La constante lucha contra los malos espíritus

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En los inicios del siglo XXI, siguen existiendo muchísimas personas que sostienen y creen firmemente en la existencia de demonios y malos espíritus que atormentan y se manifiestan de multitud de maneras, incluso llegando a provocar violentas convulsiones, a través de la gente que logran poseer. Hablamos de espíritus malvados que, como ya hemos explicado en otros varios artículos referidos a esta temática, pueden apoderarse de las personas y causarles numerosas perturbaciones espirituales. Y todas estas personas que creen en su existencia tienen razón, porque nosotros mismos hemos sido testigos en muchas ocasiones de su accionar y de su influencia, y también en numerosas ocasiones los hemos sacado de la persona afectada, a través de un exorcismo de ser necesario, y siempre con la ayuda de Dios.

Según aseguran los expertos, la cantidad de exorcistas y exorcismos aumentó en la mayoría de países católicos en los últimos 10 años.  “Es un fenómeno que crece” dijo Michael Cuneo, sociólogo de la Fordham University de Estados Unidos. Según una nota de prensa, Cuneo llega incluso a referirse a una “red subterránea” de exorcistas -sólo en EEUU- que suman alrededor de 100 y de una “asombrosa variedad de exorcismos que se están llevando a cabo”. En este sentido, además de los exorcismos católico-romanos, una cantidad desconocida de ceremonias de limpieza espiritual son practicadas por curas no aprobados por la Iglesia y por ministros evangélicos y carismáticos episcopales, explicó Cuneo, que pasó dos años estudiando el tema y dijo haber presenciado más de 50 rituales de este tipo.

Entre los factores que estimulan el incremento de los exorcismos, dicen los expertos, está la creencia por parte de algunos de que el mal cada vez abunda más en el mundo. En los años 60, dijo Cuneo, “el exorcismo había desaparecido en Estados Unidos. Era un fantasma en extinción”. Y agregó que “la gente no corría a que le expulsaran los demonios”. Pero en 1973, la película ‘El exorcista’ cambió el panorama. La película (reetrenada no hace mucho tiempo) dio lugar a una ola de filmes relacionados con la posesión del demonio y el satanismo. Para mediados de los 80, hubo una proliferación de exorcismos practicados por protestantes evangélicos, dijo Cuneo.

Según algunos expertos, la gente que busca el exorcismo ya agotó los medios convencionales de aliviar un torbellino interior que los perturbó durante tiempo y, por lo general, exhiben un comportamiento violento o anormal. La Iglesia Católica Romana exige que un médico descarte la existencia de un problema médico o psicológico antes de considerar el exorcismo. Pero en muchas ocasiones no hay tiempo para recurrir a trámites previos, pues la urgencia del caso amerita también una respuesta o acción urgente.

En un exorcismo, el exorcista invoca el nombre de Cristo, bendice a la persona poseída, recita pasajes bíblicos y le ordena al espíritu del mal alejarse.  El exorcismo, en muchas ocasiones, puede provocar distintas reacciones, como llanto y gritos; otras veces la gente se tira al piso, se arranca el cabello, la ropa, regurgita, y hasta se golpea.

Rechazo al nuevo rito católico

En el Templo de la Luz Interior no somos evangélicos ni carismáticos, pero tampoco nos regimos estrictamente por las normas de la Iglesia Católica. Nuestra experiencia de años y de atender con éxito numerosos casos, nos ha llevado a la conclusión de que cuando alguien realmente tiene un ente maligno, un espíritu negativo o incluso un demonio en su interior, el recibir una terapia médica, o el ser tratado por la Medicina convencional, no le va a solucionar su problema, y acabarán necesitando recurrir al exorcismo.

En enero de 1999, el Vaticano emitió un rito católico de exorcismo actualizado por primera vez desde 1614, donde reafirmaba, esencialmente, que Satanás existe. Las nuevas reglas exigen que los exorcistas aprobados por la Iglesia consulten con la medicina moderna y descarten la posibilidad de un desorden mental o físico. Nuevas reglas, empero, con las que no están de acuerdo muchos exorcistas, ni siquiera el mismísimo exorcista oficial del Vaticano, el padre Gabrielle Amorth, quien ha manifestado públicamente en varias ocasiones que él ha seguido y seguirá usando el viejo -y para él mucho más efectivo- rito en latín que aparece en el Rituale Romanum.

Un exorcismo practicado en la Iglesia Católica Romana debe estar aprobado por un obispo y sólo una cantidad relativamente pequeña de casos investigados, en realidad, terminan en un exorcismo pleno. El Vaticano ha dado a conocer recientemente una serie de normas para tratar de frenar los ‘exorcismos no autorizados’ e insistiendo en que tales rituales deben ser practicados conforme el rito actualizado por ellos. Pero lo que al Vaticano le cuesta reconocer y aceptar es que la Iglesia Católica no tiene el monopolio del exorcismo, como enseguida explicaremos.

Qué es realmente el exorcismo

El exorcismo es un ritual por el que se pretende expulsar del interior de algo o de alguien un ente maléfico y sobrenatural que ha tomado posesión o control de un objeto físico o de un ser vivo.

Es una ceremonia en la que se intenta limpiar de energías negativas y malas influencias un lugar, a una persona o a un objeto. Generalmente se llaman demonios a las entidades negativas que intentan un control directo sobre lo poseído. Pero no siempre son demonios; en muchas ocasiones puede tratarse de entidades desencarnadas que intentan tal dominio, tales como espíritus malignos de muchas clases, o también por acciones de brujería, entre otros.

El objeto de la posesión es generalmente una persona, aunque también se han dado casos de animales, objetos e incluso lugares como casas y negocios. La posesión puede ser total, lo que sucede cuando el ente toma control de las funciones del poseído y puede moverse y hablar a través de la víctima; también puede ser parcial, por ejemplo cuando el ente utiliza al poseído para alguna actividad concreta, como los llamados íncubos o súcubos, que mantienen relaciones sexuales con la víctima mientras ésta duerme.

Presente en todas las religiones

El exorcismo está presente en la mayoría de las grandes religiones, como el Cristianismo, el Judaísmo y el Islam. Esta práctica era común en las sociedades antiguas y tenía su origen en la magia. En la antigua Babilonia, los sacerdotes rompían una imagen de arcilla o de cera que simbolizaba al diablo, con el fin de destruir al demonio real. Los griegos y los egipcios realizaban ritos similares. Muchas religiones siguen hoy practicando el exorcismo en todo el mundo, ya que, como antes decíamos, no es ni mucho menos un ritual exclusivo de la Iglesia Católica, aunque ésta pretenda monopolizarlo.

En la Biblia encontramos diversas referencias al demonio y el exorcismo. El Nuevo Testamento relata como Jesús expulsaba a los espíritus malignos a través de la oración y de su autoridad. Los sacerdotes de la Iglesia Católica necesitan un permiso especial para practicar el exorcismo, lo que no sucede en otras creencias o confesiones, ni en laicos dotados de especial carisma para llevarlo a cabo, quienes no necesitan que nadie les dé ningún permiso.

Los ritos de exorcismo, como decimos, existen en todo el mundo y su uso es común en aquellas sociedades donde se cree que los espíritus interfieren frecuentemente en los asuntos terrenales ocasionando enfermedades, mala suerte y desastres. Los exorcismos son realizados por individuos apropiadamente entrenados. Algunos psiquiatras y psicólogos occidentales realizan una especie de exorcismo en el tratamiento de pacientes que manifiestan estar poseídos por seres extraños y personalidades ajenas.

Los ritos varían desde simples invitaciones al espíritu maligno para retirarse, hasta ceremonias más elaboradas, algunas de las cuales incluyen bailes y trances donde se le pide a los dioses que ayuden a expulsar al ente ofensivo. Dichas ceremonias incluyen la oración, la producción de malos olores, el quemar incienso y el uso de sustancias sagradas tales como hierbas, agua bendita o sal.

El cristianismo asocia el exorcismo con la posesión demoniaca (que se cree es causada por Satán) y es considerado como una batalla por el alma de la víctima. En el hinduismo, budismo, islamismo, shintoismo y muchas otras religiones, se culpa constantemente a los espíritus y fantasmas por toda suerte de males y se les arroja fuera de lugares y personas.

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