La extraordinaria enseñanza de los esenios

Desde épocas remotas de la antigüedad ha existido una extraordinaria enseñanza que es universal en su aplicación y eterna en su sabiduría. Fragmentos de ella se encuentran en jeroglíficos sumerios que se remontan de ocho a diez mil años. Algunos símbolos representativos del sol, la luna, el aire y el agua y las demás fuerzas naturales, son de una época aún más primitiva, anterior al cataclismo que terminó el período pleistoceno. Se desconoce cuántos miles de años antes de este período existía la enseñanza.

Estudiar y practicar esta enseñanza es reactivar en todos los hombres un conocimiento intuitivo que puede resolver sus problemas individuales y los problemas del mundo.

Vestigios de la enseñanza han aparecido en casi todos los países y religiones. Sus principios fundamentales fueron enseñados en Persia, Egipto, India, Tíbet, Palestina, Grecia y en muchos otros países. Pero ha sido transmitida en su forma más pura por los esenios, esa misteriosa hermandad que vivió durante los últimos dos o tres siglos antes de Cristo y el siglo primero de la era cristiana en el Mar Muerto en Palestina y en el Lago Mareotis en Egipto. En Palestina y en Siria los miembros de la hermandad fueron conocidos como esenios y en Egipto como “therapeute”, curadores.

La parte esotérica de su enseñanza está dada en el Árbol de la Vida, las Comuniones Esenias con los Angeles, y en la Séptuple Paz, entre otros. La parte exotérica o exterior aparece en el Libro Uno de “El Evangelio Esenio de la Paz” y los recientemente descubiertos Rollos del Mar Muerto.

Pero cualquiera que sea su origen, cierto es que los esenios existieron durante mucho tiempo como una hermandad, quizá bajo otros nombres en otros lugares.

La enseñanza aparece en el “Zend Avesta” de Zaratustra, que la tradujo en una forma de vida que fue seguida durante miles de años. Contiene los conceptos fundamentales del brahmanismo, de los Vedas y de los Upanishads; y los sistemas Yoga brotaron de la misma fuente. Buda posteriormente predicó esencialmente las mismas ideas básicas y su sagrado Árbol de Bodhi está correlacionado con el Árbol Esenio de la Vida. En el Tíbet, la enseñanza una vez más encontró expresión en la Rueda Tibetana de la Vida.

Los pitagóricos y los estoicos en la Grecia antigua también siguieron los principios esenios y mucho de su forma de vida. La misma enseñanza fue un elemento de la cultura adónica de los fenicios, de la Escuela de Filosofía de Alejandría en Egipto, y contribuyó en gran medida a muchas ramas de la cultura occidental, Francmasonería, el Gnosticismo, la Kábala y la Cristiandad. Jesús la interpretó en su forma más sublime y bella en las siete bienaventuranzas del Sermón de la Montaña.

Los esenios vivían en las costas de los lagos y los ríos, y practicaban una forma comunal de vida, compartiendo todo por igual. Fueron principalmente agricultores y arboculturistas, que tenían un vasto conocimiento de los cultivos, del suelo, de las condiciones climatológicas que les permitió cultivar una extraordinaria variedad de frutas y legumbres en áreas relativamente desiertas y con un mínimo de trabajo.

No tenían servidores ni esclavos y se dice que fueron los primeros en condenar la esclavitud tanto en teoría como en la práctica. No había ni ricos ni pobres entre ellos, pues consideraban ambas condiciones como desviaciones de la Ley. Establecieron su propio sistema económico, basado completamente en la Ley, y demostraron que todas las necesidades del hombre de alimentos y materiales pueden ser cubiertas sin esfuerzo, y por medio del conocimiento de la Ley.

Pasaban mucho tiempo tanto en el estudio de escritos antiguos como en ramas especiales del saber, tales como la educación, la medicina y la astronomía. Se dice que fueron los herederos de la astronomía caldea y persa y de las artes curativas egipcias. Eran adeptos en profecías para las que se preparaban con ayunos prolongados. Eran igualmente expertos en el uso de las plantas y hierbas para curar tanto hombres como animales.

Llevaban una vida sencilla y regular, levantándose cada día antes de la salida del sol para estudiar y comulgar con las fuerzas de la naturaleza, bañándose en agua fría como un rito, y usaban vestiduras blancas. Después de su trabajo diario en los campos y viñedos compartían sus comidas en silencio, precediéndoles y terminándolas con plegarias. En su profundo respeto por las cosas vivientes nunca tocaban alimentos de carne, ni bebían bebidas fermentadas. Sus noches eran dedicadas al estudio y a la comunión con las fuerzas celestiales.

La noche era el comienzo de su día, y el Sabat, o día santo, comenzaba el viernes por la noche, el primer día de su semana.

El día estaba consagrado al estudio, a la discusión, a la atención de los visitantes y a tocar ciertos instrumentos musicales, de los que se han descubierto algunas réplicas.

Su forma de vida les permitía vivir hasta edades avanzadas de 120 años y más y se decía que poseían una fortaleza y resistencia extraordinarias.

Enviaban curadores y maestros de las hermandades entre los que estuvieron Elias, Juan el Bautista, Juan el Discípulo Amado y el Gran Maestro Jesús.

La membresía de la hermandad se obtenía después de un período de prueba de uno a tres años de trabajo iniciatorio, seguidos por siete años antes de ser admitido a la plenitud de la enseñanza interior.

Registros de la forma esenia de vida nos han llegado por los escritos de sus contemporáneos. Plinio el naturalista romano, Filo el filósofo de Alejandría, Josefo el historiador judío, Solanius y otros, hablaban de ellos como “una raza por sí misma, más extraordinaria que cualquiera otra en el mundo”, “los más antiguos de los iniciados, que recibieron sus enseñanzas del Asia Central”, “enseñanza perpetuada a través de un inmenso lapso de años”, “santidad constante e inalterable”.

Una parte de la enseñanza externa está preservada en texto arameo en el Vaticano en Roma. Un texto eslavo fue encontrado en posesión de los Hapsburgos en Austria y del que se dijo que había sido traído desde el Asia en el siglo tercero por los padres nestorianos que huían de las hordas de Genghis Khan.

Ecos de la enseñanza existen hoy en muchas formas, en ciertos ritos de la Orden Masónica, en el símbolo del candelabro de siete brazos, en el saludo “La Paz sea Contigo”, usado desde la época de Moisés, y hasta los siete días de la semana, que hace mucho tiempo perdieron su significación espiritual original.

Por su antigüedad, su persistencia a través de las edades, es evidente que la enseñanza no puede haber sido la concepción de cualquier individuo o pueblo, sino que es la interpretación por una sucesión de Grandes Maestros, de la Ley del universo, la Ley básica, eterna e invariable como las estrellas en su curso, la misma ahora que hace dos o diez mil años, y tan actual hoy como entonces.

La enseñanza explica la Ley, muestra cómo las desviaciones del hombre de ella son la causa de todos sus problemas, y da el método por el que puede encontrar la salida en su dilema.

(Sacado de la Introducción de los Evangelios Esenios -partes 3 y 4-, de Edmond Bordeaux Szekely). - Muy pronto disponible en la Biblioteca del Templo de la Luz Interior.

About these ads

6 Respuestas a “La extraordinaria enseñanza de los esenios

  1. ando arde en leer algo an bello ,llevo vuscando algo que me guie hacia la verdad y por 1º vez veo algo que me llena , JOSE BRICEÑO, podrias mandarme mas enseñanzas , te dejo mi correo loliorion@hotmail.com.

  2. sandra gomez

    gracias mil me parecen bellos estos conocimientos

  3. FUE JESUCRISTO UN ALUMNO DE LOS ESENIOS?

  4. es una hermosa oracion gracias por darnosla a conocer . me gustaria recibir mas enseñanzas de los esenios,

  5. Aún estamos, cada uno de los que creen, es un esenio.

    Ejercicio de Purificación y Salud:

    Párate en medio de la naturaleza viviente, entre el cielo y la tierra.
    Siente la tierra bajo tus pies; siente como la tierra te carga y te sostiene.
    Siente el cielo infinito sobre ti; te inspira, te mejora, te eleva.
    En el cielo, piensa en el origen de tu espíritu y de tu inteligencia.
    En el cielo, piensa en el origen de tu alma eterna, de la más elevada conciencia universal.
    En la tierra, piensa en el origen de tu alma terrestre, en tu conciencia individual.
    Siéntete como una unión viviente entre las fuerzas del cielo y de la tierra, del infinito y de lo que está en desarrollo.
    Arrodíllate en la tierra, y con tu mano derecha cava un pequeño hoyo en la tierra.
    Coloca las dos manos juntas sobre tu pecho (el corazón místico), en señal de oración y de unión interna con el cielo y la tierra dentro de ti.
    En esta postura sagrada, permite que una hermosa luz, la fuerza, la presencia del cielo, fluya a través de ti: el omnipresente Padre de todos los seres vivientes. Imagina una luz diamantina, transparente como el agua pura.
    Inclínate con amor sobre la Madre Tierra, y coloca tus manos alrededor del pequeño hoyo. Inclínate sobre la tierra y coloca tu boca entre tus manos.
    Ofrécele con tus palabras a la tierra el agradecimiento del cielo a la Madre Tierra; ofrécele también el agradecimiento de tu corazón y, a través de ello, del corazón de la humanidad.

    Pronuncia las palabras:

    “Madre Tierra, yo te ofrezco mi agradecimiento con todo mi corazón, y a través de él del corazón de todos los hombres y las mujeres. Que todos los seres que llevas en tu seno protejan, nutran y bendigan todo lo que crece.”
    Acuéstate después sobre la tierra y abandónate sobre ella. Que tu cuerpo y tu alma nacidos de ella sean uno con la Madre Tierra y su oculto esplendor.

    Piensa y di:

    “Madre Tierra, elimina todas mis enfermedades y mis faltas según tu voluntad, para que pueda recibir la bendición del espíritu divino y trasmitirla a todos los seres vivientes, según tu voluntad”.
    Manténte en comunión, en silencio, mientras dejas que la tierra te purifique completamente.
    Pónte nuevamente de rodillas y coloca tus manos frente a la rosa solar del corazón.

    Piensa en tu espíritu, siente tu alma, y di con tu fuerza vital:

    A la Madre Tierra, gracias;
    al agua de la vida, gracias;
    al precioso aire, gracias;
    al fuego sagrado, gracias;
    a los minerales, gracias;
    a las plantas, gracias;
    a los animales, gracias;
    a la humanidad que camina por el sendero de la evolución, gracias;
    a todos los ángeles, gracias;
    a la inteligencia cósmica que creó mi pensamiento, gracias;
    al océano de amor que creó mi sensibilidad, gracias;
    a la vida universal que impregnó mi futuro con la semilla de la individualidad, gracias;
    a todos los seres del mundo, doy las gracias en Él, la única Fuente que unifica a todos los seres en su origen y propósito”.

    Cruza los brazos sobre tu pecho, inclina ligeramente tu cabeza, y pronuncia la palabra de cierre: “Dana-ho”
    (significa “así sea” en esenio).

    Que la paz sea contigo y con tu espíritu.

  6. jose briceño

    gracias por todo, gracias hermano

Deja un comentario

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s