Macabros rituales de magia negra en Brasil

Radiografía del estómago del niño con las agujas clavadas

 El caso de un niño de dos años de edad que la pasada semana fue víctima de un ritual de magia negra en el noreste de Brasil sacudió este país marcado por el sincretismo religioso y amenaza ahora con reforzar la intolerancia hacia las religiones afrobrasileñas, según especialistas.  Y ayer lunes se conoció un segundo nuevo caso, de otro niño atacado de la misma manera.

El padrastro del primer niño admitió haber implantado una treintena de agujas de costura en el cuerpo del menor para vengarse de su esposa, según un ritual macabro ideado por su amante y una mujer que se presentaba como ‘mãe de santo’, sacerdotisa de un culto afrobrasileño.

“Este gesto es el fruto de la estupidez, de personas que se aprovechan de la ignorancia ajena para sacarles dinero con la máscara de religiosidad”, dijo a la AFP Atila Nunes Neto, presidente de la federación brasileña de umbanda, una religión nacida de la mezcla de tradiciones africanas, el catolicismo y el espiritismo.

“En Brasil hay gente que practica la magia negra tal como en cualquier otra parte del mundo”, acotó Gisèle Cossard, de 86 años, una socióloga francesa y sacerdotisa de candomblé, una religión traída a Brasil en el siglo XVI por esclavos de la costa occidental africana.

En el que es considerado el mayor país católico del mundo, el sincretismo religioso está presente en todo momento.

Después de participar en masa de las misas de Navidad, millones de brasileños se visten de blanco el 31 de diciembre para hacer su ofrenda a Yemanjá, la diosa del mar, según el candomblé. Muchas de esas personas creen en espíritus, la reencarnación o diversas supersticiones.

Sin embargo, en los últimos 25 años se multiplicaron en Brasil las iglesias pentecostales, especialmente entre las camadas más pobres de la población. Esas iglesias “demonizan los cultos de origen africano para recuperar sus adeptos”, dijo el antropólogo José Flavio Pessoa de Barros, profesor de la Universidad de Río de Janeiro.

En Brasil, donde más de 80 millones de habitantes se definen como negros o mestizos (el 45% de la población), se encuentran en todas las grandes ciudades tiendas que venden objetos de la religiones afrobrasileñas (candomblé, umbanda y macumba). Entre esos objetos destacan inciensos, velas, adornos, estatuas o perfumes que sirven para hacer ofrendas a los ‘orishas’ (divinidades africanas) y así resolver diversos problemas personales.

En cruces de calles o caminos es habitual encontrar un plato lleno de comida acompañado por un cigarro y una botella de cachaza que un determinado orisha prefiere. Más raramente, el plato de comida está acompañado por una cabeza de cabra, que la población identifica como magia negra.

“El término ‘magia negra’ es asociado a numerosos prejuicios contra las religiones africanas. Aporta un costado negativo a esas religiones”, dijo Pessoa antes de subrayar que “el uso de agujas en el cuerpo de un niño remite a la brujería de la Europa de la Edad Media”.

Según el especialista, los ataques de pentecostales contra los ‘terreiros’ (espacios dedicados al candomblé) son cada vez más frecuentes.

El pasado 20 de septiembre, en la playa de Copacabana, unas 10.000 personas participaron de una marcha ecuménica para protestar contra la intolerancia religiosa registrada en los últimos meses contra los adeptos del candomblé y del umbanda. “Hace ya 25 años que estos ataques comenzaron. En las escuelas nuestros niños son tratados como adeptos del diablo”, lamentó un guía de candomblé, Ivanir dos Santos.

Otro menor atacado con agujas

Un segundo menor fue atacado con agujas en un supuesto ritual de magia negra, esta vez en el nororiental estado brasileño de Maranhao y a menos de una semana de conocerse el primer caso que conmocionó al país, informaron este lunes medios locales.

La nueva víctima, también de dos años de edad, fue sometida a una cirugía en la ciudad de Sao Vicente Ferrer para retirarle dos de las siete agujas que estaban incrustadas en su estómago, reportó el canal TV Record.

La policía de Maranhao sospecha que los padres del menor practicaban con él algún ritual de magia negra y las investigaciones los apuntan como sospechosos, a pesar de ellos negar su culpa en el primer interrogatorio con las autoridades.

La Justicia de ese estado decidió entregar la custodia del menor a sus abuelos paternos.

En el primer caso, ocurrido la semana pasada, un niño de dos años continúa ingresado en un hospital de Salvador, donde el domingo comenzó a alimentarse con normalidad y a respirar sin auxilio de aparatos, según el Hospital Ana Neri de Salvador, capital del nororiental del estado de Bahía.

El pasado viernes el menor fue sometido a una intervención quirúrgica en la que le fueron retiradas cuatro agujas, que estaban alojadas cerca del corazón y de los pulmones.

Los médicos han dicho que durante los próximos días deberán realizar otra operación para extraer otras agujas que se encuentran en las proximidades del abdomen, la vejiga y el aparato digestivo.

Hasta ahora, los responsables por la atención del pequeño no han podido determinar con exactitud cuántas agujas le fueron clavadas.

Inicialmente se habló de unas 50, luego de 42 y ahora se cree que fueron 31, por lo que aún tendría, por lo menos, 27 agujas dentro de su cuerpo.

El padrastro del niño, Roberto Carlos Magalhaes Lopes, confesó que le incrustó decenas de agujas de coser a su hijastro y que antes de hacerlo dormía al pequeño con vino, y reiteró que hizo todo con intención de matarlo lentamente para vengarse de su esposa.

El caso conmovió a los brasileños y, por medidas de precaución, la policía trasladó a Magalhaes Lopes desde la comisaría en que estaba recluido, en la localidad de Ibotirama, en el interior de Bahía, a un sitio “con más seguridad” que no fue revelado.

Según la policía, algunos vecinos de la comisaría habían dicho que estaban dispuestos a linchar al hombre y a dos mujeres que han sido también detenidas, la amante del sindicado y una supuesta hechicera, de quienes se sospecha que participaron en las torturas infligidas al pequeño.

Fuente: Claire de Oliveira (AFP) y Agencia Efe.

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