerpos, sino por medio de la resurrección de sus mismos cuerpos. Hipólito (205 d.C.)

Los justos son llevados al lugar del descanso, los malos son arrastrados al suplicio; a los fieles se les otorga en seguida la seguridad; a los infieles, sin tardar el castigo. Cipriano (250 d.C.)

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