“Seres mitológicos argentinos”

“Seres mitológicos argentinos”, de Adolfo Colombres, con ilustraciones de Luis Scafati, es una recopilación minuciosa de los dioses, espectros y entes sobrenaturales que se afincaron en el imaginario popular de criollos e indígenas de estas tierras.

Alguien dijo que las brujas no existen, pero que las hay, las hay. Lo mismo podría decirse de las criaturas que Adolfo Colombres reunió en su diccionario “Seres Mitológicos Argentinos” de la editorial Colihue.

Son 518 los seres catalogados y descriptos por el autor después de un gran trabajo de inventario entre relatos orales, referencias y otros volúmenes de la temática. De la A a la Z, los dividió en “Espíritus”, “Dioses”, “Héroes civilizadores” y “Personajes legendarios”. Pero también el lector podrá conocerlos por ámbito cultural-geográfico de pertenencia.

En las páginas aparecen, claro, los más populares como El Pombero, el Lobizón ó la Luz Mala. Pero los que maravillan son aquéllos menos conocidos y de descripciones más que fascinantes, que podrían superar en asombro a cualquier personaje de película de horror japonés de las que existen de un tiempo a esta parte por la pantalla grande.

Es el caso de “Kallfümalén”, la niña azul, uno de los espíritus malignos que manipulan los brujos araucanos que rapta el alma a sus víctimas” o también “Ehéie”, una vampiresa que antes fue una bella mujer pero que transgredió el tabú de entrar en el monte durante su menstruación y numerosas víboras anidaron en su vientre; dejamos a la imaginación del lector cómo este ser mítico mató a su esposo y a sus posteriores amantes.

Lo seres mitológicos cumplen, según aclara el autor, distintas funciones. “Los dioses explican el origen del mundo y de los astros. Los héroes culturales o civilizadores el origen de técnicas como la agricultura y costumbres. Otros, tienen la función de preservar a las especies animales y recursos, sobre todo los de valor alimenticio”.

La importancia del mito radica para el autor en que “está lejos de ser una ficción deleznable, como parece surgir del lenguaje corriente. Al ser el hombre un animal simbólico antes que racional, el mito para quienes lo vivencian, es una vera narratio (narración verdadera de lo real)”, concluye.

Fuente: Cronista.com

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