La Transfiguración de Jesús

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(Véase el relato original de los evangelistas:  Mateo 17: 1-6, Marcos 9: 1-8, Lucas 9: 28-36).

Esta fiesta que los católicos celebran hoy 6 de agosto, recuerda la escena en que Jesús, en la cima del monte Tabor, se apareció vestido de gloria, hablando con Moisés y Elías ante sus tres discípulos preferidos, Pedro, Juan y Santiago. La fiesta de la Transfiguración del Señor se venía celebrando desde muy antiguo en las iglesias de Oriente y Occidente, pero el papa Calixto III, en 1457 la extendió a toda la cristiandad para conmemorar la victoria que los cristianos obtuvieron en Belgrado, sobre Mahomet II, orgulloso conquistador de Constantinopla y enemigo del cristianismo, y cuya noticia llegó a Roma el 6 de agosto.

Se celebra un momento muy especial de la vida de Jesús: cuando mostró su gloria a tres de sus apóstoles. Nos dejó un ejemplo sensible de la gloria que nos espera en el cielo. Jesús se transfiguró en el monte Tabor, que se se encuentra en la Baja Galilea, a 588 metros sobre el nivel del mar. Este acontecimiento tuvo lugar, aproximadamente, un año antes de la Pasión de Cristo. Jesús invitó a su Transfiguración a Pedro, Santiago y Juan. A ellos les dio este regalo, este don.

Ésta tuvo lugar mientras Jesús oraba, porque en la oración es cuando Dios se hace presente. Los apóstoles vieron a Jesús con un resplandor que casi no se puede describir con palabras: su rostro brillaba como el sol y sus vestidos eran resplandecientes como la luz.

Pedro quería hacer tres tiendas para quedarse ahí. No le hacía falta nada, pues estaba plenamente feliz, gozando un anticipo del cielo. Estaba en presencia de Dios, viéndolo como era auténticamente, viendo su auténtica esencia; y él hubiera querido quedarse ahí para siempre.

Los personajes que hablaban con Jesús eran Moisés y Elías. Moisés fue el que recibió la Ley de Dios en el Sinaí para el pueblo de Israel. Representa a la Ley. Elías, por su parte, es el padre de los profetas. Moisés y Elías son, por tanto, los representantes de la ley y de los profetas, respectivamente, que vienen a dar testimonio de Jesús, quien es el cumplimiento de todo lo que dicen la ley y los profetas. Precisamente, Jesús transfigurado significa amor y salvación.

Seis días antes del día de la Transfiguración, Jesús les había hablado acerca de su Pasión, Muerte y Resurrección, pero ellos no habían entendido a qué se refería. Les había dicho, también, que algunos de los apóstoles verían la gloria de Dios antes de morir. Pedro, Santiago y Juan experimentaron lo que es el Cielo.

El recuerdo de aquellos momentos junto al Señor en el Tabor fue sin duda de gran ayuda en tantas circunstancias difíciles y dolorosas de la vida de los tres discípulos. San Pedro lo recordará hasta el final de sus días. En una de sus Cartas, dirigida a los primeros cristianos para confortarlos en un momento de dura persecución, afirma que ellos, los Apóstoles, no han dado a conocer a Jesucristo siguiendo fábulas llenas de ingenio, sino porque hemos sido testigos oculares de su majestad. En efecto Él fue honrado y glorificado por Dios Padre, cuando la sublime gloria le dirigió esta voz: Éste es mi Hijo, el Amado, en quien tengo mis complacencias. Y esta voz, venida del cielo, la oímos nosotros estando con Él en el monte santo (2 Pdr 1, 16-18). El Señor, momentáneamente, dejó entrever su divinidad, y los discípulos quedaron fuera de sí, llenos de una inmensa dicha, que llevarían en su alma toda la vida. “La transfiguración les revela a un Cristo que no se descubría en la vida de cada día. Está ante ellos como Alguien en quien se cumple la Alianza Antigua, y, sobre todo, como el Hijo elegido del Eterno Padre al que es preciso prestar fe absoluta y obediencia total” (Juan Pablo II, Homilía 27-II-1983).

Después de ellos, Dios ha escogido a otros santos para que compartieran esta experiencia antes de morir: Santa Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Santa Teresita del Niño Jesús y San Pablo, entre otros. Todos ellos gozaron de gracias especiales que Dios quiso darles y su testimonio nos sirve para proporcionarnos una pequeña idea de lo maravilloso que es el Cielo. Santa Teresita, por ejemplo,  explicaba que es sentirse “como un pajarillo que contempla la luz del Sol, sin que su luz lo lastime.”

transfiguracion02Jesús había anunciado a los suyos la inminencia de su Pasión y los sufrimientos que había de padecer a manos de los judíos y de los gentiles. Y los exhortó a que le siguieran por el camino de la cruz y del sacrificio (Mt 16, 24 ss). Pocos días después de estos sucesos, que habían tenido lugar en la región de Cesarea de Filipo, quiso confortar su fe, pues, -como enseña Santo Tomás- para que una persona ande rectamente por un camino es preciso que conozca antes, de algún modo el fin al que se dirige: “Como el arquero no lanza con acierto la saeta si no mira primero al blanco al que la envía. Y esto es necesario sobre todo cuando la vía es áspera y difícil y el camino laborioso… Y por esto fue conveniente que manifestase a sus discípulos la gloria de su claridad, que es los mismo que transfigurarse, pues en esta claridad transfigurará a los suyos” (Sto. Tomás, Suma Teológica).

Nuestra vida es un camino hacia el Cielo. Pero es una vía que pasa a través de la Cruz y del sacrificio. Hasta el último momento habremos de luchar contra corriente, y es posible que también llegue a nosotros la tentación de querer hacer compatible la entrega que nos pide el Señor con una vida fácil, como la de tantos que viven con el pensamiento puesto exclusivamente en las cosas materiales… “¡Pero no es así! El cristianismo no puede dispensarse de la cruz: la vida cristiana no es posible sin el peso fuerte y grande del deber… si tratásemos de quitarle ésto a nuestra vida, nos crearíamos ilusiones y debilitaríamos el cristianismo; lo habríamos transformado en una interpretación muelle y cómoda de la vida” (Pablo VI, Alocución 8-IV-1966).

Los discípulos quedarían profundamente desconcertados al presenciar los hechos de la Pasión. Por eso, el Señor condujo a tres de ellos, precisamente a los que debían acompañarle en su agonía de Getsemaní, a la cima del monte Tabor para que contemplaran su gloria. Allí se mostró “en la claridad soberana que quiso fuese visible para estos tres hombres, reflejando lo espiritual de una manera adecuada a la naturaleza humana. Pues, rodeados todavía de la carne mortal, era imposible que pudieran ver ni contemplar aquella inefable e inaccesible visión de la misma divinidad, que está reservada en la vida eterna para los limpios de corazón” (San León Magno, Homilía sobre la transfiguración).

También a nosotros quiere el Señor confortarnos con la esperanza del Cielo que nos aguarda, especialmente si alguna vez el camino se hace costoso y asoma el desaliento. Pensar en lo que nos aguarda nos ayudará a ser fuertes y a perseverar.  Si nos mantenemos siempre cerca de Jesús, nada nos hará verdaderamente daño:  ni la ruina económica, ni la cárcel, ni la enfermedad grave…, mucho menos las pequeñas contradicciones diarias que tienden a quitarnos la paz si no estamos alerta. El mismo San Pedro lo recordaba a los primeros cristianos: “¿Quién os hará daño, si no pensáis más que en obrar bien? Pero si sucede que padecéis algo por amor a la justicia, sois bienaventurados” (1Pdr 3, 13-14).

Fuentes: los Santos Evangelios; libro “Hablar con Dios”, de Francisco Fernández-Carvajal; http://www.iglesia.org; es.catholic.net;  http://www.aciprensa.com, y datos propios del autor.

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2 Respuestas a “La Transfiguración de Jesús

  1. PORQUE AL CARGAR CON TODOS LOS PECADOS DEL MUNDO LOS ABSORVIO, AUTOMÁTICAMENTE DIOS EL PADRE LO ABANDONA, PORQUE EL PECADO ESO ES LO QUE CAUSA, UNA SEPARACIÓN CON DIOS, A PARTIR DE AHI NO VUELVE A DECIR LA PALABRA “PADRE”, LA CONSECUENCIA DEL PECADO ES LA SEPARACION DEL PECADO, NO DEL PECADOR, JESÚS EXPERIMENTA LA SOLEDAD MAS GRANDE DEL PECADO, NO TIENE NINGUN PUNTO DE APOYO, NI DEL CIELO, NI DE LA TIERRA, NI DE UN LADO NI DEL OTRO, CUANTAS VECES LO HEMOS DEJADO SOLO, VEMOS COMO EN SEMANA SANTA MUCHA GENTE SE VA DE VACACIONES Y LO DEJAMOS SOLO, QUIEN SE SEPARA DE LA PASIÓN, NO EXPERIMENTA LA RESURRECCIÓN, NADIE VA AL PADRE, SI NO ES POR EL HIJO, ABRAZEMOS LA CRUZ DE CRISTO EN ESTA SEMANA SANTA, HÁGAMOS NUESTRO SACRAMENTO DE RECONCILIACIÓN Y COMULGUEMOS, TENEMOS TODO PARA HACERLO, RECONOZCAMOS QUE SOMOS PECADORES Y AMEMOS A JESUS ETERNAMENTE, ASI COMO ÉL NOS AMO A NOSOTROS…EN ESTA SEMANA SANTA NO LO DEJEMOS SOLITO, VAYAMOS AL SANTISIMO SACRAMENTO Y ACOMPAÑEMOS A NUESTRA MADRE DEL CIELO “MARIA” Y DIGAMOSLE MUCHO CUANTO LA QUEREMOS Y QUE NOSOTROS TAMBIEN AMAMOS A JESÚS, ELLA ESTARÁ CONTENTA DE OIRNOSLO DECIR…

  2. DIOS ES MI BIENESTAR

    tu eres el camino la verdad y la vida y para llegar a ti tenemos q ser bueno como tu mi señor pero bueno en amor oracion y transfiguracion porque es renovarse lleno de amor pero llevar nuestra cruz con amor eso para poder compartir contigo el reino de los cielos es llevar nuestros sacrificios con valor y dar gracias todos los dias para sentirte con ese amor q tu nos das para enfrentar la vida con sus altos y bajos el q no este serquita de ti mi señor sentira el hambre la ruina la desesperanza porque solo tu mi DIOS eres y seras por siempre mi fortalez y bienestar
    GRACIA SEÑOR GRACIAS que se haga tu voluntad y no la mia TE AMO

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